URGENTE

“El papel de la mujer es esencial para el futuro de África”

Gustavo Jiménez
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21/07/2019
Un arquitecto de Santiago Pontones que decidió emprender una gran aventura por varios países de África con su moto y contar historias de personas que con sus acciones son capaces de cambiar la vida de aquellos que más lo necesitan

Aventuras que cambian vidas. Así se podría definir el viaje de Gustavo Jiménez Nieto que ha recogido en sus reportajes historias únicas de personas que dedican su vida a mejorar las demás, al mismo tiempo que su experiencia ha cambiado su visión del mundo.

—Gustavo Jiménez, un serrano jieennense que ha vivido una gran aventura en África. ¿Cómo surge la idea de partir hasta allí?

—Llevaba mucho tiempo queriendo realizar este viaje. En un momento determinado tuve un encuentro con un amigo cooperante en África y me comentó que iban a desarrollar una campaña allí y me relató un caso concreto en el que un niño que había nacido con cataratas congénitas y por tanto no veía, lo habían operado y con cinco años vio por primera vez a su madre. Fue en ese momento en el que decidí que tenía que vivir esas historias en primera persona.

—¿Cuándo se produjo el viaje?

—Me fui en octubre del año 2017 y estuve seis meses en el país.

—Define su experiencia como “Un viaje indefinido”, ¿a que se refiere?

—Básicamente consiste en realizar reportajes sobre personas o sobre misiones que cambian la vida a otras personas allá donde trabajan.

—¿Cuál es el objetivo?

—Contar historias bonitas. A menudo nos llega información sobre África y casi siempre viene relacionado con aspectos negativos y yo quería darle un poco la vuelta. Pensé que contar la vida de estas personas que son una especie de faro para los demás, especialmente para los niños, era mi forma de aportar.

—¿Cómo lo comparte?

—Cuelgo mis reportajes en las redes sociales, tanto en Youtube como en Instagram, con mi nombre o a través de “gus_áfrica”. Para ello hago un vídeo en cada lugar al que visito. Además, aquellos que así lo deseen puede colaborar y ayudar a quienes más lo necesitan, basado en las historias que cuento y comparto.

—¿En cuántos lugares ha estado?

—Durante esos seis meses estuve en once países de África y recorrí con mi moto algo más de once mil kilómetros.

—¿Qué recuerdos son los que más le han marcado?

—Recuerdo cada una de las zonas en las que he estado. Una de las historia está protagonizada por una mujer, Anna Diop, que vive al sureste de Senegal, una de las zonas más pobres. Es una enfermera que trabaja para una Ong española, Campamentos Solidarios, y tiene que lidiar con diversos desafíos, entre ellos la falta de medicinas y el gran número de pacientes que tiene, pues es de las pocas profesionales que atiende a personas sin dinero. Para mí encontrar a Anna fue una experiencia increíble y con ella tengo una de las anécdotas que más me han marcado. Tras unos días en el lugar donde ejerce, intenté cruzar la frontera de Mali pero no me dejaron por lo que tuvo que volver y decidí pasar por el campamento. Me encontré una situación muy complicada, pues se habían quedado sin medicamentos, por lo que decidí hacer un llamamiento por las redes para conseguir el dinero que les hacía falta, unos 300 euros. A las dos horas ya habíamos superado la cantidad.

—¿Y sobre las misiones?

—También guardo un recuerdo muy especial de una de ellas, en el norte de Guinea. En uno de los barrios más pobres, se realiza una misión dirigida por Rafael Sabé, que lleva más de treinta años en África. Cada año, saca adelante más de mil niños a los que se les da una educación. Además, paralelamente, crearon un huerto que está regido por mujeres. Gracias al huerto, se pueden mantener treinta familias. Para mí es un proyecto innovador que ayuda a familias enteras, pero especialmente a las mujeres, que además consigue que se empoderen.

—¿Cuál es el problema más grave al que se enfrenta la población?

—Hay dos tipos de problemas, los graves y los urgentes. De estos últimos, hay varios, relacionados especialmente con la necesidad de medicinas. Sin embargo, para mí, el más grave es la desertización de la sabana al que se enfrentan dos franjas de África. Ahora estoy trabajando en un nuevo reportaje que versa sobre un proyecto de un ingeniero que se llama “La climatización de la Sabana” cuya idea es replantar miles de árboles.

