LA ENTREVISTA
Lo mismo está de visita en un camino rural de Cambil que en una reunión en Madrid con las grandes figuras del sector que dirige. Lo suyo, además de ser cercana, consiste en estar, dos verbos ligados a esa vocación de servicio público que frena la sensación de desgaste. Soledad Aranda Martínez (Villacarillo, 1978) es una de las veteranas en el equipo que tiene la Junta de Andalucía en Jaén. Afronta su tercer mandato como delegada territorial de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural consciente de que las cuatro patas de la mesa que maneja son las que sostienen la economía de esta tierra.
—Pudo ser usted delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Jaén. ¿Llegó a haber propuesta formal?
—No. Entiendo que cualquiera de los que estábamos podíamos ocupar el cargo que el partido decidiera, pero no hubo propuesta formal.
—¿Qué le parece el equipo de la Juanma Moreno en Jaén?
—Yo afronto la nueva etapa con ilusión y, junto con el resto de compañeros, creo que formamos un equipo que puede aportar mucho a esta provincia. Ya tenemos el bagaje y la experiencia de dos legislaturas, conocemos de primera mano las necesidades de esta tierra y de cada uno de sus noventa y siete municipios y, además, tenemos las garantías suficientes como para poder atajar de una vez por todas algunas cuestiones pendientes que tardan más de lo que queremos por la burocracia y los procedimientos, pero estoy segura de que será una etapa de muchos éxitos para Jaén.
—¿Ha encajado la llegada de Vox a la reunión de los martes?
—Mario Martos es un compañero más, tiene muchas ganas de trabajar y, cuando nos sentamos en la mesa de la Delegación del Gobierno, no hacemos distinciones entre partidos.
—¿Qué le quedó por hacer en los ocho años de mandato?
—Muchas cosas. Cuando llegamos en la primera etapa, había tanto pendiente... En materia de agua, la provincia de Jaén estaba totalmente en desventaja con respecto a otros territorios y, por ejemplo, en depuración hemos hecho un avance importante y estamos en condiciones de poder cerrar el ciclo completo de las obras declaradas de interés desde 2010. Hay cosas pendientes siempre, porque el campo no tiene puertas. No se nos puede olvidar que lo mismo pasamos de un incendio a una borrasca en dos días y hay que estar preparados para responder de manera ágil a las demandas del sector.
—¿Qué hace la Junta de Andalucía por mantener la agricultura como el pilar de la economía jiennense cuando falta relevo generacional?
—La cuestión más estratégica que aborda la Consejería es la de actuar escuchando al sector. La Mesa de Interlocución se reúne todos los meses y de forma excepcional cuando es necesario, y de ahí surgen las grandes respuestas a las grandes demandas del sector.
—¿Por ejemplo?
—La I Estrategia Andaluza del Olivar, la de la Ganadería Extensiva, la Ley de Agroindustria... Y algo fundamental que marcará todos nuestros hitos de trabajo es la Ley de Regadío Sostenible de Andalucía, que solucionará muchos problemas de gestión hídrica de esta tierra.
—¿Tiene previsión de la próxima cosecha de aceituna?
—Sí, a la altura en la que estamos de año y con la previsión de tener los datos del aforo a finales de este mes, ya se están haciendo los trabajos de campo y las estimaciones con las diferentes encuestas que lanzamos a las distintas comarcas y, por lo que vemos, se augura una campaña buena, aunque con el hándicap pendiente del precio. Esperemos que no haya fenómenos meteorológicos adversos que empañen la campaña.
—¿Qué hay que hacer para conseguir un precio del aceite estable y rentable para el olivarero?
—Yo creo que la Ley de la Oferta y la Demanda condiciona enormemente el precio del aceite y, por lo tanto, falta unión en el sector, no para modelarlo a nuestro libre albedrío, pero sí para posicionarlo. Trabajamos con el sector en la promoción, que es clave para tener unos precios dignos para nuestros agricultores.
—¿Hay motivos para estar preocupados por la supervivencia del olivar tradicional?
—El olivar tradicional tiene una serie de retos que lo apremian a la hora de buscar soluciones, porque si no salen las cuentas será el que más sufra y, en consecuencia, la provincia entera. Hay que buscar estrategias de diferenciación, como la promoción, pero también ir no sólo a producir aceites de calidad, que lo hacemos de manera excelente, sino a aumentar esa cantidad. No se nos puede olvidar que tenemos que seguir apostando por las cuatro figuras de protección, las tres Denominaciones de Origen y la Indicación Geográfica Protegida, porque es la única manera de posicionarnos en el mercado, esa es nuestra fortaleza, la calidad.
