Juan Luis Ávila: “La Unión Europea está totalmente vendida al comercio internacional”

El secretario general de COAG-Andalucía acusa a Europa de permitir la entrada de productos de terceros países con sustancias prohibidas

25 ago 2025 / 19:30 H.
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LA ENTREVISTA

Juan Luis Ávila, el secretario general de COAG-Andalucía, resalta la independencia de la organización de partidos políticos y corrientes económicas como un pilar fundamental para abordar el futuro con solvencia y acusa a Europa de engañar a la población al permitir la entrada de productos de terceros países con sustancias prohibidas, vendiéndolos al mismo precio y ocultando su origen. Crítica el proyecto de las megaplantas fotovoltaicas en la comarca de La Campiña, calificando de una “auténtica locura” su proliferación en las mejores tierras agrícolas de los términos municipales de Lopera, Arjona y Marmolejo. Solicita una paralización y una reconsideración de su ubicación para evitar daños irreversibles y pide que se instalen en zonas no productivas y alejadas de autovías para evitar impacto visual y la destrucción de olivos centenarios.

—¿En qué momento se encuentra COAG-Andalucía?

—En un momento muy bueno, sobre todo porque la organización está muy unida en todas las provincias andaluzas. Hemos hecho una candidatura de unidad en torno a la organización con el objetivo de mirar hacia adelante, en un cambio muy importante para nosotros, que ha sido sustituir a Miguel López, quien ha estado al frente de COAG-Andalucía muchísimos años. Nuestro enfoque de ser una organización agraria independiente, de ser una entidad que no está supeditada a ningún partido político, ni a ninguna corriente económica, nos permite afrontar el futuro con bastantes posibilidades.

—¿Cuáles son los retos que se ha marcado desde que asumió el cargo el pasado mes de mayo?

—Mis retos son conseguir cosas concretas, aunque parezca una cosa con poco fondo. Pero realmente no me voy a poner como reto hacer cambios que serán muy difíciles que llevemos a cabo, como, por ejemplo, las fronteras. Las fronteras es un tema que llevamos 30 años peleándolo, pero sabemos que no va a ser nada fácil el que se exijan las mismas cosas en frontera como nos exigen a nosotros. Tendría que producirse un cambio global muy importante para que eso lo podamos abordar. Una de las líneas que vamos a trabajar va a ser intentar hacer un gran acuerdo con la sociedad, que nos permita visualizar cuál es realmente el problema, que es depender únicamente de la entrada de productos de terceros países. La sociedad tiene que ver que los productos que vienen de esos terceros países son productos que, en su inmensa mayoría, no cumplen los estándares que tenemos en la Unión Europea. Intentamos que se produzca este cambio a través de la sociedad. Como organización agraria, peleando en la calle, va a ser muy difícil que esos cambios estructurales podamos llevarlos a cabo. Son temas más a largo plazo. A corto plazo, en cambio, tenemos que ir día a día. Tenemos muchas cuestiones: mucha burocracia tonta y otras muchas pequeñas cosas que complican tremendamente la vida a los agricultores y a los ganaderos. Estas son las que voy a intentar resolver una tras otra.

—¿Cómo es posible que la mayoría de los productos que llegan de terceros países no cumplan los estándares de la UE?

—La Unión Europea está totalmente vendida al comercio mundial. Yo casi que dudo de que estemos en una situación de democracia. Estamos en una situación de tecnocracia total y absoluta. Estamos en manos de una serie de funcionarios, asentados en Bruselas, que están dirigiendo la Comisión Europea con un enfoque donde cada vez hay más lobbies de poder del comercio mundial y que les presionan mucho. Ahora mismo lo acabemos de ver con los aranceles. EE UU te pone unos aranceles de una forma muy dura y nosotros, al final, siempre negociamos con lo mismo. Negociamos mandar coches, pero a los productos agrícolas no pasa nada si se tienen que fastidiar, porque ya traeremos otros productos de terceros países, incluso más baratos que los que se producen aquí. Pero si esto es lo que quieren, lo que hay que hacer es decírselo claramente a la población: os vamos a traer porquería de otros países para que os alimentéis y esto es lo que hay. Y si hay una pandemia, hay una guerra u otras situaciones como las que hemos vivido en estos últimos años, pues lo mismo no podéis comer tres veces al día. Y se le habla claro a la gente. Somos coherentes con lo que estamos haciendo, pero lo que no podemos hacer es decir que lo que se está fomentando es la soberanía alimentaria, que es, ni más ni menos, el principal objetivo que debería tener un país en un escenario como para el que nos están preparando. La Unión Europea incrementa el presupuesto para defensa por cinco veces y propone hacer recortes en la PAC. Si nos están preparando para un posible escenario bélico, qué sentido tiene reducir un 20% el dinero que se dedica a la alimentación, cuando en una situación de conflicto bélico se cierran las fronteras y lo más estratégico es poder comer. Y a partir de ahí luego ya podrás tirar o no tirar bombas. Pero si no comes, hemos terminado. Esta gente va por un camino en su burbuja de Bruselas que es totalmente ajena a la realidad. Y el problema es que los gobiernos, unos y otros, no están siendo capaces de marcar cuál tiene que ser el sentido real de la Unión Europea. La desafección de los ciudadanos con la Unión Europea cada vez es mayor y eso lo estamos viendo en que, por momentos, estamos perdiendo capacidad como potencia mundial.

