No es la primera almazara del pasado hallada en el subsuelo de la capital. No muy lejos de los límites de Marroquíes Bajos, justo al lado de la superficie en la que se ubica la conocida fábrica de galletas de Jaén, los expertos en Arqueología tienen datada otra de similares características. El derribo de la manzana de la Escuela de Peritos, en la confluencia de la Avenida de Madrid con la calle Virgen de la Cabeza, también sacó a la luz una factoría de molturación de aceite de oliva, aunque de dimensiones más escuetas. Sin embargo, lo que esconde el entorno de El Cortijo de los Robles es mucho más. Se trata del centro productor del producto estrella de la tierra más importante del Imperio Romano, compuesto por seis prensas de piedra y una villa, es decir, la casa en la que residían los dueños y los trabajadores.
Hay un proyecto conjunto entre el Ayuntamiento de Jaén y la Diputación Provincial, financiado con fondos europeos, para rescatar del olvido lo que fue todo un descubrimiento entre los años 2005 y 2006, cuando el granadino Antonio López recibió el encargo de datar lo encontrado en la zona norte de la ciudad, casi en los límites de Marroquíes Bajos. Lo más interesante, y a la vez complicado, es la coexistencia de varias culturas en diferentes capas de la superficie. Tienen una ardua tarea quienes trabajan, cada día, a pleno sol, para recuperar y poner en valor un patrimonio de incalculable valor para la ciudad.
Alberto Fernández Ordóñez es el arqueólogo contratado por Diputación y Juan Luis Martínez de Dios, el del Ayuntamiento. Ambos hacen un tándem perfecto en el empeño de rescatar y musealizar, al aire libre, un pasado que, ahora más que nunca, está muy presente. ¿Qué tienen entre manos? La respuesta es clara: una almazara de aceite de grandes dimensiones y una villa con estancias bien diferenciadas que hacen pensar que sus propietarios eran “pudientes”. Ambos coinciden en señalar que son casi dos mil años de historia los que había enterrados debajo de la carretera que da acceso a la rotonda popularmente conocida como “La Pajarita”, un vial que hace una curva, precisamente, porque cuando se construyó salieron a la luz los restos arqueológicos en los que trabajan los profesionales, en este momento, gracias a la connivencia de dos administraciones públicas. Del siglo I al V después de Cristo, fue entre 2005 y 2006 cuando los jiennenses tuvieron noticia de un descubrimiento único, porque hay que estar allí, bajar al terreno, para darse cuenta de la grandiosidad de esas seis prensas de piedra, algunas todavía ocultas, el mosaico que adorna el que fue un patio porticado, el “impluvim” y detalles que señalan que aquello era realmente importante.
“Tenemos los restos de una villa que explican claramente que era la casa de la gente que trabajaba y vivía aquí. Sabemos que se producía el aceite, pero desconocemos si era trasladado desde Jaén hasta Roma. Lo que sí está claro es que era la almazara más grande de Imperio Romano, y que, incluso, tenía una zona de almacenaje”, expone Alberto Fernández. La zona sur está totalmente documentada. Falta la norte. Sin embargo, el arqueólogo explica que el encargo se centra en poner en valor todo lo excavado anteriormente y, con alguna ampliación, crear un discurso en torno a pasarelas y cubiertas que permitan la visita. “Trabajamos alrededor de diez personas y un equipo de tres restauradoras, en las zonas más delicadas”, apunta. Añade: “Estamos dentro de Marroquíes Bajos, que alberga muchas etapas y, entre ellas, esta romana. Llevamos dos meses ya trabajando y no sé lo que nos queda, según las necesidades que tengamos así iremos viendo”.
Juan Luis Martínez de Dios añade que datar cronológicamente estructuras que se remontan, incluso, a época islámica es lo más complicado del trabajo. “La mezcla de culturas históricas es lo que dificulta el proyecto”. Sin embargo, ilusión no les falta. “Es complicado valorar temporalmente una intervención que es bastante lenta”, explica el arqueólogo contratado por el Ayuntamiento. “Tenemos la oportunidad de restaurar y poner en valor este yacimiento, lo que supone un orgullo como jiennense. El objetivo principal es que, tratándose de una villa y una almazara para extracción de aceite, el turista va a denotar la importancia de Jaén como capital del aceite, como centro productor, aunque no vamos a entrar en si el aceite era exportado a Roma o no. Son seis vasos de molturación que explican la importancia de esta almazara y, por lo tanto, tendrá su discurso”.
La iniciativa suma al proyecto del Centro de Innovación Paisajes del Olivar, dedicado al oleoturismo y que forma parte del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino “Jaén, capital del oleoturismo en España: nuevo modelo turístico sostenible que pone en valor el paisaje olivarero y la cultura que gira en torno a él”, integrado en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España y financiado por la Unión Europea a través de los fondos Next Generation EU.