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lunes, 19 agosto 2019
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URGENTE

“Un trabajo permite a los jóvenes salir de la marginación”

Domingo Perez
Es párroco de San Andrés, en Baeza, y presidente de Mensajeros de la Paz en Andalucía, además de director de Cáritas, entre otras ocupaciones. Muchos frentes que consigue salvar gracias a la colaboración de sus feligreses

La vocación sacerdotal le llegó, por así decirlo, como la conversión de San Pablo. El santo recibió el fogonazo de una luz cegadora que lo derribó del caballo, y Domingo Pérez, que es natural de Alcalá la Real, decidió meterse a cura a raíz de que un tío suyo, que era párroco en Jamilena, falleciese en un accidente de tráfico en 1969. Su tío era el único hermano que tenía su padre y Domingo tuvo una estrecha vinculación con él. Antes no sintió ningún interés por el sacerdocio, pero ese hecho lo llevó a ingresar en el Seminario Diocesano de Jaén cuando estaba en cuarto de Bachiller. Luego estudió Teología, seis años, en la facultad que tienen los jesuitas en la Cartuja de Granada. El 17 de agosto de 1980, el entonces obispo de Jaén, Miguel Peinado, lo ordenó sacerdote en Santa María la Mayor de Alcalá la Real. Su primer destino como cura párroco fue en Santiago de la Espada. En 1989, el obispo de Jaén Santiago García Aracil lo trasladó a Rus y El Mármol, donde estuvo 12 años. Desde 2001, Domingo Pérez es párroco de San Andrés Apóstol de Baeza y consiliario de las cofradías, director de Cáritas del municipio, consejero de Cáritas Diocesana y presidente de Mensajeros de la Paz para la infancia. Su relación con los feligreses es familiar.

—¿Qué es Mensajeros de la Paz?

—Atendemos a los menores hasta los 18 años que tienen graves problemas familiares o están en situación de riesgo social, por casos como malos tratos, abusos sexuales, abandono. Mensajeros de la Paz la fundó el Padre Ángel en 1962, con la fórmula de hogares familiares para sacar a los niños de los hospicios y orfanatos. Él fue el iniciador de esta historia en Asturias y a Andalucía llegó en 1972. Nosotros llevamos las casa-familia y los menores viven con educadores que les dan apoyo escolar en un ambiente normalizado, para intentar superar los traumas que viven en sus casas.

—¿Cuantas casas familiares tienen en la provincia de Jaén?

—Una en Andújar y tres en Jaén. Teníamos otra en Alcalá la Real, pero por falta de presupuesto a consecuencia de los recortes la tuvimos que cerrar. Solo funcionamos con cuatro.

—¿Los colegios a los que se refiere son los que están más próximos a vuestros hogares?

—Sí, porque la normalización pasa también por integrarse en el barrio. Los chiquillos tienen relación con los vecinos, con los amigos del colegio... Se trata de que salgan de la situación en que se encontraban antes. Son críos que, según los casos, pueden pasar a adopción o permanecer en nuestros hogares y cuando cumplen 18 años se les ofrece trabajo y una salida profesional. Se les forma en un oficio. Muchos de ellos encuentran trabajo de auxiliar de clínica para atender a los ancianos en las residencias que Mensajeros de la Paz gestiona, o como limpiadoras o en oficinas. En Jaén tenemos Altos de Jontoya y también hay otras dos, en Porcuna y en Rus. Contar con un trabajo les permite salir de la marginación.

—¿El número de casos de niños de hogares traumatizantes se mantiene en una media o varía considerablemente de un año para otro?

—Hubo una temporada que llegaron muchos críos de los que cruzan el Estrecho en pateras y vienen solos. Por el hecho de ser menores, tienen derecho a ser acogidos en centros de la Junta de Andalucía.

—¿Dispone de tiempo suficiente para atender tanto trabajo? ¿Cómo se las apaña?

—Mensajeros de la Paz, de la que yo soy presidente en Andalucía, tiene una estructura que dispone de una junta directiva y en cada provincia tenemos un director. También hay un director general. En los últimos años compagino bastante mi tiempo, sobre todo en la parroquia. Pero en todas las parroquias que he estado siempre he tenido la comprensión de los feligreses a los que he atendido pastoralmente, porque ellos saben que me dedico también a Mensajeros de la Paz. Eso me permite seguir siendo cura y, al mismo tiempo, dedicarme a trabajar con la infancia marginada de Andalucía.

