LA ENTREVISTA
Tiene experiencia, cuenta con el aliento de sus compañeros, sabe cuáles son las fortalezas y las debilidades del sistema y no le falta pasión en el trabajo que desempeña desde hace más de dos décadas. Francisca Martínez Molina (Linares, 1969), magistrada de la Sección Social del Tribunal de Instancia número uno de Jaén, afronta el cargo de presidenta del Tribunal de Instancias de Jaén con ilusión por trabajar por la mejora de un modelo que vive un proceso profundo de transformación. Pendiente de la publicación en el Boletín Oficial del Estado, ya está arremangada y en faena.
—¿Quién es, exactamente, Francisca Martínez Molina?
—Es una mujer ya con una cierta experiencia, pero no falta de ilusión en todos los retos que se propone. Una chica de Linares que tenía la ilusión de estudiar Derecho con una finalidad: presentarse a las posiciones de Judicatura. Fui una afortunada en poder sacar las posiciones y aquí estoy.
—¿Por qué quiso ser jueza?
—Yo aprendí de la responsabilidad de mi padre, de mi familia, que me inculcaron unos principios muy importantes. También el estudio, el tener una independencia, la carrera de Derecho me gustaba mucho, el servicio público... Yo creo que esos fueron los motivos principales por los que opté, ya en cuarto de carrera porque entonces era licenciatura de cinco años, para dar el paso en quinto y empezar a prepararme a las oposiciones. Por cierto, fue mi preparadora Pilar Alcaraz, la fiscal jefe, por lo que tengo de ella un recuerdo muy cariñoso y yo creo que también ella de mí.
—¿Cómo afronta el cargo de presidenta del Tribunal de Instancias en Jaén?
—Lo afronto con ilusión, en primer lugar, porque tengo el apoyo de la compañera que se ha ido, Valle Elena Gómez, que ha dado un paso a un lado para que otra compañera pueda también ejercer este cargo de presidencia. Y, por otro lado, con el apoyo de los compañeros. Con lo cual, eso es un ánimo que me hace pensar que voy a poder sobrellevar este reto con toda la ilusión.
—¿Qué le movió a dar el paso?
—Vivimos unos cambios muy importantes, es decir, ahora están instaurándose los tribunales de Instancias, que ya queda poquito, y yo tengo cierta experiencia también, porque estuve diez años en la Sala de Gobierno, por lo que he afrontado problemas a nivel de la comunidad autónoma. En este sentido, cuando tuve conocimiento de que Valle Elena Gómez ya no iba a continuar como presidenta, entonces me movió la necesidad de poder presentarme, porque ya voy teniendo una edad, tengo cierta experiencia, y sabía que si no me presentaba ahora, pues quizás dentro de unos años no tendría el impulso y la ilusión de poder acometer este reto.
—¿Ha recibido alguna recomendación de su antecesora?
—Sí, diálogo y paciencia, no solamente con la Administración, que es la que nos va a dar los medios materiales y personales que se requieran, sino también con los compañeros con los que tengo que tener un trato diario en relación a todas aquellas necesidades con las que puedan verse en el camino, en el día a día del trabajo. Lo que intentamos es que la labor jurisdiccional se pueda acometer con tranquilidad y con unos medios que podamos tener a nuestro alcance y que nos hagan fácil nuestra tarea de servicio público.
—¿Cree que es importante la mirada de mujer en la labor de dirigir a los jueces?
—Quizás tenemos más mano izquierda. Conozco a todos los compañeros después de veintiún años en los juzgados de lo Social y saben cómo soy... Yo creo que las mujeres nos entendemos un poquito más en lo que es la organización y llevanza de asuntos. Y con esto no quiero decir que los hombres no lo lleven bien, pero creo que tenemos esa sensibilidad especial para comprender los problemas del día a día.
—¿Qué supondrá para la provincia de Jaén la aplicación de la Ley de Eficiencia del Servicio Público de Justicia?
—En primer lugar, es una ley que se crea a coste cero, es decir, hay que plantear unos cambios en todas las sedes judiciales, en una organización totalmente distinta a lo que teníamos antes, a lo que conocíamos como juzgado, y se están acometiendo una serie de transformaciones muy importantes. Ya no somos juzgados, sino secciones. Esto, a coste cero, ha evidenciado que se han amortizado puestos de trabajo, hay que acometer el trabajo que teníamos con menos funcionarios, hay que ver si los protocolos que se han ido ideando para que esto marche, funcionan de verdad y, en este sentido, esto nos va a llevar muchos problemas de acoplamiento. A la larga, yo creo que va a ser positivo. El hándicap es la sede judicial. En Jaén es muy importante que tuviéramos una Ciudad de la Justicia. Tenemos muchas sedes y el trabajo se nos complica y se nos hace más difícil.
—¿Cuáles son las necesidades judiciales que requieren una solución urgente?
