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lunes, 19 agosto 2019
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URGENTE

“Tauranga, la antípoda de Jaén, me ha parecido interesante”

Concepción Mengíbar
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La directora de la Escuela de idiomas ha emprendido una aventura que la ha llevado a varios países del mundo, entre ellos Nueva Zelanda donde ha tenido la oportunidad de estar en Tauranga, la antípoda de Jaén

Una gran aventurera. Concepción Mengíbar pasa el año enseñando idiomas a los jiennenses y lo combina con sus investigaciones. Ahora, aprovechando su asistencia a un congreso en Nueva Zelanda, ha descubierto las maravillas de varios países y la Antípoda de Jaén, Tauranga.

—Acaba de regresar de Nueva Zelanda, ¿qué zonas ha visitado?

—En mi caso no fui directamente. Con la compañía Emiratos Árabes se puede llegar con vuelo directo en unas treinta horas, sin embargo, yo prefería hacerlo con más tranquilidad y decidí realizar varias paradas antes de llegar a Nueva Zelanda, algo que recomiendo totalmente a quienes tengan pensado embarcarse en este tipo de viajes. La primera parada la hice en Hong Kong, donde estuve un par de días. Después en Sidney y de ahí hasta Melbourne. La siguiente fue en Auckland, a lo que siguió Wellington, capital de Nueva Zelanda. En esta zona he estado en la parte norte, no llegué a bajar a la zona sur. Allí ahora mismo es invierno, pero con las distintas paradas del trayecto he tenido que hacer una maleta variada. En el camino de vuelta hice un alto en Tokyio y otro en Helsinki.

¿Cómo definiría la experiencia?

—Ha sido una gran aventura, tengo que reconocer que a mí me encanta viajar. Mucha gente me preguntaba sí estaba segura de ir sola, pero los países que he visitado son sumamente seguros, independientemente de los riesgos que se puedan correr en cualquier viaje que uno decida hacer. En el caso de Hong Kong por ejemplo me sorprendió mucho la lucha por el espacio, ya que se trata de una isla pequeña.

—El motivo de su viaje fue una conferencia internacional. ¿Qué se trató en dicho encuentro?

—Es un congreso que se hace cada tres años en un lugar del mundo. Yo había estado en varios en Europa, pero era la primera vez que asistía a uno internacional. La afluencia no ha sido tan numerosa como en otras ocasiones, pero sumamente interesante. El asunto que hemos tratado es la literatura centrada en los procesos de colonización británica. En mi caso, yo abordé el tema en el que estoy trabajando ahora, Shakespeare y el caribe. Se trata de una serie de artículos que estoy escribiendo. También se habló mucho de las diferencias de colonización entre Nueva Zelanda y Australia. Asimismo, he tenido la oportunidad de conocer a escritores muy interesantes, como Arundhati Roy, autora de “El dios de las pequeñas cosas”, otro escritor maorí que habló de la relación con la tierra y la verdad es que he aprendido muchas cosas.

—¿Qué ha sido lo mejor que ha vivido en este mes?

—Lo más bonito del viaje ha sido ver los grandes cambios de luz. Me encanta la fotografía y he disfrutado mucho de ella en las zonas que he visitado y los cambios de esa luz de un país a otro a través de la cámara. Uno de los momentos que más destacaría fue la suerte que tuve de poder vivir una puesta de sol en Japón, fue algo maravilloso, nunca había visto bajar el sol de esa manera.

—¿Y lo peor?

—La situación que vive parte de la población en Australia. Para nosotros es un país exótico, pero porque no lo conocemos bien, pues todavía existe un debate histórico y una lucha por los derechos de parte de la sociedad que no están reconocidos. Otra cosa que me chocó mucho fue la gran cantidad de gente que vivía en la calle en Auckland.

—Habrá protagonizado diversas anécdotas en el trayecto.

—Sí, algunas pueden ayudar a que otros no caigan en mi descuido. En Nueva Zelanda tuve que pagar una multa de 300 euros por culpa de una pieza de fruta. Cuando llegas al país hay que firmar un papel en el que aseguras que no llevas armas y ese tipo de cosas, y que tampoco tienes en el equipaje fruta. Cuando me pasaron mis pertenencias por el escáner me acordé que llevaba una pieza. A partir de ahí me leyeron mis derechos y finalmente me multaron. Son muy restrictivos porque durante décadas han tenido muchos problemas que han deteriorado parte del ecosistema. Otra de las vivencias que finalmente se quedó en una anécdota fue un terremoto que viví en Tokyo, de intensidad 4 en la escala Richter.