—Hay avances en la calidad...
—Sí, hasta hace pocos años eran contados los aoves que estaban en el “top ten” de la calidad y, en este sentido, creo que le hemos echado la pata a países vecinos y a otros territorios del ámbito nacional y autonómico, alcanzando las cuotas más altas de la excelencia.
—¿Cómo son las relaciones con las organizaciones agrarias?
—De confianza. Se trata de escuchar, insisto, en eso no nos equivocamos, porque tenemos que aprender de quienes no están en los despachos y sí al pie del cañón. Esa es la clave.
—La sensación del ciudadano es que cada vez hay más trabas burocráticas para gestionar el campo. ¿Qué opina?
—Es cierto que en la Administración, y en eso me meto la mano en el pecho, por más que intentamos simplificar y agilizar, no dejamos de hacer complejos los procedimientos, por lo que hay que valorar el trabajo que realizan las organizaciones agrarias y las entidades reconocidas de colaboración directa y estrecha con esta Consejería para que todos los recursos lleguen al agricultor.
—¿Cómo lleva la gestión de las obras derivadas de los daños ocasionados por las borrascas?
—En estos últimos tres meses, creo que del cien por cien de mi agenda, entre el setenta y el ochenta lo ocupa la gestión del Plan Actúa. En la provincia son algo más de dieciséis millones de euros los que vamos a invertir, e intervenimos tanto en reparación de emergencia de caminos rurales como en comunidades de regantes. Son trabajos muy valorados, porque lo que hacemos es poner en funcionamiento caminos intransitables o infraestructuras hídricas que no se pueden utilizar. Abordamos 88 municipios con una red de 257 kilómetros y 11 comunidades de regantes. Son obras directas, que nos permiten ver las necesidades y dar tranquilidad de que llegaremos en plazo. En apenas cuatro meses estarán todas las actuaciones declaradas de emergencia ejecutadas.
—¿Hay unidad entre la Junta de Andalucía y el Gobierno central para luchar por el campo?
—Quiero pensar que hay unidad, porque el contacto es directo en los órganos de participación y, personalmente, en la gestión de diversos problemas, como el algodoncillo, hay fluidez en la relación. El objetivo es trabajar por los ciudadanos, que es lo que queremos los que tenemos vocación de servicio público, para mejorar la vida de nuestros vecinos y vecinas.
—Los pantanos están al 73% de su capacidad y, sin embargo, la sequía es una amenaza para el sur de España. ¿Cree que las administraciones públicas hacen lo suficiente para luchar contra el cambio climático?
—La Administración autonómica sí es consciente de este problema en Andalucía, una tierra seca en la que lo mismo vivimos una época de lluvia que entramos pronto en una sequía, porque hace nada de tiempo estábamos preparados para traer agua en barcos a provincias como Málaga. Somos conscientes y, ahora que las reservas hídricas garantizan la tranquilidad, nosotros no paramos de trabajar en modernizar infraestructuras, con las comunidades de regantes en planes que optimicen el uso del recurso... Por ejemplo, en regadíos tenemos ahora mismo en marcha el Plan Regadía, en el que la Junta ha invertido 70 millones; el Plan Parra, encaminado a aguas regeneradas para optimizar todas las fuentes hídricas, para lo que hemos puesto a disposición 167 millones de euros; tenemos una orden de ayudas para construir balsas y adaptar las que hay, y las actuaciones de emergencia. Hay movilizados más de 350 millones de euros en regadíos. Ese es el camino, no sólo ver el pantano lleno.
—¿Hay financiación para afrontar los proyectos hidráulicos pendientes?
—Nuestras fuentes económicas se nutren del canon de infraestructuras hídricas, que es un impuesto solidario que hemos conseguido equilibrar desde que estamos en el gobierno, de tal forma que todo lo que se ingresa se gasta en obra, lo que nos permite un colchón para trabajar en las 25 obras que tenemos pendientes de licitar, las 17 en las que estamos trabajando o las dieciocho que hemos entregado. Es decir, tenemos mucho trabajo y nos gastamos todo el dinero que nos dan.
—No es su competencia, pero ¿ha solicitado información, en algún momento, sobre desembalses como el de El Tranco?