—La sede judicial, es decir, la Ciudad de la Justicia es fundamental para que se ponga en marcha el funcionamiento de los tribunales. Necesitamos un edificio en el que estén todas las secciones de Civil, de Penal, de Social, los servicios comunes... Fundamentalmente, es lo primero que tenemos que intentar conseguir, ya se está diciendo que dentro de poquito, pero veremos a ver lo que pasa. Y luego también necesitamos más plazas, lo que antes eran juzgados, es decir, plazas de magistrados. Sabemos las carencias que ha tenido Mercantil, lo mismo que en la Sección Civil, en Penal de la Audiencia Provincial, en Instancia, en Social, porque llevamos muchos años con refuerzos, pero sin resolución de un problema estructural. Esas son las principales urgencias que tenemos, unidas a los medios informáticos, para que funcionen y no caigan. Sé que esto es muy difícil y sé que se ponen todos los medios necesarios y siempre están dispuestos para atender aquellos problemas que tenemos, pero siguen siendo muchos. Todo tiene que encajar como piezas de un puzzle para que dentro de un tiempo pueda funcionar correctamente.
—Fue en 1996 cuando empezó a caminar por los despachos administrativos la Ciudad de la Justicia. ¿Usted confía en su construcción definitiva?
—Desde que estoy en Jaén, hace ya 21 años, siempre nuestra gran reivindicación ha sido la Ciudad de la Justicia. Hace mucho tiempo que se iba a poner la primera piedra, todos estábamos contentos, pero ya empezaron los problemas administrativos. He pasado por la Sala de Gobierno, por diferentes consejerías y todas en las que íbamos reivindicando nos decían que Jaén iba a tener pronto esta infraestructura, que ya teníamos el espacio físico, que ya mismo iba a estar... Fueron promesas que no dejaron de ser eso, promesas. Estoy esperando que esta última que nos dicen que para 2029 es posible, realmente sea cumplida. Confío y deseo que no me vaya de Jaén sin tener la Ciudad de la Justicia.
—¿Usted aboga por que la Audiencia Provincial se mantenga en Arquitecto Berges?
—Sí, yo veo que es un lugar emblemático. En otras sedes también se ha mantenido la Audiencia Provincial en sus antiguos edificios y se ha trasladado la Ciudad de la Justicia. Pero bueno, eso ya es una cuestión que posteriormente tendrán que resolverse.
—¿Será usted reivindicativa?
—Yo sí, porque se lo debo a mis compañeros, fundamentalmente, que son los que confían en mí. Entonces, para que funcione la Justicia tenemos que tener los medios tanto personales como materiales necesarios y voy a intentar escuchar, voy a acogerme a ese consejo de Valle Elena Gómez, además del diálogo. Voy a hablar con los compañeros para solventar sus problemas.
—¿Qué es lo primero que tiene previsto poner encima de la mesa de la Administración?
—Ahora mismo es muy difícil saber lo que puedo poner encima de la mesa. ¿Por qué? Porque todavía no sé estos protocolos de actuación en cuanto a las secciones y los tribunales de Instancia. Lo que quiero, en primer lugar, es ponerme al día, ver cómo ha quedado la estructura, si están los compañeros contentos con los medios personales con los que cuentan para realizar su trabajo, con los recursos materiales, con las sedes... Todos estos análisis son los que voy a intentar afrontar en mi inicio.
—Pero usted conoce las necesidades del día a día...
—Sí claro. Aparte de la sede, que es fundamental, los medios materiales. Es decir, contar con un sistema que, una vez afinados los inconvenientes de la gestión procesal, funcione, con comunicación con todos los demás juzgados y, sobre, todo, que no existan caídas, que eso es muy importante. Los jueces trabajamos por las tardes, porque el desarrollo de la mañana del despacho o de los juicios nos obliga a encender los ordenadores personales que nos proporciona también la Junta para que podamos trabajar con nuestro sistema. Lo que ocurre es que, a veces, los programas se caen y tenemos que conseguir que eso se produzca lo menos posible. Por otra parte, los recursos personales, es decir, el funcionariado, pero primero tenemos que ver cómo han quedado las plantillas y cómo están reestructuradas todas las secciones para poder atender a sus necesidades en el día a día, es decir, en el juzgado, cuando tengo que hacer una práctica de prueba, a quién me dirijo, cuando tengo que recoger un procedimiento, tener esos funcionarios de enlace que funcionen bien, porque son doce sedes, con lo cual es muy complicado y a veces incluso en Instancia hay compañeros que tienen empleados en diferentes localizaciones.
—¿Por qué es lenta la Justicia?
