URGENTE

“No me figuro mi vida al margen de la cultura”

Carmen Bermúdez
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03/02/2019
Docente, pintora, poeta, crítica de arte, madre... La artista jiennense, que se trasladó a Madrid en los 70, formó parte de los movimientos literarios y plásticos que oxigenaron el panorama creativo provincial de una época “de desolación”

No ha perdido el contacto con su tierra natal, a la que vuelve con frecuencia. ¿Qué recuerdos mantiene más vivos del Jaén de su infancia y de juventud?

—No he perdido el contacto. Paso algo más de tres meses cada año en Jaén, entre Navidad, Semana Santa y los veranos en Puerto Alto. Tengo aquí mi hogar, dos hijos y tres nietos, mis hermanos y sobrinos, estos últimos muy unidos a mis hijos. Recuerdo mi colegio de Carmelitas en la calle Llana y después en la Plaza de la Merced para hacer Bachillerato; a mis amigas jugando a “capitanes” (especie de balonmano) en los cantones de Jesús; los veranos en el campo, que me permitieron amar la naturaleza; empecé a dibujar y a modelar en Artes y Oficios con José María Tamayo; nos paseábamos por la Plaza de Santa María y la calle Maestra, después en el Parque, cruzándonos con amigos del instituto y colegio de San Agustín, muy ilusionados. Vino la época de “Advinge” con Francisco Herrera Murillo, un poeta vivencial que nos dejó pronto, y con Diego Sánchez del Real, después “El Olivo”. Comencé Magisterio y a trabajar en distintas empresas comerciales. Fue una época feliz, por el amor de mis padres.

—¿Por qué se marchó de Jaén, a finales de la década de los 70?

—Yo ya había realizado los estudios de Bellas Artes en Valencia, por libre, y ejercía de profesora interina en institutos de Bachillerato, e hice oposiciones a ese cuerpo de la administración. Por mi nota de sobresaliente obtuve plaza en Madrid, pues ya dos de mis hijos mayores querían estudiar Arquitectura y Bellas Artes y en Jaén sólo había Peritos y Magisterio. Era la oportunidad para que mis cinco hijos estudiaran lo que quisieran, cosa que yo se lo podía ofrecer. Todos lo consiguieron por buenos estudiantes y mejores hijos. Esto es mi mayor y único orgullo. Aquí he hecho también mi doctorado, con distinción cum laude, título que conservo junto al trabajo de investigación, que versó sobre poesía visual, que yo también había cultivado.

—Como trabajadora, y si echa la vista atrás, ¿ha cambiado mucho la situación de la mujer en los últimos cuarenta años?

—Ha cambiado todo, desde la ley del divorcio y posteriores en beneficio de la mujer, que entonces no tenía plenos derechos en la sociedad o en el trabajo. Creo que ahora la mujer está legalmente reconocida en igualdad de condiciones, otra cosa es que debido, en casos a la incultura, al miedo o a la falta de economía propia, no los ejerza.

— ¿Qué le parecen las propuestas de partidos como Vox para derogar la ley de violencia de género?

—La ley de violencia de género, es verdad, creo que se ha criticado por juristas cualificados, pues puede incurrir en discriminación del hombre, o no, porque incluye elementos diferenciales como son aprovecharse de la peor condición femenina de fuerza o cultura. A mi pobre juicio en la materia, no habría que derogarla sino en su caso, perfeccionarla, estudiándola primero.

—Poeta, pintora, crítica de arte, docente... ¿Qué la apasiona más?
—Como poeta es algo que se lleva innato y que después se cultiva. Es un apasionamiento por la vida, admiración y sensibilidad por lo armonioso, como la música, la naturaleza; deslumbramiento, exploración, intuición...; decía Benedetto Croce, “es la expresión poética de la emoción”. Si se tiene ocasión se comunica y así creo haberlo hecho yo. Es algo irrenunciable. La docencia la he ejercido con entusiasmo y parece que con no malos resultados, pues tengo correos o misivas de alumnos titulados ya en Arquitectura, Ingeniería y Bellas Artes, que me escribieron desde Alemania y otros sitios, recordándome agradecidos. En ocasiones me han abrazado sorpresivamente por la calle y yo ya no los he reconocido después de años. La pintura la practico en el campo sobre todo, mirando nuestros campos, cerros y olivares sembrados a tresbolillo, como un ejército ordenado, y encuentro interesante el retrato o el desnudo del natural, que lo he practicado durante cinco cursos en el Círculo de Bellas Artes, entidad de prestigio en Madrid, en donde se pueden encontrar modelos de ambos sexos y ambiente adecuado. Todo me interesa, la vida se me ha hecho muy corta y me quedan “asignaturas” pendientes como la filosofía, música, psicología, periodismo...

