Powered by
HACEMOS GLOBAL LO LOCAL

Tal día como hoy en 2014 publicábamos: El oasis verde que riega el alma del Polígono del Valle

26-07-2026 / 10:12

Un grupo de vecinos transforma un antiguo vertedero en un espacio de convivencia, terapia y autoconsumo frente a las dificultades del barrio

Tal y como publicó este periódico hace doce años, el 26 de julio de 2014, empezó a caer la fuerza del sol y un grupo de vecinos del Polígono del Valle salieron de la rutina de sus pisos para adentrarse en la liberación, la que consiguieron en los huertos urbanos. Un lugar de encuentro, que se convirtió en un oasis de la ciudad y que, con mimo y paciencia, cuidaron para obtener de su tierra alimentos: tomates, patatas, pepinos, berenjenas o frutas de árboles que sembraron con ilusión. Decían que la tierra es la madre. La que daba la vida. Una máxima que se aplicó tal cual en estas personas. Porque estos productos alimenticios no eran solo los que les dan energía para desempeñar sus trabajos, para afrontar el resto del día y los problemas que asolaron a un barrio que destacó por el alto índice de desempleo. Y es que, en estos mil metros cuadrados, también se regaba el alma, la mente, la ilusión y el sentido de la comunidad y de la responsabilidad. En su interior, el olor a tierra trasladó a sus visitantes a otro lugar, una sensación que disfrutaba cada dos días María Dolores Prados Martínez, de 76 años. Una de las propietarias de la veintena de parcelas que acudía para regar y cuidar sus tomates, cebolletas, calabacines, pepinos, berenjenas, y lechugas. “Tengo de todo un poco. Intenté plantar melones, sandías y habicholillas, pero no dieron resultados. Bueno, otra cosa se pondrá”, dijo resolutiva y con una energía envidiable la señora. “Soy de las más mayores y tenía experiencia de trabajar en la aceituna. Me desenvuelvo bien, aunque tengo un nieto que me ayuda”, indicó María Dolores. En su caso, la experiencia del huerto le permitió acabar el mes con un desahogo: “Me permite ahorrar algo, porque mi pensión es pequeña”. Vecina del Polígono del Valle, que participó en la iniciativa desde Semana Santa y no duda en reconocer lo bien que desempeña su labor. “Los tomatillos cherry ¡están de muerte!, y las cebolletas van muy bien para ensaladillas”, asegura Prados, quien llegaba a reconocer que ella iba por la tarde. “Suelo bajar entre las siete y las diez de la noche y me dedico a mi roalillo”, indicó la mujer mientras observaba con orgullo su parcela. A unos metros de María Dolores, Consuelo Cruz Martínez, conocida como Chelo, la hortelana, trabajaba junto a su hijo. Era una de las veteranas de la iniciativa municipal y de las que más trabaja la tierra en la que siembran. De esta labor recuerda el proceso que permitió devolver a la tierra su pureza. “Esto era un vertedero”, dice Chelo, quien destaca la parte terapéutica del huerto. De gestión municipal, por medio del Centro Social del Polígono del Valle, las parcelas son cuidadas por asociaciones de discapacitados, mayores, niños, sociales y de vecinos, entra otras, pero también por familias. “A mí me la concedieron porque tenía problemas psicológicos. Ahora, cuento con la implicación de mi familia. Es una experiencia muy buena, pues conoces a gente de todo tipo y mi niño se relaciona con otras personas”, contó, emocionada, “la hortelana”, quien aseguró que el día que no baja es como si me faltara algo. “Es una satisfacción para todos, pues nos ayudamos entre nosotros. Hemos creado un vínculo, en el que contribuimos al autoconsumo y se fomenta el sentido de la responsabilidad”, expresó la vecina.