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URGENTE

“Las familias de Begíjar nos tienen mucho cariño”

Manuel López
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06/01/2019
Empezó a trabajar cuando tenía unos diez años en el bar junto a su padre, de quien aprendió el oficio. Tras cincuenta años como gerente del Restaurante Capri junto a su hermano, espera el relevo de sus hijos

Las bodas de oro nunca tuvieron mejor sabor, pues estas vienen acompañadas del nombre Restaurante Capri, un negocio familiar que tiene un rinconcito especial en el corazón de los vecinos de Begíjar. Así, Manuel López Quesada y su hermano Juan fueron los encargados de continuar el legado que sus padres, Manuel López y Águeda Quesada, les dejaron. Hoy día, son ya cincuenta los años que el “Capri” lleva abierto en el municipio jiennense gracias a la buena labor de estos hermanos. Eso sí, destacan que en ningún momento estuvieron solos. En sus inicios, sus seis hermanos mayores estuvieron con ellos y, guiados por la mano de su padre, continuaron un viaje que les llevó a ser los próximos gerentes del negocio. Después, fueron sus esposas, Manola Jódar Gila y Rosa Lozano Pozo —parejas de Manuel y Juan respectivamete—, las que arrimaron el hombro durante muchos años para apoyar a sus maridos y, juntos, crear un futuro más que prometedor para el restaurante. Y, actualmente, son los hijos de ambos, Águeda y Juani (por parte de Manuel y Manola) y Águeda y Manuel (por parte de Juan y Rosa) los que hacen que los próximos cincuenta años del Restaurante Capri sean aún más brillantes en los ojos de sus padres.

—50 años abiertos, ¿cómo fueron los inicios del Restaurante Capri?

Manuel: —Empezó la Semana Santa del año 1968. Lo abrimos porque o buscábamos trabajo de alguna manera o emigrábamos a Barcelona. Yo tenía unos 10 años, quizás algo menos, y era el penúltimo de ocho hermanos, el menor es Juan. Nosotros habíamos sido siempre panaderos, pero la cosa estaba muy mal y teníamos que buscar una solución. Ahí surgieron dos ideas: irnos a Barcelona a trabajar o, lo que hicimos, montar un bar. No teníamos mucho dinero para montarlo, así que el director por entonces de Caja Sur le concedió a mi padre un préstamo y arrancamos por ahí. El bar lo abrió, así, mi padre, pero empezamos desde muy pequeño a trabajar con él. En aquel momento iba solo a la escuela por la mañana y, cuando podía, a la una de la tarde ya estaba entrando en el bar. Mis padres eran Manuel López y Águeda Quesada, aunque ella murió a los cuatro años de abrir el bar.

—¿Cómo habéis conseguido mantener el bar abierto durante todos estos años y a pesar de la crisis?

Manuel: —La gente ha sido muy fiel con nosotros. Este es un negocio familiar que ha estado muy volcado con el pueblo por el orgullo de nuestros padres. Juan y yo, los dos más pequeños, fuimos quienes nos quedamos con el bar y hemos conseguido mantener lo que mi padre nos dejó, pero nosotros le dimos seguimiento. Montamos un restaurante aparte, así como un salón de bodas.

—¿Por qué cree que la gente de Begíjar sigue volviendo a su casa?

Manuel: —Por la calidad que le prestamos al producto, que son todos elaborados caseros. Siempre usamos los ingredientes más naturales posibles y de temporada, como las alcachofas, la carne de los dos cabreros que tenemos... También procuramos tener un buen marisco, el cual cuidamos mucho y cocemos nosotros mismos, dándole el punto justo. Tenemos varios productos con los que hemos sido fieles y los hemos mantenidos todos estos años.

— ¿Qué significa el Restaurante Capri para Begíjar?

Juan: —Es uno de los bares-restaurantes más grandes que tiene el pueblo. Y, al ser un negocio que lleva muchos años abierto, las familias de Begíjar nos tienen mucho cariño.

—En estos 50 años, imagino que la carta habrá variado, ¿recuerda cuál era el plato estrella de entonces? ¿Es muy diferente al de ahora?

Manuel: —El plato estrella era el tema de la berenjena y el bacalao rebozado que era una receta de mi abuela. En aquellos primeros años, el “Capri” era más de tapeo y de embutidos caseros, como los chorizos que hacíamos de nuestras matanzas. Hoy día ha cambiado bastante. El bacalao que se sirve es distinto, lo hacemos frito, le ponemos un huevo en el centro y luego le pegamos un toque de horno. Hacemos varios tipos de bacalao. Otros platos que tocábamos al principio, como la salazón de la sardina, arregladas y echadas en aceite, si lo hemos mantenido tal cual. De vez en cuando recuperamos algunos de los platos antiguos, como las berenjenas en temporada. Y el bacalao rebozado volveremos a hacerlo.

