Las temperaturas sofocantes del pleno verano parecen haber quedado atrás, pero bajar la guardia a estas alturas es un error frecuente. Aunque la sensación térmica en la calle sea más agradable, el sol de finales de verano sigue teniendo fuerza suficiente para convertir un vehículo estacionado en una auténtica trampa de calor. Según un estudio sobre la radiación solar en vehículos elaborado por el Real Automóvil Club de Catalunya (RACC) junto al Touring Club Switzerland (TCS), la temperatura en el interior de un coche expuesto al sol puede elevarse hasta 20 grados por encima de la temperatura ambiente en tan solo 30 minutos.
Este brusco incremento convierte al coche en un entorno hostil para objetos que habitualmente se olvidan sobre los asientos o el salpicadero. Los riesgos no se limitan al deterioro del producto, sino que abarcan accidentes graves:
En primer lugar, es muy importante no dejar dentro dispositivos electrónicos y baterías de litio. Desde los servicios de emergencias y Bomberos recuerdan que móviles, portátiles o powerbanks sufren un rápido deterioro químico al superar los 50 grados. En casos extremos, la batería de litio puede hinchársele la carcasa e incluso entrar en autocombustión.
Por otro lado, las gafas de sol y botellas de agua, tampoco es buena idea dejarlo dentro del coche. La National Fire Protection Association (NFPA) advierte sobre el denominado “efecto lupa”. Si la luz solar incide directamente a través de las lentes de unas gafas o del agua de una botella de plástico transparente depositada en el salpicadero, puede refractar un punto de calor concentrado capaz de derretir plásticos o prender fuego a la tapicería.
Seguidamente, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) insiste en que conservar fármacos por encima de los 25 o 30 grados —como la insulina, los colirios o el paracetamol— altera sus propiedades químicas y provoca la pérdida total de su eficacia terapéutica. Junto a ello, aerosoles, mecheros y geles hidroalcohólicos, tampoco, debido al aumento de la temperatura, los recipientes presurizados como desodorantes o encendedores sufren un aumento severo de la presión interna que puede provocar su explosión. En el caso de los geles, el alcohol se evapora generando gases inflamables dentro del propio envase.
Por lo que, antes de bajarte del coche, no está de más echar una vista rápida al coche, ya que, puede evitar un susto mayúsculo o una avería costosa antes de la llegada definitiva del otoño.