Acoger la vida

El sacerdote misionero Andrés García narra desde la República Democrática del Congo algunas de las tradiciones de los pigmeos y
la importancia que estos dan a la vida y a sobrevivir

    18 dic 2016 / 11:14 H.

    Hoy queremos compartiros las noticias recibidas desde la República Democrática del Congo, el lugar más empobrecido del mundo. En este país, situado en el corazón de África, se encuentran dos paisanos nuestros. Son dos misioneros al servicio del pueblo pigmeo. Elisabeth, misionera laica, pertenece a la asociación misionera Ocasha-Cristianos con el Sur y Andrés, sacerdote de la congregación misionera de la Consolata. Su tarea se centra en la educación y trabajo por la salud del pueblo pigmeo; pueblo seminómada y maltratado históricamente por otras etnias. Para hacer esta labor estudian su cultura, las costumbres, su organización y su lengua. Comparten con ellos mucho tiempo recorriendo los diferentes poblados en la selva. En estas fechas de Navidad acercan a ellos el mensaje de amor de Dios a través de un guiñol fabricado en la misión que despierta la alegría no solo en lo niños.

    “¡Hola a todos! Nos acercamos a la gran alegría de la Encarnación, así que quiero compartiros algo de la nuestra. Mientras más me sumerjo en la literatura sobre el pueblo pigmeo, más respeto me da hablar o escribir sobre ellos. Existe una gran diversidad entre ellos, incluso entre los pigmeos de un mismo país. Es una riqueza que evoluciona, porque hablamos de personas que se interrelacionan entre sí y con personas también de otros pueblos, que tienen culturas distintas. Me limito a hablar de los pigmeos que conozco dentro de los límites del territorio de nuestra parroquia de Bayenga. Ya sabéis que viven en campamentos de entre 40 y 100 personas con lazos de parentesco bastante estrechos. Parece ser que, de un modo no siempre consciente, este pueblo minoritario tiende a proteger su número. Las parejas se forman entre personas de distintos campamentos, y a menudo son instrumento de alianza entre familias, que se unen para cazar juntos y compartir territorio de caza. Tradicionalmente, los matrimonios se hacen por intercambio (aunque últimamente pierde fuerza esta tradición): si un hombre del campamento A toma una mujer del campamento B, la familia del hombre del campamento A debe ofrecer una mujer al campamento B, para que pueda producirse el intercambio. Otra tradición orientada a mantener el número es la de “rescatar al difunto”. Es decir, cuando alguien del campamento A habita en el campamento B y muere en el campamento B, se busca el modo de igualar la relación numérica.

    Vemos también durante el entierro de bebés o niños aún pequeños algunos ritos que muestran la intención de hacer venir un nuevo niño al campamento: atan una “pequeña liana” al pie o al dedo del pie del niño que están enterrando, de manera que tras haber vertido la tierra en la tumba, el extremo de la fina liana es atado a un pequeño trozo de rama verde, tensándolo, como queriendo tirar del seno creador de Dios una nueva criatura que venga a ocupar el espacio que el niño difunto ha dejado. Detrás de estas tradiciones leemos la importancia que este pueblo da a la vida y su deseo de sobrevivir ante la continua amenaza de la enfermedad y la muerte, que merman su número y los hace débiles. También este pueblo espera “Otro Mundo Mejor”, “Otro Mundo Posible” que intuyen dentro de sus corazones, y por el que suspiran y luchan; así, en este anhelo de Vida Nueva van dialogando con otros pueblos, culturas, tradiciones, de manera que van encontrando nuevas respuestas a su anhelo de Vida. Cansados de soluciones violentas, acogen con agrado la opción por la Vida, por la Esperanza, por la Fraternidad, por la Alegría... Luz en sus corazones, Luz para todos los pueblos. ¡¡¡Un saludo a tod@s!!!”

    Pues con este testimonio de trabajo por el Reino os deseamos a todos los que seguís esta página misionera una Navidad llena de Amor. Deseamos que no falte en vuestras mesas estos días espacio para el que se encuentra solo, fuera de su tierra, sin familia..., que tengáis gestos de generosidad con quien tiene cualquier carencia no solo material (vivienda, alimentos, ropa..) sino afectiva y que el Amor de Dios lo inunde todo dando calor y luz donde haga falta.