Bruselas, un “cóctel” cultural

El carolinense Pedro Carrillo ha encontrado en la capital belga un espacio propicio para dar rienda suelta a su pasión profesional, la coctelería, una dedicación que califica como “arte líquido” y en la que brilla internacionalmente

16 dic 2018 / 11:34 H.

No trabaja en un bar de Nueva York ni gasta el rostro barbilampiño de Tom Cruise en el papel de Brian Flanagan —el ambicioso barman que, a finales de los 80, puso de moda eso de hacer virguerías con la coctelera y causó a más de un negocio cuantiosas pérdias en licores esturreados por las barras—, no... Pero, eso sí, el carolinense Pedro Carrillo Valera tiene la banda sonora de su vida en el ruidillo que produce el recipiente mezclador entre unas manos expertas, y en eso no tiene que envidiarle nada al protagonista de la película de Roger Donaldson.

Su historia es la de un empresario hostelero con más de dos décadas de experiencia en el sector que, un buen día —como el “president” Puigdemont— decidió establecerse en Bruselas no para huir sino todo lo contrario, para encontrarse: “En este momento soy ‘head bartender’ —barman jefe— de La Belladone Bar a Cocktail”, aclara Carrillo, entusiasmado con el trabajo que realiza en tierras belgas.

Una labor en la que brilla, y mucho; tanto, que puede presumir de ser finalista de “una de las competiciones más prestigiosas del mundo” —asegura— en el campo de la coctelería, el “World Class” 2018. “Amargas son las raíces del estudio, pero los frutos son dulces”, sentenció Catón, y la cita le cae que ni pintada a Pedro Carrillo, un claro ejemplo de que, a base de esfuerzo, no hay ambición que se resista; y es que, antes de disfrutar de los laureles del éxito, el carolinense se formó “con los mejores ‘bartender’ de la ciudad” en la Escuela de Hostelería de Bruselas, una formación que amplió posteriormente con diferentes “masterclass” por toda Europa.

A día de hoy, cinco años después de instalarse en la que muchos definen como “la ciudad más multicultural del continente”, las sensaciones del protagonista de estas páginas son de lo más positivas y, aunque tiene claro que no hay que dejar de aprender nunca, asienta su forma de entender su trabajo sobre suelo belga. Una concepción particular que lo lleva a denominar lo que hace como “arte líquido”: “El camino de la coctelería cada día va más hacia la cocina líquida; mi frase es ‘igual que comes bien, bebe bien”, expresa el barman. Con ese lema, Carrillo no deja de innovar en una disciplina que “cada día cuenta con un público más joven que quiere descubrir nuevos sabores”. Como muestra, un botón, el cóctel con el que optó al premio del que quedó a solo un paso, una combinación “sostenible utilizando técnicas culinarias”: “Se llama ‘Travel’, un viaje por el mundo probando y mezclando bebidas de diferentes países”, recuerda, y añade: “Mi ‘viaje’ empieza en Jerez —Cádiz— con el uso de Solera cherry de las Bodegas Lustau; continuamos y paramos en Francia anadiéndole un sirope de Orgeat infusionado con coñac francés; seguimos hacia Bélgica y añadimos un ingrediente bastante especial, clara de huevo bio de un agricultor local; saltamos el Charco y llegamos a USA, pasamos por New Orleans y añadimos licor de café Bittermess; luego hacia Kentucky con Bulleit Bourbon, la estrella del cóctel, y el viaje llega al final de vuelta a casa, donde ahumamos nuestro vaso de madera de roble con aromas de Sierra Morena”, explica.

Un “viaje” que no acaba aquí: “ Me gusta usar el ‘fat-washing’, una infusión en frío de alcohol con alguna materia grasa; por ejemplo, la nueva carta que lanzaré en breve llevará elementos como bourbon infusionado en bacon y vodka infusionado con setas shiitake”, concluye el carolinense, que deja clara su motivación: “Lo que más me gusta de mi trabajo es hacer a la gente feliz”.