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lunes, 22 julio 2019
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URGENTE

Le piden cárcel por vigilar a su novia con una aplicación espía

Le regaló un móvil con un programa oculto que controlaba todo lo que hacía
  • ILEGAL. Una de las muchas aplicaciones para convertir el móvil en una “máquina de espiar”.
    ILEGAL. Una de las muchas aplicaciones para convertir el móvil en una “máquina de espiar”.

Le regaló a su novia un móvil envenenado. Sin que ella supiera nada, había instalado en el terminal una aplicación que permite tener el control absoluto del usuario: llamadas, mensajes de ‘whatsapp’, correos electrónicos, redes sociales, ubicación, cuentas corrientes y acceso remoto al micrófono y la cámara del teléfono, que eran vistos y activados permanentemente por Jesús F. J. Ahora, este veinteañero jiennense ya sabe a lo que se enfrenta. La Fiscalía ha pedido para él una condena de siete años de cárcel por un delito de revelación de secreto y tres delitos de coacciones.

Los hechos se remontan al pasado mes de julio, cuando la chica, que ahora tiene 28 años, se personó en la Comisaría para denunciar que estaba siendo víctima de malos tratos psicológicos por parte del que era su pareja desde hacía nueve meses. En su declaración, la mujer añadió que sospechaba que Jesús le estaba controlando el teléfono. Relató que no era normal que él supiera el lugar y determinadas situaciones que le sucedían en la vida cotidiana. La Policía Nacional confirmó sus temores. Los agentes comprobaron que el terminal tenía instalada una aplicación espía y detuvieron al joven, que fue puesto en libertad con cargos.

El escrito de acusación del Ministerio Público describe al acusado como un hombre “celoso, posesivo y manipulador”: “Ha humillado, vejado, controlado y aislado a su pareja”, añade la fiscal en su calificación provisional de los hechos. Por ello, presuntamente le regaló el móvil con el programa espía. “Quería saber siempre dónde estaba, qué iba a hacer, con quién y de qué hablaban”, sostiene.

La relación, que la Fiscalía califica de “insoportable”, duró nueve meses. Ella intentó cortar en varias ocasiones: “El acusado le pedía perdón, la abrazaba y le decía que ya no se iba a repetir, que se iba a suicidar si ella le dejaba. De esta manera, conseguía que ella se sintiera culpable y que retomara el noviazgo”, aclara el Ministerio Público.

Finalmente, y tras varios episodios de este tipo, la joven se enteró de que Jesús F. J. la tenía controlada a través del sistema espía. Fue el 2 de julio de 2015. Ese día cortó con él definitivamente. Cuatro días después, el acusado fue a buscar a su expareja a casa de una amiga. El fiscal dice que le exigió “de forma violenta” que le devolviera el móvil. Tras “varias amenazas”, ella se lo entregó. Presuntamente, el procesado cogió el terminal y lo estampó contra el suelo, haciéndolo añicos.

Pocos días después, la Policía Nacional detenía a Jesús F. J., que, ante el juez instructor, reconoció la instalación del programa espía en el terminal de la que era su novia. Además, la Fiscalía cuenta también con el testimonio de un amigo de la pareja al que, al parecer, el acusado le dijo lo que estaba haciendo para que hiciera lo mismo con su mujer. Él se lo contó a la perjudicada, tal y como indican fuentes judiciales, que entonces tuvo la certeza de que Jesús F. J. controlaba todos sus pasos.

Para el Ministerio Público, los hechos son constitutivos de un delito de revelación de secreto, por el que se piden 4 años de cárcel, y tres delitos de coacciones, que conllevan una solicitud de un año de prisión por cada uno de ellos. Además, la Fiscalía solicita al juez que Jesús F. J. no pueda acercarse a la que fue su pareja durante catorce años.

El proceso judicial está pendiente de un recurso presentado por la defensa ante la Audiencia Provincial contra el auto de apertura de juicio oral dictado por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer.

El detalle

precaución. Convertir un “smartphone” en una máquina de espiar es más fácil de lo que podría pensarse. Basta con tener acceso físico al móvil unos minutos, descargar una aplicación de monitorización y concederle todos los permisos durante la instalación. A partir de ahí, la aplicación puede alojarse entre los “servicios” que están trabajando en segundo plano en un móvil inteligente las 24 horas y ser prácticamente indetectable.