—¿Se está engañando a la población desde Bruselas?

—Sí, claramente. Un aceite que venga de Túnez, que allí no se controla absolutamente nada, se mezcla en muchos casos con aceite de Jaén para colocarlo en el mercado como si fuese de aquí. Y es aberrante que, ante estas situaciones, no haya ningún tipo de control. Nosotros, hace unos días, estábamos cobrando el aceite a 3 euros y pico en origen. ¿A 3 euros y pico en origen podemos traer 65.000 toneladas sin arancel de Túnez cuando a nosotros nos están poniendo un arancel de un 15% para mandarlo a EE UU? Esto es un despropósito. El problema es que la gente no lo sabe, la gente no sabe que te traen alimentos de terceros países y que al final no los pagan más baratos, porque los están pagando al mismo precio. El que se lleva el dinero es el intermediario de la cadena. Tenemos que avisar a la población de que llevamos más de 400 alertas sanitarias por productos que vienen hasta las trancas de cosas que aquí dejaron de utilizarse hace muchos años. Mi abuelo las dejó de utilizar hace 40 años.

—¿Podría profundizar sobre cuáles son los problemas a solventar a corto plazo?

—Es fundamental el tema del agua y el Guadalquivir es la columna vertebral de Andalucía. Creo que se tiene claro a nivel político, pero no se está teniendo la garantía política de afrontar lo que realmente tenemos sobre la mesa, que es un escenario claro de cambio climático. Los veranos cada vez son más fuertes. Eso hace que con una dotación de 1.500 metros cúbicos que tenemos en el olivar no sea ni mucho menos suficiente. Y eso cuando la tenemos, porque la mayoría de ocasiones ni siquiera la tenemos. Creemos que se le tiene que meter mano al Guadalquivir, no puede ser que estemos tirando el agua en un cultivo como el arroz, que no genera ni empleo ni riqueza y que supone 30.000 hectáreas, que al final son solamente dos pueblos de Andalucía. Con esa agua podíamos transformar una parte importantísima del olivar que tenemos en Andalucía. O meternos en otros cultivos, sean los que sean, generadores de empleo y riqueza. Hay que meterle mano a la priorización basada en que un bien público tiene que generar riqueza y no estar con concesiones de hace 70 años que no nos llevan a ningún sitio. Tenemos que revisar las concesiones al alza porque con el cambio climático va a ser necesario hacerlo. Tenemos que ver si hay determinados cultivos que no se pueden sembrar en Andalucía debido a que sus demandas hídricas están fuera del rango permitido.

—¿Alguno más?

—Otro tema también importante para nosotros es el empleo. Vemos que nos enfrentamos a una nueva campaña de aceituna y la gente cada vez tiene más miedo de enfrentarse a la campaña, porque es que no encontramos a gente para trabajar. Y ocurre en una situación en la que hay un desempleo tremendo en las zonas rurales. Creo que se le tiene que dar una revisión al subsidio agrario, cuyo modelo ha sido un éxito en Andalucía y en Extremadura, para que se haga atractivo el ir a echar una campaña de aceituna. No puede ser que ir a echar una campaña de aceituna o ir a echar una campaña de cítricos, más que beneficiarte, casi que te genere complicación de vida y al final no te suponga gran cosa. Tenemos que buscar un enfoque que consista en que, si salen 40 días de aceituna, cualquier persona en la provincia de Jaén que esté cobrando el subsidio agrario le interese y mucho. Y la fórmula creemos que no es poniendo limitaciones o penalizando, es más bien justo lo contrario. Hay que incentivar al trabajador. Si cobra subsidio, que al final es una cosa necesaria para que la gente se quede en los pueblos, tendrá que cobrar más todavía. Hay que buscar un formato que permita que sea atractivo ir a trabajar. No puede ser que sea una complicación el echar 30 o 40 días de aceituna.