—¿Desde cuándo está en Mensajeros de la Paz?

—Desde 1974, cuando llegué a Granada. Me fui incorporando paulatinamente a medida que fui conociendo lo que hacían. Allí había un piso de niños y yo les daba apoyo escolar o los sacaba de paseo o hacíamos distintas actividades. Luego conocí al Padre Ángel y me quedé en este tema hasta hoy. Siempre he contado con la complicidad de los obispos para hacer compatible la parroquia con Mensajeros de la Paz.

—Ha comentado a grandes rasgos la estructura. ¿Pero cómo está estructurada Mensajeros de la Paz en Andalucía?

—En todas las provincias tenemos presencia, salvo en Cádiz y Córdoba. Son 22 casas las que hay y en cada una existe un grupo de educadores que atienden a los niños en todo tipo de necesidades, tanto materiales como alimentos y vestuario, como académicas, sanitarias o de relación con la familia. En cada provincia hay un director que coordina los hogares y está, a su vez, coordinado con el director general, que se llama Héctor.

—¿Cree que la gente es hoy más solidaria o menos que antes de la crisis económica?

—Mi posición es privilegiada para poder constatarlo y la gente es muy solidaria. Y en estos años de crisis lo es más todavía, bien a través de nuestra asociación o a través de Cáritas. La gente está siempre a la expectativa y colaborando económicamente o en especie. Ese apoyo nos permite salir adelante pese a los recortes. Los propios educadores que tenemos son muy solidarios y tienen una actitud muy generosa con los menores.

—¿Son voluntarios o contratados?

—Los tenemos contratados, pero hay equipos de trabajo en los que no vale solo lo profesional. Yo diría que tienen mucho de vocacional. Son gente generosa que comparte su vida con los menores, los promocionan en todos los sentidos y atienden sus necesidades.

—¿Hacen un seguimiento a los jóvenes que cumplen 18 años?

—Claro. Muchos de ellos siguen en contacto con los educadores que han hecho de padres y madres de esos niños durante varios años. Siguen en contacto e, incluso, en algún momento dado los hemos tenido que seguir apoyando económicamente o buscándole trabajo y tal. Otros vuelan y desaparecen. También los hay que regresan con su propia familia. Son tantos años que muchos de ellos ya han contraído matrimonio y hemos asistido a las bodas y a los bautizos. Los vínculos con algunos de ellos son muy cercanos.

—¿Que proyectos tiene Mensajeros de la Paz a corto, medio o largo plazo?

—Ahora no podemos hacer proyectos, sino mantener lo que tenemos. Dependemos, en un porcentaje importante, de la Junta de Andalucía, ya que somos colaboradores suyos. De cara al próximo año, no sabemos la decisión que va a tomar la Junta de Andalucía. Suponemos que van a seguir promocionando este tema. Ellos tienen una opción bastante clara que es promocionar el acogimiento familiar, para que los chiquillos, desde los 6 años, estén con un matrimonio en familia. Pero parece que no encuentran suficientes matrimonios y seguimos teniendo algunos críos nosotros.

—¿A qué se debe que no haya suficientes matrimonios para el acogimiento familiar?

—Parece ser que los matrimonios prefieren adoptar niños pequeñitos, pero hay menos niños que familias. Cuando son de 8 o 10 años y podrían ser adoptados, las familias no quieren arriesgarse con esa edad.

—¿Mensajeros de la Paz tiene necesidades de voluntariado?

—Tenemos gente que colabora con nosotros tanto en apoyo escolar como en actividades extraescolares en las que necesitamos voluntarios.

—Pero solo en esos dos aspectos.

—Sí. Al ser críos tutelados tenemos un gran control de las instituciones públicas. Los niños no son nuestros, sino que los cuidamos y educamos, pero no disponemos de ellos.

Un ángel en la tierra de la marginación

Ángel García Rodríguez, más conocido como Padre Ángel, es un sacerdote nacido en 1937 en La Rebollada (Mieres, Asturias), fundador y presidente de la ONG Mensajeros de la Paz, galardonada con el premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1994. La asociación fue fundada en Asturias en el año 1962. En la actualidad gestiona cerca de un centenar de residencias de mayores en España. Cuenta con programas sociales y áreas de formación para infancia, mujer, mayores e inmigrantes.

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