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URGENTE

Un esfuerzo recompensado

Tiene 24 años y las ideas muy claras. María Rayo aterrizó hace unos meses en Bratislava, Eslovaquia, gracias a una oportunidad laboral. Una linarense dispuesta a aprovechar la oportunidad que con tanto esfuerzo ha conseguido
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09/06/2019

La aventura de su vida. María Rayo García nació entre minas, y aunque las lleva en el corazón, esta linarense de 24 años, aventurera desde la cuna, se encuentra viviendo la que se puede considerar la “gran hazaña de su vida”, al menos por el momento. Desde hace unos meses está instalada en Bratislava, la capital de Eslovaquia. Allí, trabaja en la compañía Bell, en la que se encarga de verificar las ventas que se producen en el mercado español e italiano.

Hasta aterrizar en su actual hogar, esta joven exploró distintas vías. Una vez acabada la carrera de derecho, y tras un año de Erasmus en Italia donde se hizo con el idioma de los vecinos del mediterráneo, así como de completar un máster, comenzó a buscar trabajo, y en vistas de que las expectativas no eran muy buenas en España, decidió probar suerte en Inglaterra. Allí vivió unos meses, pero las metas que se había marcado tampoco llegaban a buen puerto. ¿Solución? Decidió volver a su tierra. Una vez de vuelta, empezó a explorar nuevas vías entre las que estaba Eslovaquia. Cuando desde la empresa Bell se interesaron por ella no lo dudó y decidió intentarlo, eso sí, en la maleta “incluyó a su chico”, Daniel Priego, que actualmente trabaja para otro departamento en la misma empresa, donde asegura que tienen “una gran ayuda”. “Tenemos gimnasio dentro de las oficinas y puedo trabajar desde casa algunos días, la verdad es que estoy muy contenta”, dice Rayo.

Así fue como terminaron aterrizando en un país completamente diferente y en una cultura que poco tiene que ver la jiennense. Instalada desde el mes de febrero, resume su estancia: “Estamos muy cómodos los dos, tenemos una buena calidad de vida y un salario que nos permite vivir bien y viajar, que es una de nuestras grandes pasiones”. Lejos de tópicos, en los que Rayo temió por que sus nuevos compañeros “no entendieran el carácter jiennense o fueran mucho más fríos que los andaluces”, la acogida que le han brindado no podría ser más positiva. “Me tratan genial, desde que llegué me han ayudado en todo y me siento una más, además y aunque son diferentes a nosotros, el carácter de los eslovacos es bastante abierto y son gente muy amable y sumamente educada”, asegura esta joven linarense, para la que ha sido “fácil” instalarse en el país, siempre formando un buen equipo con su pareja. Por contra, sí reconoce que estar alejada de los suyos es lo que “peor lleva”. También se acuerda de la gastronomía, que para eso viene de una tierra verde que produce tan buenos productos y, especialmente, echa de menos el calor de España. “En invierno, en Eslovaquia nieva todos los días, aunque ahora llevamos unas jornadas de buen tiempo, las temperaturas son bastante más duras”, asegura. Para arreglar la distancia, ambos esperan poder visitar Linares el próximo mes de agosto. “Tenemos muchas ganas de ir para poder disfrutar de nuestra familia, amigos y de la playa por unos días”, cuenta María Rayo. Mientras tanto, esperan la visita de algunos de ellos, como su madre, algunos amigos y su propia hermana, Natalia Rayo, que se encuentra también cursando un Erasmus en Budapest, ya que la aventura es algo ligado a los genes de estas hermanas.

Por tanto, todo apunta a que María Rayo y Daniel Priego pasarán un largo tiempo en Bratislava, donde por ahora están consiguiendo todo lo que un día soñaron. Además, la linarense “recomienda” a todos los jóvenes que se encuentren en la misma situación por la que ella pasó hace un año, que “no lo duden e intenten buscar una oportunidad fuera”. “Se trata además de una gran experiencia personal que te cambia la vida”, expone contundente. Porque al final, la vida es solo una y María Rayo lo tiene claro, está dispuesta a disfrutar cada oportunidad.

