Un oficio duro y gratificante

La profesión de pastor es muy sacrificada y, en la mayoría de ocasiones resulta ser una labor muy solitaria, pero que aumenta de forma considerable en los últimos años en la provincia jiennense

21 abr 2019 / 20:30 H.

Un oficio tan duro como antiguo. La labor de los pastores es sacrificada. Se enfrentan a periodos con ingentes cantidades de trabajo, sin horario, sin vacaciones, sin la posibilidad de tener sustitutos y, por si fuera poco, en muchas ocasiones es una profesión muy solitaria, en la que, por una serie de dificultades, es complicado lograr que tu familia te acompañe.

Sin embargo, es un gremio que cada día lucha más por fortalecerse y está en pleno proceso de cambio para unirse y lograr los objetivos comunes que creen son necesarios para ellos. El principal motivo, es necesario para que esta profesión siga creciendo y consigue ser mejor vista por parte de la sociedad. Porque si hay algo cierto, es que hasta no hace mucho tiempo, este no era un gremio que contase con todo el respeto del mundo, algo que cambia y que permite que cada vez nuevas generaciones entren a formar parte de este oficio que, aunque muchas veces no se recuerde, es tan necesario.

Así lo apunta Antonio Punzano, pastor y representante del sector ovino en COAG nacional.

“La percepción ha cambiado ya. El ganadero ya se ve con otros ojos. Yo recuerdo que antes el ganadero parecía que era el tonto del pueblo y que no servía para hacer otra cosa. Por suerte eso ha cambiado. En parte era por nuestra culpa. Los ganaderos no se habían preocupado hasta ahora en formar parte del sector”, señala Punzano.

Porque, aunque la gente no se pare a pensarlo, esta labor no tiene horario, ni horas de entrada ni de salida. Es un trabajo pensando las 24 horas en los animales y en cuidarlos para que todo salga bien. No importan las inclemencias meteorológicas, tampoco la soledad. Los pastores saben que su trabajo es duro. “la vida del pastor es complicada, sobre todo en la zona oriental y en sitios de esta provincia porque somos en su mayoría trashumantes. Dejamos a las familias en nuestros pueblos y lugares de origen y venimos a Sierra Morena seis meses al año. Y bueno, estas todo el día cuidando al ganado, incluso de noche en época de paridera para controlarlo todo. Además de ser difícil es muy sacrificado”, explica.

Pero no todo es malo en este oficio, porque aunque sea complicado, existe un a razón que repercute de manera positiva en todo; el amor por el trabajo, la naturaleza y los animales. “Al final el pastor está enamorado de su trabajo, de las ovejas. Hay muchos más contras, pero al final lo vas superando”, añade.

Sin duda, uno de los puntos más graves que enfrentan los pastores en la actualidad no tiene nada que ver con su propio trabajo, si no con un factor externo. Son muchas las trabas burocráticas a las que se ven sumados de forma colateral, lo que implica un esfuerzo extra que, en ocasiones, hace complicado continuar con sus labores.

“La burocracia nos come. Hay mucha gente que se quiere incorporar al sector, pero hay tantas trabas, que se lo ponen imposible. Tenemos que estar más pendiente de la carpeta de los papeles que de los animales, cuando debería de ser justo al contrario, sostiene el pastor Emilio de la Cruz. Este es un asunto que preocupa mucho al sector ahora porque si siguen estos problemas externos los jóvenes no se incorporarán al oficio y, a su vez, la labor de los ganaderos va desapareciendo porque los que están se van jubilando y lo dejan.

“Se está avisando, que va a pasar, que no hay relevo, que hay jóvenes que se quieren incorporar, pues facilitemos las cosas. Pero si están así hay que asumirlo. Al final se van a buscar soluciones porque sino la tierra se va a quedar sin ganado”, explica De la Cruz.

A esta idea se suma también un joven pastor, que aunque ha vivido muy de cerca este oficio desde chico por su familia, lleva solo un año con sus propios animales y, tal y como afirma, cree que esta es la mayor dificultad que enfrentan. Tiene 25 años y lleva desde los 16 ayudando en su familia a criar a las ovejas. Ahora, tiene el suyo propio y asegura que la parte más difícil es atender su verdadero trabajo cuando tiene problemas con los papeles.

“Te ponen muchas trabas para incorporarte entonces el futuro lo veo difícil. Si tienes ganas al final te las quitan. El tema del papeleo al final es otro problema que se suma. Para cualquier cosa piden muchas cosas y si tienes que atender a los animales ya no puedes estar con ellos”, explica el joven pastor.

Pero no todo son cosas malas en este oficio. Bien es cierto que existen trabas burocráticas y que es un trabajo sacrificado, pero todos ellos coinciden en una cosa: su amor por este trabajo, por la naturaleza y por los animales es suficiente para que los problemas se disipen y sigan disfrutando de sus labores.

“Los más bonito es cuando están los animales pariendo y los borreguillos nacen eso es lo mejor. Ayudar a dar a luz es lo más bonito que tiene este trabajo”, sostiene Martín Jiménez, cuando explica las razones por las que le gusta tanto su trabajo y cuál es la recompensa real.

Pero no es el único que piensa así, aunque pastores como Emilio de la Cruz añaden otros motivos que ayudan a hacer más dulce su día a día y encontrar los mejores motivos para ir con sus ovejas hasta el fin del mundo si fuese necesario. “Anécdotas hay muchísimas, pero la que se te queda es una. Cuando estás ahí arriba en la Sierra y se adelanta algún temporal de nieve y nos agarra con el ganado en la sierra. Es algo duro de contar, pero el compañerismo que surge para rescatar a los animales es muy grande. No estaría de más recordar que la gente de campo cuando hay un problema tan grande no escatimamos esfuerzo en ayudarnos los unos a los otros. Luego podemos tener nuestras diferencias, como todo el mundo en el trabajo, pero a la hora de unirnos porque hay un problema, la verdad es que da gusto”, explica.

Tampoco es el único motivo que encuentra para dedicar su vida a esta profesión en la que no existen horas de entrada y salida ni las vacaciones son algo que esté asegurado. De hecho, aunque su pequeña tiene tan solo cuatro años, asegura que incluso ella empieza a apuntar maneras porque, en su caso, cuando se va a Sierra Morena se lleva a su familia consigo. “En mi caso mi mujer y mi hija si se vienen conmigo al trabajo. Pero hay un hándicap porque hay que cambiar la escuela, adaptarse aquí y son unos cambios que las criaturas pues las sienten. Yo ya estoy adaptado a eso, he estado años solos, pero completamente solo en Sierra Morena y es duro. Claro. Esta profesión es vocacional”, asegura.

Algo que, en su caso, es totalmente cierto, puesto que podría haber elegido un oficio que quizás fuese menos duro o al menos tuviese un horario claro, ya que es técnico especialista en informática, pero la sangre y la tradición familiar de tres generaciones, al menos, fue más fuerte y el motivo para seguir siendo pastor. “Miro las posibilidades de trabajo y las comparo y al final me gusta esto más. Yo la vida que querría para mi hija no es estar todo el día delante de un ordenador en una habitación de dos metros cuadrados. Hay gente que lo prefiere, pero yo soy un poco más rebelde”, añade.

Ser pastor no es algo fácil de decidir, es dura y sacrificada, pero quienes se dedican a esto, y a pesar de los problemas, al final solo encuentran buenas razones para dedicarse a esto con el sudor de su frente y de todo su esfuerzo.