—¿Qué balance realiza?

—Me ha cambiado completamente la vida. Pero la verdad es que me viene una tremenda sensación de impotencia al ver que hay tantas personas maravillosas que tiene mucho por hacer, pero que no dispone de los medios necesarios para ello. De forma personal ha cambiado mi visión de África, para mí pensar en aquellos lugares es recordar un nuevo hogar.

—¿Cómo fue el proceso de adaptación en un lugar con tantas lenguas?

—Pues un poco sobre la marcha. Es un lugar donde hay más de 1.200 lenguas, pero el francés suele ser el que aúna la mayor parte de territorios.

—¿Qué es lo más duro a lo que se ha tenido que enfrentar?

—Hubo varios momentos complicados. Uno de ellos cuando estuve encarcelado porque me tomaron por un espía al verme con una cámara en el casco. Por fortuna y gracias a la intervención de unos misioneros pude salir de allí sin problemas, pero fueron unos días bastante complicados. Sin embargo, al desafío más grande al que me he enfrentado es a mí mismo, en esos días en los que te ves perdido en el desierto sin nada a tu alrededor.

—En el mundo occidental, ¿hay una conciencia real de cómo se vive en África y cual es su situación?

—No tenemos ni las más remota idea de las condiciones de vida y de todo lo que tienen que soportar.

—¿Y su percepción del territorio ha cambiado?

—Yo llevaba la mente bastante abierta, pero lo que me encontré fue espectacular. La mayor parte de los países, a nivel global, están totalmente embargados y sus bancos y riquezas en manos extranjeras. La gente sobrevive gracias a su fuerza y a la alegría que emanan a pesar de vivir en la más absoluta de las pobrezas. Me quedo especialmente con el propio territorio, la sonrisa de los niños y la fortaleza de las mujeres.

—¿Por qué África?

—Básicamente porque mientras dos personas mantienen un conversación están muriendo decenas de niños en África por hambre o enfermedad. Allí la vida es límite y no porque sean pobres, todo lo contrario, sino porque la riqueza no les llega a ellos.

—Tras el viaje de seis meses regresa a Jaén, ¿sigue manteniendo contacto con las personas que conoció?

—Sigo haciendo reportajes sobre la vida de las personas que ayudan allí y a través de campañas para que lleguen recursos a esas zonas. La última fue hace tan solo unos días, recolectamos medios para poder comprar medicinas.

—¿Ha pensado en regresar?

—Sí. Tengo pensado volver el próximo mes de octubre y hacer un segundo viaje más largo que el primero.

—¿Cómo plantea esta segunda aventura?

—Los objetivos son similares, pero en esta ocasión me gustaría centrarme en las cooperativas de mujeres. Creo que hay que apoyarlas pues en ellas está el futuro, son las grandes administradoras de África. Para ello, y a pesar de que mis viajes son indefinidos, me gustaría pasar por Etiopía.

—¿Qué le dicen desde su entorno acerca de estos viajes?

—Muchos de ellos creen que estoy un poco loco. Sin embargo, hay otras personas que me escuchan en algunas de las charlas que he impartido y se hacen eco de la realidad del lugar.

—Tras su experiencia, ¿que le diría a aquellos de los que depende la situación de los africanos?

—Principalmente que dejaran de explotarse las zonas que no les pertenecen porque solo conseguiremos eliminar la miseria en la que viven muchas personas si realizamos un reparto justo de la riqueza, en este caso de la que les pertenece a los habitantes de África, que tiene países ricos.

—¿Y aquellos que tienen la suerte de haber nacido en Occidente?

—Que se acerquen un poco más a África y conozcan su historia.

Once mil kilómetros en su moto

El proyecto “Un viaje indefinido” que llevó a Gustavo Jiménez a recorrer más de once mil kilómetros con su moto volverá a arrancar el próximo mes de octubre para contar nuevas historias, de esas que se quedan para siempre en la memoria. En esta ocasión, el arquitecto residente en El Patronato, de Santiago Pontones, se centrará en las comunidades de mujeres africanas, a las que define como “las grandes administradoras” y el “futuro de sus países, pues su fortaleza no conoce límites”.

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