“Quería ser autosuficiente, aunque sabía que los rendimientos tardarían”
Al noreste de la provincia, en el municipio de Castellar, hay una empresa que se ha convertido en referente de calidad artesana y diseño transformando el “corazón” del principal tesoro económico de Jaén: sus olivos. Hace dieciocho años que Aniceta Vico Guzmán imaginó la realidad consolidada que hoy es Arteoliva, una empresa que surgió de la impotencia. “Observando mi entorno vi que en el aprovechamiento de la madera de olivo había un nicho de negocio. Era una pena que no aprovecháramos una madera tan dura”, señala. Y, replicando la idea que había visto materializada en Palma de Mallorca, a sus “cuarenta años”, y después de haber criado a cuatro hijos, esta huelmense decidió dar un paso al frente y emprender.
“Presenté el proyecto en un programa de autoempleo de mujeres europeo y recibí ayuda a la formación”, explica. En el año 2000 abrió sus puertas Arteoliva. Nacía “para explotar un recurso natural y dar un valor añadido al olivar” y se abastecía del deseo de Aniceta de “ser autosuficiente”, si bien —apunta—: “Sabía que, a corto plazo, los rendimientos tardarían en llegar”. El primer encargo que le hicieron fueron unos muebles para Madrid. “Ahora —dice, satisfecha— ya salen muebles para todos sitios —y hasta cuenta exportaciones a Francia, Canada o Japón—”. Los destinatarios son clientes particulares y también tiendas, y se debe a la “gama muy grande de artículos” que fabrica Arteoliva: desde utensilios de cocina, objetos decorativos y, por supuesto, muebles. Todo ello de forma artesanal y adaptándose a las singularidades de la madera de olivo. Dieciocho años se dicen pronto, pero el día a día de la empresa, en la que trabajan con ella sus dos hijos varones, no ha sido sencillo. “Lo más complicado es encajar bien el puzle. La fabricación, la comercialización, las ventas... Es difícil y, cuando vas remontando, vienen crisis y, en Jaén, [haber encadenado] varios años sin buenas cosechas influye en todos los negocios, pero también en este, porque lo que fabricamos es un artículo duradero y bonito, pero no de primera necesidad”.
Tampoco lo pone fácil estar “en una zona rural, bastante aislada”. “Las carreteras y los servicios no son tan cómodos como en una ciudad y todo tarda más: los productos de los proveedores, mandar los artículos...”, reconoce. “Pero tengo los olivares a mi alrededor; la materia prima está más cerca y las almazaras saben que trabajamos olivo y me reservan las mejores maderas”, se enorgullece la empresaria.