—¿Cómo ha cambiado su perspectiva del país?

—De los distintos lugares en los que me he alojado solo había estado previamente en Japón que es un país que me encanta y me parece maravilloso. Se están preparando ya para los próximos juegos olímpicos y hay bastante turismo español. En el caso de Nueva Zelanda apenas vi presencia de personas españolas, la gente que hablaba español, eran especialmente de Chile o Argentina.

—¿Hay algo que le haya sorprendido en alguno de los países?

—Sí, además relacionado con Jaén. Cuando llegué al congreso una de las organizadoras me comentó que en la zona se hacía muy buen aceite de oliva. Aquello me intrigó y decidí probarlo. Se llama Kiwi, no es como el nuestro, pero la verdad es que es bueno y de calidad. En el caso de los olivos no son tampoco como los nuestros, es un árbol más salvaje que los de Jaén. Otra de las curiosidades es que se puede visitar “Hobbiton”, que sería donde aparece El hobbit en la película de El Señor de los Anillos.

—Una de las paradas del viaje fue en lo que se denomina la antípoda de Jaén. ¿De qué se trata?

—Fue muy curioso puesto que llegué a la oficina de turismo y pregunté por Tauranga, lugar en el que está la antípoda de Jaén. Sin embargo, me dijeron que allí no había nada y me empezaron a dar vueltas. Yo insistí y le expliqué el motivo de la visita y que yo vivía en la Antípoda de Tauranga hasta que conseguí convencerlos. Partí desde Auckland en autobús desde donde se tarda unas cuatro horas aproximadamente. Una vez allí, exploré un poco la ciudad y la verdad es que Tauranga tiene poco que ver con Jaén, es un lugar costero, pero a mí me pareció bastante bonito y tiene un monte, que es un antiguo volcán, a una media hora de la ciudad. Se trata de una zona bastante curiosa y bonita. Otro aspecto que me gusto de Tauranga es que cuenta con unas piscinas naturales bastante especiales. Al final, lo más curioso es que somos de los pocos territorios que tienen una antípoda en tierra.

—¿Qué otros lugares le llamaron la atención de la zona?

—Cerca de Tauranga hay una cueva, en la que puedes montar en un barco donde todo el mundo va en silencio. En el trayecto se puede ver el techo completamente lleno de luciérnagas, algo maravilloso.

—¿Recomendaría el viaje?

—Por supuesto, es cierto que es una inversión económica importante, pero si se plantea se puede hacer. Además, una de las facilidades es el transporte y hay muchas visitas y excursiones que funcionan muy bien en los lugares en los que he estado y son accesible. Otra cosa que también recomiendo es que se haga con tiempo puesto que son muchas cosas las que hay por explorar. Otra parada fundamental es Tokyo por esa unión de la modernidad y la tradición. Asimismo, un lugar que me ha llamado mucho la atención es Helsinki, que cuenta con una luz única y una gran cantidad de bosques, el 75 por ciento de Finlandia. En definitiva, yo soy de las que no se consideran turista, más bien una viajera y creo que es una buena forma de enfocar los destinos.

—Una vez de vuelta a España, si tuviera que definir el viaje por los distintos países, ¿cómo lo haría?

—Al final creo que lo más interesante de todo es tener la oportunidad de conocer otras culturas porque es el objetivo que siempre me marco. Además, son experiencias que hacen que te des cuenta que el mundo no es tan diferente y existen lazos comunes.

—Es la directora de la Escuela de Idiomas de la ciudad de Jaén. ¿Cómo de importantes es controlar un idioma como el inglés a la hora de viajar?

—Esencial. En muchos de los lugares a los que he ido se hablaba inglés, aunque en unas zonas más que en otras. Para poder comunicarte, aunque sea de forma básica, es fundamental. El inglés se ha convertido en el idioma del mundo, por lo que animo a todo aquel que le guste viajar que insista y aprenda inglés porque facilita muchísimo las cosas.

En busca de la antípoda

Se denomina antípoda a los puntos de la superficie terrestre diametralmente opuestos, separados por 180º de longitud y en distinto hemisferio. Por ejemplo, para averiguar las antípodas de Jaén hay que ir hasta las coordenadas geográficas S37°46’9.19” E176°12’34.99”. Allí está Tauranga, situado en Nueva Zelanda y provoca que Jaén se de los pocos lugares del mundo cuya antípoda está en tierra. Por tanto, si alguien se anima a excavar un túnel desde el Santo Reino ya sabe cual es su destino.

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