Casi como en casa

Bratislava, capital de Eslovaquia, se extiende a lo largo del río Danubio cerca de la frontera con Austria y Hungría. La ciudad está considerada como el centro histórico cultural de Eslovaquia, influenciada por varios grupos étnicos, incluyendo alemanes, eslovacos, húngaros y judíos.​ ¿Conclusión? Poco parecida a la cultura española y jiennense. Sin embargo, María Rayo destaca “la amabilidad y educación de sus gentes”, que en estos meses, “la han hecho sentirse como en casa”. Además, los escasos días en los que las temperaturas aprietan un poco el mercurio, sus vecinos “no dudan en echarse a las calles, que se llenan de ambiente y alegría”. “Al principio sí que tenía ciertas reiticencias sobre la cultura y el carácter de los eslovacos, pero en el momento que llegué se esfumaron todas mis preocupaciones y la verdad es que me hacen sentir muy bien y me han ayudado en todo”, asegura la joven de Linares.

Una gran aventura

María Raya puede contar que, con tan solo 24 años, ha residido en tres países distintos además del suyo. Tras estar un año de Erasmus en Italia y algunos meses en Inglaterra, decidió optar por Bratislava tras barajar varias ofertas laborales. Su espíritu aventurero y sus ganas de labrarse un futuro prometedor la han llevado a conocer varias culturas. Y, ella, lo tiene claro: “Son experiencias que hay que vivir, yo lo recomiendo a todos mis amigos y conocidos, se trata de una formación que ayuda en lo profesional y lo personal, por lo que todos aquellos jóvenes que no tengan claro que quieren hacer que no tengan miedo en intentarlo, aunque tenga que dejar su tierra a un lado”. Y parece que su influencia está surgiendo efecto, puesto que su hermana, Natalia Rayo, sigue sus pasos y en la actualidad se encuentra cursando un Erasmus en Budapest.

Una amplia formación y muchas ganas que sirven como trampolín a cualquier lugar
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Sin miedo a los retos. Así se muestran muchos jóvenes jiennenses como María Rayo, que tras terminar su formación, un grado en derecho y un máster, quiso buscar trabajo en su país. Tras varios intentos fallidos, decidió probar suerte en otros lugares y emprendió un viaje a Inglaterra. Allí, ejerció como camarera, trabajadora en un hotel, entre otras labores, con el objetivo de poder ascender con el tiempo y encontrar un empleo en relación con su cualificación. Con el paso de los meses y tras ver que los objetivos que se había marcado no se cumplían, Rayo no cesó en su empeño y volvió a España, pero con la mirada puesta en nuevos destinos. Al final, consiguió la oportunidad en Eslovaquia, donde su pareja tenía varios conocidos tras cursar allí un año como estudiante de Erasmus. Fue en este lugar donde encontró la oportunidad que tanto ansiaba por lo que no dudó un momento y decidió aprovecharla. Así llegó en el mes de febrero a un país muy distinto al suyo, pero que ha sabido valorar sus ganas y talento y donde actualmente se encuentra “muy satisfecha”.

uN AMOR QUE MUEVE MONTAÑAS O LAS BUSCA
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María Rayo comenzó su aventura en Bratislava con su pareja, Daniel Priego, con el que comparte su vida diaria en el país. Asimismo, ambos han compartido distintas aventuras en otros países. Juntos, conforman un gran equipo con el que se dan apoyo mutuo a miles de kilómetros de casa, su querido Linares.

Un gran equipo con muy buen resultado
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La joven linarense confiesa tener “mucha suerte” con sus compañeros de trabajo, los cuales la han acogido como a una más y la ayudan en todo lo que necesita. En la imagen aparecen muchos de ellos, son un equipo en lo profesional, pero también en lo personal, ya que se apoyan en el día a día.

Una familia unida a pesar de la distancia
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El espíritu aventurero de María Rayo la llevó a realizar su “primer gran viaje” durante sus años de universitaria, cuando decidió optar por cursar un máster en Italia. Hasta allí se trasladó parte de su familia —su madre, abuela y hermana— para que, a pesar de los kilómetros, tuviera claro que ellas siempre están cerca.

Otra familia, la que se escoge en el camino
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Otro apoyo fundamental para Rayo es su grupo de amigas, las que están ahí en los buenos y no tan alegres momentos. Ellas, a las que conoció en su Linares natal, son un elemento esencial de fuerza. “Estoy deseando volver a Linares para poder pasar tiempo con mis amigas”, reconoce.