—¿Cómo vivían los jóvenes artistas jiennenses la efervescencia cultural de la época en la que se fundaron publicaciones como Advinge y Aljaba o grupos literarios como El Olivo?

—Tengo nietas de dieciocho años, nietos y sobrinos de esa edad o mayores y por ellos estoy al tanto de las trayectorias juveniles, mas las condiciones o circunstancias han cambiado y la sociedad evoluciona rápidamente. Los tiempos de “Advinge” o “El Olivo” tuvieron una situación determinada entre bastante desolación literaria y fueron muy significativos en momentos hoy superados. Ahora se comunica por redes sociales e internet; los libros de papel solo los amamos unos pocos y mayores.

—¿Cree que la aportación poética, narrativa e incluso pictórica de los creadores jiennenses al panorama nacional ha sido importante?

—Eso lo dirá o no el tiempo. En poesía o narrativa fueron sobre todo los que siguieron en “El Olivo” o “Aljaba”. No me atrevo a dar nombres, pues todo floreció mucho, en literatura o poesía, con la Universidad, profesores y alumnos, ambiente y cultura. Se quedó Vicente Oya, cronista oficial de Jaén, con su tesis doctoral sin leer antes de morir, y tengo siempre más cercana a Fanny Rubio. Están presentes los conocidos y no es necesario que los nombre. En la pintura es otra cosa. Fue un ¡bum! la época anterior de paisajistas en Jaén capital: José María Tamayo, Pablo Martín del Castillo, Serrano Cuesta, Ingraín, Ortega, Jesús Orihuela, Luis Berges Roldán, Paco Baños, Paco Cerezo, José Cortés, Juan Hidalgo, Manolo Kayser, Pepe Olivares, Miguel Viribay. Sé que me dejaré algunos, me refiero a los que cultivaron más el paisaje y casi en bloque (porque tengo mis libros y documentación en una reciente mudanza). Otros buenos pintores diversos de la plástica en aquel entonces fueron Fausto Olivares, Paco Molinero, Manuel Ayala, Carmelo Palomino, Horna, y luego otros bastante más jóvenes que yo ya he conocido solo de referencias. Pienso en esa luz seca de nuestras tierras como la causante de tan excelentes plásticos.

—¿Mantiene usted al día su curiosidad artística desde Madrid, la ciudad en la que reside?

—He seguido colaborando esporádicamente en revistas de poesía como “Paraíso”, “Troquel”, y antes en otras numerosas, participado en alguna Bienal de poesía de Prometeo en Madrid, conferencias en Museo Lázaro Galdiano y he publicado cinco o seis libros más, mesas redondas sobre crítica de arte, y he hecho periódicamente exposiciones de pintura en Madrid. ¿Cómo no estar al día en esta ciudad llena de las mejores ofertas culturales? Solo con el Museo del Prado y otros, los conciertos de la orquesta nacional.

—¿Concebiría su vida si no girase en torno a la cultura?

—No me la puedo figurar, vegetaría atendiendo la casa, cocinando solamente. Por cierto, que sé cocinar muy bien, mas ello solo no colmaría mis inquietudes. Alguno de mis hijos me decía que nunca estoy contenta, que siempre quiero más. Creo que como, según el filósofo, “el hombre es él y su circunstancia”. Eso es lo que tuve yo y lo que intenté dentro de lo que pude, que no fue mucho.

—¿Qué hace Carmen Bermúdez cuando no se dedica a crear arte?

—Leo, ahora sigo —desde hace tiempo— con la “Historia del Pensamiento”, de Chevalier; también poesía actual, como la de Ida Vitale; me interesó mucho Antonio Lucas..., todo lo que encuentro a mano. Paseo mañana y tarde, voy a museos, al cine, oigo música, a tertulias de antiguos compañeros... Una vida tranquila y feliz con mis hijos y nietos, hermanos y sobrinos. ¡Vaya, en familia y con el regalo inapreciable del disfrute de la naturaleza en los veranos de Puerto Alto, o sobre todo en estos hermosos parques de Madrid, oyendo a los mirlos!

Emblema cultural jiennense

Es una de las artistas jiennenses más representativas, tanto en los ámbitos de la pintura como en la literatura. Esá incluida en “40 años de pintura en Jaén”, un libro editado por la Universidad jiennense, y fue una de las premiadas en los galardones “Jaén Mujer”, que promueve el periódico provincial, en 2016. Autora de diferentes poemarios, ha sido miembro del jurado, en dos ediciones, de los premios literarios de Diario JAÉN y desde 2017 da nombre a la Biblioteca del colegio público Cronista Cazabán.

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