—El Tranco es un pantano de regulación, de tal forma que no tiene sentido que estén al cien por cien. No estoy diciendo que se abran las compuertas y se lleven el agua, ni mucho menos, pero es cierto que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tiene una enorme responsabilidad en el cumplimiento de los objetivos de cada embalse. Otra cosa es qué pienso yo sobre el reparto del agua, porque creo que Jaén es una de las provincias más perjudicadas. Yo, que soy de Villacarrillo y sé que por Mogón pasan tres ríos, si El Tranco estuviera lleno y cayera una tormenta, sería un problemón. Ya tuvimos un episodio. Es complejo y entiendo que la planificación está para algo.
—¿Qué piensa del reparto?
—Creo que Jaén, como históricamente ha sido un provincia donde ha llovido, tengo que decir que hubo épocas en las que no era preocupante que no hubiera olivar de regadío, pero hoy en día la situación es distinta, por lo que tanto el organismo de cuenca como todos los foros de interlocución tendrían que dar una pensada a la forma de reparto del agua, porque un cultivo que fija a la población en el territorio y que es capaz de mover la economía no puede estar infradotado con respecto a otros.
—¿Debe Jaén ampliar la superficie de regadío o ha llegado el momento de asumir que el agua disponible impone límites?
—Yo creo que somos capaces de seguir siendo eficaces en la gestión. La provincia no puede renunciar a nuevos regadíos, porque hay fuentes hídricas adicionales, como las aguas regeneradas, gracias a la cantidad de depuradoras que estamos poniendo en marcha. Es un recurso que no había antes, por lo que hay herramientas. La gestión es mejorable.
—¿Y la Presa de Siles?
—Es lo mismo. Se trata de pensar qué modelo o planificación es más rentable o sostenible. La Presa de Siles se construyó con dieciocho metros cúbicos pensados para los regantes, se abrió un proceso de solicitud, se presentaron varios modelos y yo entiendo que lo que perdura en el tiempo es lo que es sostenible económicamente. Hay un modelo mediante el que un grupo de agricultores se han unido para regar por su peso y con unos costes asumibles y hay otras propuestas que permiten soltar el agua al río y elevarla donde se decida. Son olivares de sierra, con producciones limitadas y todo influye, por lo que este parón se podía haber resuelto antes y mejor.
—¿Cuáles son sus prioridades en materia de desarrollo rural?
—La prioridad es el relevo generacional, que es la clave para que ese desarrollo rural sea una realidad, además de la incorporación efectiva de la mujer al campo. Necesitamos un sector económicamente competitivo, porque nadie se va a querer incorporar al campo si no le salen los números.
—Esto también es luchar contra la despoblación...
—Es la clave para que la gente se fije y para atraer a más personas a esta tierra, además de la profesionalización, muy importante.
—Incluye la ganadería.
—Sí, es un modo de vida, más que una actividad laboral, por lo que necesita muchos apoyos, porque donde llega un ganadero extensivo, no hay recursos públicos para gestionar un monte. Comarcas como la Sierra de Segura son un ejemplo que de que se puede vivir de la ganadería.
—¿Qué decisión tomada durante su etapa como delegada considera que no ha funcionado como esperaba?
—Más bien una decisión adoptada o impuesta que, al final, afecta: la excesiva burocratización de todos los procedimientos. Es una asignatura pendiente.
—¿Ha pensado de qué se siente usted más satisfecha?
—Este sector me ha dado mucho. De lo más satisfecha que estoy es del cariño de la gente. Tengo que decir, con mucha humildad, que vaya al pueblo que vaya, encuentro respeto y cariño de verdad.
—¿Y lo que menos?
—También lo mismo, porque el trato tan cercano con la gente a veces quema y hace que los días sean más largos. De todas maneras, compensa todo.
—¿Qué tiene que decir a quienes aseguran que la Junta no hace nada en Jaén?
—Es muy fácil hablar, pero hay que aterrizar. Es verdad que somos lentos, nos cuesta mucho las cosas..., pero eso de que la Junta no haga nada aquí, no. No voy a relatar todo lo que ha hecho, pero hay mucho y queda más, porque las necesidades son infinitas.
—¿Tiene la ilusión del primer día intacta o hay desgaste?
—El viernes tuvimos la toma de posesión en la Consejería y vengo con las pilas cargadas. La única manera de conseguir el respeto es cumplir las promesas. Tengo la ilusión intacta y, aunque hay cansancio, nada que no pueda resolver un buen sueño. Será difícil perder la vocación de servicio público. Soy feliz así.