—No porque los jueces queramos que sea lenta, porque son profesionales, son humildes, llevan su trabajo como bandera y sacrificio. ¿Qué ocurre? Pues que se necesitan más plazas, que antes eran juzgados. Con este sistema de tribunales posiblemente se puedan crear más de magistrados, porque no hay que hacer una organización completa y estructural de lo que entendíamos como un juzgado, para cuya constitución se necesitaba el magistrado, los funcionarios y una sede. Ahora, simplemente, con lo que tenemos ya, podemos crear cuantas plazas de magistrados sean necesarias. Por ejemplo, si en esta sección de lo Social creáramos varias plazas de magistrados, quizás los señalamientos irían más rápidos, los juicios se señalarían antes y la respuesta al ciudadano sería más pronta.
—¿Hay carga de trabajo?
—Sí, hay sobrecarga de trabajo.
—¿Cree que es bueno comarcalizar y tener jueces especializados en violencia de género?
—Sí, pero hasta cierto punto, porque tenemos que tener en cuenta también la carga de trabajo que tiene cada uno de los juzgados.
—¿Cómo deben ser las relaciones con los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado?
—Deben de ser también de diálogo y continuadas. Me reuniré, cada cierto tiempo, con todos para ver todas las necesidades que se tienen. La marcha de los juzgados de lo Penal, incluimos también los de Instrucción y los de Violencia sobre la Mujer, deben de tener un contacto continuo para poder limar todas aquellas problemáticas que puedan producirse.
—¿Hay reticencia en el oficio para elegir Jaén como destino?
—No, no creo que haya reticencia. Es más, muchas veces, incluso hay compañeros que desearían volver a Jaén. De hecho, vemos que vienen de Granada y de otras ciudades para poder promocionar. Jaén es una ciudad tranquila y quien no quiere venir a Jaén, viene llorando y se va llorando. Esta tierra suele acoger muy bien a todos los profesionales.
—¿Cuál quiere que sea su impronta cuando deje el cargo?
—Comprensiva, dialogante, resolutiva en los momentos en los que deba de serlo. Yo pretendo acometer este trabajo lo mejor posible. Al menos esa es mi intención.
—¿Qué es lo que más le apasiona de su trabajo?
—A mí, de siempre, el servicio público, el poder resolver todos aquellos problemas que nos puedan plantear los ciudadanos y tener sensibilidad. Siempre, no solamente en el Social, sino en Instancia o en instrucción.
—¿Un magistrado se lleva los problemas a casa?
—Sí, aunque con la experiencia llega un momento en que asumes que debes deslindar lo profesional con lo personal. Es difícil, algunas veces cuesta trabajo y nos los llevamos a casa, pero conforme va pasando el tiempo, la experiencia ayuda a diferenciar y a entender que tienes que disfrutar de tu vida sin que te coarten estos problemas que tenemos diariamente en el juzgado.
—¿Cómo le ha tratado la vida?
—A mí la vida me ha dado muchas experiencias, buenas, malas, regulares, y de todo, uno aprende a ser fuerte. Haciendo un resumen general, con las cosas malas que me han pasado y con las buenas, no me puedo quejar. Puedo considerarme una persona satisfecha en todo lo que he hecho y muy afortunada.
—¿Qué transmite a sus hijos?
—El sentido de la responsabilidad es fundamental, el respeto a los demás, porque uno puede exigir sus derechos si no respeta los derechos de los otros, que sean buenos ciudadanos y buenas personas.
—¿Resta o suma ser mujer en el sector judicial?
—Ni resta ni suma. Yo lo hablo desde mi propia trayectoria y mi experiencia. Siempre me han preguntado si me he sentido discriminada por ser mujer, si me he sentido no tratada igual que un hombre... Jamás. Lo puedo decir directamente. Nunca me he sentido ni discriminada ni tratada con algún tipo de conducta que no sea apropiada. Nunca, jamás.
—¿Qué recomienda a los universitarios que estén pensando en convertirse en juez?
—Fundamentalmente mucha voluntad. Saber que es un trabajo en el que hacemos un servicio público, somos profesionales que nos debemos a la gente, a aquellos que se acercan a nosotros a pedirnos respuestas. Por lo tanto, esa empatía y, si quieren prepararse a las oposiciones, es fundamental tener muchísima fuerza de voluntad, saber que pueden, que hay una plaza para ellos y que esta profesión es muy bonita. Yo me he desarrollado plenamente con esta profesión y la aconsejaría.
—Un último mensaje.
—Que afronto esto como un retomar en mi vida y esperando que salga todo bien. Por lo menos, darme y prestarme a todos, no solamente a los compañeros, sino a todos los operadores jurídicos, abogados, procuradores, graduados sociales, fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado... Ahora también, con la nueva Oficina Judicial, pues cuento también con los directores tanto de tramitación como de ejecución, de servicio común, y también el secretario coordinador, que está al frente de todo esto, y espero que con la ayuda de todos podamos alzar la Justicia y que salga y se cumpla la ley de eficiencia y podamos tener los tribunales Instancia en Jaén en condiciones.