—¿Los aranceles impuestos por EE UU suponen una gran amenaza para los cultivos andaluces?

—Yo entiendo que no. El vino que estamos exportando a EE UU es de calidad y el consumidor no va a dejar de comprarlo porque suba un 15%. Y en el aceite de oliva también tengo clarísimo que los aranceles no tienen por qué tener ningún efecto negativo. Hace un año se estaba comprando el aceite en origen a 9 euros y el consumo en EE UU fue una barbaridad. Ahora mismo, con el precio en origen a 4 euros, un 15% no va a suponer nada. Lo que sí nos supone un cabreo es ver, por ejemplo, lo que sucede en el sector de la almendra. Nosotros somos a nivel mundial en el aceite de oliva lo que California es en la almendra. Es decir, somos los que abastecemos al mundo de aceite de oliva y EE UU es el país que abastece al mundo de almendra, incluido a España, que importa una auténtica barbaridad procedente de EE UU para toda la industria manufacturera de turrones y del procesado de la almendra. Y ahora nos vemos en un escenario donde vamos a tener que pagar un 15% para llevar el aceite allí y, sin embargo, para traer la almendra aquí, EE UU va a tener que pagar un 2, 3 o 4%. Aún está por decidir. Este es el engaño permanente al que nos somete la Unión Europea.

—¿Cómo ve el cultivo de la almendra en la provincia de Jaén?

—Tuvo un boom hace unos años con la subida de precios y ahora está pasando una crisis. Ahora hay mucha gente que está arrancando los almendros. La almendra es un cultivo muchísimo más técnico que el olivar. Al final, donde se ha plantado se ha puesto en regadío y es un frutal a todos los efectos. La plaga del gusano cabezudo está generando muchos problemas y está provocando que se pierdan plantaciones completas. La gente no se complica, arranca los almendros y planta olivos. Creo que en la provincia era un cultivo interesante porque era una alternativa. Para mí sigue siendo interesante y voy a seguir tirando para adelante. Es una forma también de diversificar y no tener todos los huevos en la misma cesta.

—¿Y el cultivo del pistacho?

—Igual. El pistacho tuvo un inicio fuerte, también por la tendencia de precios que tuvo en su momento. Pero la verdad es que ahora se ha producido una paralización de nuevas plantaciones de pistacho y lo que hace falta es que las plantaciones que se instalaron estén operativas. Sin embargo, creo que se está haciendo un trabajo muy bueno en el sector del pistacho y puede ser que pronto tengamos mayores volúmenes de este fruto en la provincia de Jaén.

—¿Qué previsión tiene de la próxima campaña de aceituna en la provincia de Jaén?

—Vemos cada vez menos aceituna y además de una forma muy clara. Todo el mundo comenta lo mismo: las olas de calor han pasado factura. El fruto está más pequeño de lo normal en estas fechas y eso es una queja generalizada en todos los sitios. En los meses de junio y julio el fruto tuvo una inercia bastante buena, pero se ha paralizado totalmente porque hemos tenido en agosto temperaturas por encima de los 40 grados más de veinte días seguidos. Incluso con riego supone un problema para los olivares y los secanos están en una situación límite. Prevemos menos fruto del que esperábamos y más pequeño. Cuando el fruto es más pequeño, nos hace prever también que puede ser que los rendimientos no sean muy altos. Creo que se espera una reducción del 30 o 40% respecto al año pasado debido a que las olas de calor han afectado al tamaño del fruto. Sin embargo, todavía hay partido, tenemos por delante el próximo mes. Las lluvias de septiembre podrían mitigar el impacto, pero el panorama es preocupante. Si llueve de una forma muy contundente, podemos recuperar muchos kilos de aceite. El problema es que llevamos un montón de años en los que no vemos agua en los meses de septiembre y octubre, se ve ya metidos en el puente de Todos los Santos. Y si esto sigue así, todavía podemos ir a peor.

—¿Qué opinión tiene acerca de las megaplantas solares en la comarca de La Campiña?