—Desde sus inicios, ha cambiado mucho la gastronomía, ¿cómo es la de ahora comparada con la que existía en 1968?

Manuel: —La gastronomía ahora está muchísimo mejor terminada y se hace con más mimo. Ahora, los platos se presentan mejor y los hacemos más elaborados, porque les prestamos mucha más atención. Antes íbamos más a la “buena Miguel” en todos los sentidos y en la comida pasaba igual. Aquí, en el Restaurante Capri, también hemos pasado de tener una comida muy tradicional a darle toques de vanguardia. Cambiamos también cuando nos trasladamos a los cinco años de abrir el bar y nos fuimos a otro local en la misma calle en el año 73. Por la noche hicimos la mudanza y, al día siguiente, abrimos. Mantuvimos la decoración primera hasta el 92, cuando hicimos una reforma y, desde entonces hasta hace unos 4 años, pusimos un toque más moderno, con colores blancos y grises, mucha iluminación... Nos hemos adaptado a los nuevos tiempos.

— ¿Por qué hicieron ese traslado tan solo cuatro años después de abrir el bar?

Manuel: —Por falta de espacio. Nos encontramos con que se nos desbordaba el bar. Nos podíamos defender solo en verano, cuando poníamos en la terraza 30 mesas y llenábamos toda la calle. Pero en invierno nos veíamos sin espacio. Es que el “Capri” ha tenido éxito desde el primer momento que abrimos.

— Es un bar de alma familiar, ¿le gustaría que la gerencia fuera continuada por sus hijos?

Juan: —Por supuesto. De hecho, ya están interesados en seguir nuestros pasos. Nuestros hijos han aprendido el oficio con nosotros en el restaurante y ahora se van a poner al frente del negocio. Mi hermano y yo nunca nos hemos visto solos, porque siempre han estado dándonos apoyo.

— ¿Qué significa comer bien para dos profesionales de la hostelería como ustedes?

Juan: —Comer bien es la calidad que ponemos en cada plato aquí. Viene mucha gente de fuera a comer a nuestra casa, hasta gente de Jaén capital y muchos de Madrid, que cada vez que vienen nos llaman por teléfono para saber si hay mesas libres. Vienen tanto que hasta tienen la confianza con nosotros para llamarnos de tú a tú. Además, entre nuestros clientes, aquí estuvieron, hace tiempo, Juan Navarro, Chiquito de la Calzada; que vinieron una vez a hacer una actuación en el pueblo. También vino una vez el humorista Manuel Sarriá. Vamos que aquí han venido muchos humoristas.

— ¿Cuál fue el momento más importante para vosotros en el Restaurante Capri?

Manuel: —El momento más importante es complicado de escoger, pero creo que destacaría que, con la última reforma que hicimos, tras abrir, nos dimos cuenta de que los más importante era nuestro bar. Desde él es donde recibimos a la gente y le damos salida al restaurante y el salón. Por eso, creo que lo más importante fue la apertura del bar tras la última reforma.

— ¿Creen que ahora hay menos personas que se interesen por trabajar en la hostelería en Begíjar?

Juan: —Aquí, en el pueblo, no se interesa mucha gente por trabajar en el sector de la hostelería. Nosotros tenemos mucha plantilla, pero para emprender no. Creo que la gente se acomoda y que no quiere complicarse.

— ¿Tienen algún proyecto para celebrar estos 50 años en Begíjar?

Juan: —Queremos hacer una invitación para todo el pueblo por nuestro aniversario. Tenemos pensado dar una copa, algo que ya hicimos antes. Cuando terminamos la reforma hace unos años en el restaurante también hicimos una invitación para todo el pueblo y vino muchísima gente. Así, es una forma en la que le devolvemos a la gente el cariño que nos tienen.

Estar como en casa o hasta mejor

Como en casa, no se come en ningúin sitio. O, al menos, eso se dice, ya que en el Restaurante Capri esto puede cambiar un poco. Los gerentes del negocio destacan la gran calidad que tienen sus platos, donde la elaboración de cada receta y sus ingrecientes naturales son su mayor característica. De hecho, aseguran que muchos de sus clientes vuelven, una y otra vez, por la perfecta relación calidad-precio que ofrecen en su carta. A destacar, también, la atención cercana que hace sentir como en casa.

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