Tal y como publico este periódico hace veinticinco años, el 22 de julio de 2001, el Castillo de Santa Catalina relució como un faro en el olivar. Fue un nuevo motivo de satisfacción ciudadana gracias al convenio firmado entre el Ayuntamiento y la Junta para la iluminación artística de los monumentos de la ciudad. Ideada por Esteban de la Torre Tirado, la iluminación del castillo, que cuando se publicó esta noticia estaba aún en fase de pruebas, imprimió después a la fortaleza un tono anaranjado, según explicó, “más acorde con el tono de la piedra que el anterior”, y que “la resaltó y diferenció de la catedral, desde las entradas a la ciudad”.
Además de la muralla principal y las cinco torres del alcázar, por primera vez el lienzo que descendía desde la portada de entrada al recinto fortificado hasta la antigua Puerta de Martos, también se alumbró. Del mismo modo, se iluminaron las murallas bajas en la base del castillo. Esteban de la Torre destacó, además, que la iluminación también englobaba a los pinares que rodeaban el recinto. “Con una iluminación de luz blanca logramos eliminar las sombras de los árboles sobre el edificio y darle una mayor esbeltez” explicó. Fuera del proyecto, pero coincidente en el tiempo, la empresa IMES, responsable del mantenimiento del alumbrado público, concluía la instalación de un alumbrado antivandálico en el camino que une el castillo y la cruz. Según la empresa, se sustituyeron todas las iluminarias por otras empotradas en la baranda, más modernas y provistas de una malla protectora.