—Es una auténtica locura. Esto se tendría que haber programado de otra forma. El problema en España es que siempre ha habido una falta de organización, siempre ha faltado un proyecto de país serio con las cosas importantes organizadas con una previsión a 10 o 15 años por delante. No tiene ningún sentido que hayamos echado los tendidos eléctricos por las zonas donde tenemos las mejores tierras y eso te fuerce a que tengas que colocar placas solares en las mejores tierras de Andalucía, cuando perfectamente se podían haber trazado esos tendidos por zonas en las que la tierra no produce absolutamente ningún tipo de beneficio. Considero que deben instalar los paneles fotovoltaicos en lugares que no estén al lado de la autovía, porque la contaminación visual es una auténtica locura, y en sitios que no afecten a las mejores tierras de Andalucía. Hay muchas zonas baldías y han escogido las mejores tierras de olivar para colocar las placas solares. En Lopera se están destrozando los mejores olivos de la provincia de Jaén. No tiene ningún sentido. Probablemente nos veamos dentro de unos años diciendo hay que ver lo que hemos hecho y preguntándonos cómo reconducimos eta situación. Nosotros lo que estamos pidiendo es que esto se tiene que abordar de una forma mucho más seria para que no tengamos una mancha negra en la entrada a Andalucía.

—Pero el daño ya está hecho.

—Sí, está hecho. Y, frente a este problema, la solución es difícil. Jugamos con este cortoplacismo en el que permanentemente estamos instaurados. Pienso que hay que estudiar otras posibilidades y que el proyecto se tiene que paralizar. Se tiene que tratar tranquilamente y ver realmente si tenemos alguna otra opción. No seguir en una inercia que lo único que nos puede generar es que dentro de unos años tengamos que dar marcha atrás.

—¿Cómo está el sector ganadero?

—La ganadería extensiva está cogiendo fuerza, cuando eso era impensable hace unos años. Hay muchos jóvenes que se están incorporando a la ganadería extensiva. Ahí se está haciendo un trabajo bueno. Estamos colaborando con la Consejería de Medio Ambiente y estamos consiguiendo nuevos terrenos para que no se produzca lo que se está produciendo en el resto de España. Si haces la vida imposible a los ganaderos, se van del territorio. El pasto crece y, cuando se echa una cerilla, se tarda nada en montarse un circo.

—¿Qué ayudas necesitan los ganaderos?

—Lo primero que necesita un ganadero es no tener que llevar quince libros para un rebaño de mil ovejas. Es una auténtica broma, un cachondeo. Te hace estar todo el día rellenando papeles. Necesitas a un veterinario metido en la finca todo el día. Lo segundo que hace falta es buscar salidas. No puede ser que a los ganaderos se les haya hecho la vida tan difícil y estén abandonando la inmensa mayoría. Nos encontramos con los incendios de ahora porque el campo está perdido. En aquellos sitios, donde sigue habiendo cabañas ganaderas y donde siguen estando los ganaderos, el pasto está más o menos controlado. Si se produce un incendio, no avanza a la velocidad que está avanzando en el centro y en el norte de España. ¿Y qué hace falta? Pues, por ejemplo, que el cordero segureño se venda a un precio razonable. No puede ser que estemos compitiendo con corderos que vienen de sepa Dios dónde, que van hasta las trancas de hormonas y que cuando entran en el mercado, entran en igualdad de condiciones que los nuestros.

—¿La lengua azul es un problema del que deben estar preocupados los ganaderos?

—Sí, y especialmente los de Jaén, porque el serotipo que está entrando por Córdoba y Jaén nos preocupa que haga mucho daño. Hacemos un llamamiento a vacunar todo lo que se pueda y a estar muy pendiente del tema porque realmente nos puede generar un problema.

—¿Es necesario que los políticos vayan más al campo para comprobar su situación?

—Totalmente. Como siempre nos han tratado de catetos a los del campo, yo les llamo ahora urbanistas catetos. Están en su ciudad, en su historia, y tienen una opinión súper formada de lo que sucede en el campo. Hablando en plata, no tienen ni puñetera idea, absolutamente nada. Están permanentemente condicionando las políticas que nos aplican para el día a día en nuestro campo. Hay un medioambientalismo de ciudad barato, cutre salchichero, que no tiene de fondo nada real. Es una locura. Nosotros necesitamos gente que sepa de lo que está hablando. Es fundamental que una persona que quiere hablar de lengua azul sepa de lo que va el tema. Es fundamental que una persona que quiere hablar de cubiertas vegetales en los ecoesquemas sepa de lo que va el tema.

Jaén