Sin carta de ajuste

17 ago 2019 / 11:28 H.

Al igual que no se debe edificar sobre tierra quemada, tampoco se deberían tomar decisiones drásticas sobre las cenizas de un medio de comunicación público. Los planes que el equipo de Gobierno de Julio Millán tuviera sobre la Radio Televisión Municipal Onda Jaén tenían que haberse puesto en cuarentena una vez que las llamas consumieron buena parte de los equipos de trabajo y del material que requieren los trabajadores para realizar sus tareas. Sin embargo, el fuego intencionado —según la propia investigación de la policía científica— sirve como coartada para plantear un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que penaliza doblemente a los trabajadores. No se puede decir que el don de la oportunidad haya primado en la gestión del asunto. Tocaba apoyar al equipo profesional y ofrecer un horizonte de garantías mínimas para que pudieran seguir trabajando dentro de algunas de las opciones que plantearon desde el comité de empresa que no eran descabelladas. Sin menoscabo de que los planes del Ayuntamiento pasaran por una reorganización del servicio público, recolocación de parte de la plantilla o cualquier otra medida que tuvieran prevista dentro de un “modelo mejorado y racional” del servicio como apuntó en rueda de prensa el concejal de Comunicación, José Manuel Higueras. El intento fallido de impedir que periodistas del organismo público “cubrieran” la rueda de prensa del pasado miércoles es un error que flaco favor hace a la necesaria negociación entre las partes y un atropello al sentido común. Poner en el brete a dos miembros de la Policía Local para impedir el acceso a medios “no acreditados” es una medida desproporcionada. Los que anteayer cubrían las convocatorias y mantenían una relación profesional con los políticos de turno se habían convertido, de la noche a la mañana, en unos peligrosos integrantes de una “kale borroca” periodística en horas siempre bajas. En estos escenarios del lejano oeste cabe poner en valor el pragmatismo de aquel periodista, Dutton Peabody, en la película “El hombre que mató a Liberty Valance”, que se reconocía como fundador, propietario, director y también el encargado de barrer el local”. Una visión adelantada a su tiempo para el periodista total y multitarea, enfrentado, en todo caso, con los que prefieren el “statu quo” o exigen que rueden cabezas para minimizar las críticas. El temor, sin duda, para los trabajadores, pero también debiera para su público jiennense, es que los seis meses de ERTE en Onda Jaén sean solo el preludio de un cierre, de un final de emisión que dejaría a la capital sin un medio público creado para prestar un servicio concreto. Por otro lado, no es un giro de guion sorprendente comprobar que desde la cantina de la política se paguen rondas interesadas ahora, cuando, históricamente, la gestión o, directamente, la falta de esta desde un punto de vista profesional y no interesado, permitió contrataciones sin criterio, o la degradación cuando se apostó por un modelo de ajuste de cuentas con un periodismo, presuntamente, estrella y que basaba su éxito en la soflama y en sembrar trincheras en cada esquina. Eran otros tiempos y de aquel costoso modelo se pasó a un trabajo coral, acorde con las necesidades que demandaba la propia sociedad. Nunca será tarea fácil y menos en periodo de elecciones, cuando el cronómetro rige los tiempos, pero para eso están los necesarios contrapesos de un medio público que ahora tiene en sus comprometidos trabajadores la punta de lanza para mantener un servicio cercano y necesario. No demos por bueno el “leitmotiv” del singular Peabody: “Estamos en el oeste, señor. Y cuando la leyenda sustituye a la realidad, publicamos la leyenda”. Políticos de distinto signo han pasado por el Ayuntamiento, con mayor o menor grado de intervención en el medio de comunicación, que ha sobrevivido, en buena parte, por unos trabajadores que suplían la falta de medios o criterio con su profesionalidad. Si mal no recuerdo al final de la película, con el discurrir del tiempo, aún se mantiene abierto el periódico “The Shimbone Star”, contando las fechorías de unos y otros.