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De Jaén a Valencia: Historias humanas de la marea solidaria a dos años de la dana

29-10-2026 / 06:00

Estos son algunos de los muchos jiennenses que viajaron hasta las zonas afectadas y, en su segundo aniversario, recordamos su gran labor

El tiempo pasa y las noticias cambian de portada, pero hay vivencias que se quedan marcadas para siempre. A dos años de la dana que devastó Valencia en octubre de 2024, el barro físico ha desaparecido de las calles, pero los recuerdos siguen intactos en la memoria de quienes acudieron al rescate. En este reportaje reunimos las historias personales de bomberos, agricultores, jóvenes y vecinos anónimos de Jaén que no dudaron en recorrer más de 400 kilómetros para tender una mano. A través de sus relatos, reconstruimos la llegada al epicentro del desastre, el trabajo en el fango y las huellas emocionales que, dos años después, aún permanecen en el corazón de dos tierras unidas por la solidaridad.

Sergio Sánchez Torres, con su maquinaria agrícola quitando fango
De Jaén a Valencia: Historias humanas de la marea solidaria a dos años de la dana

Los distintos colectivos y particulares ofrecieron su ayuda al pueblo valenciano ante los estragos que dejó la dana a su paso. Desde muchos municipios de la provincia se desplazaron hasta los distintos puntos afectados para ofrecer todo tipo de servicios. Sergio Sánchez Torres, natal del núcleo montizonero de Aldeahermosa, puso a punto sus vehículos y se desplazó durante la madrugada del sábado —2 a 3 de noviembre de 2024— hasta Catarroja para brindar todo su apoyo a los vecinos. En concreto, llevó maquinaria agrícola hasta el municipio con la que poder retirar la multitud de escombros y restos de vehículos y mobiliario urbano, entre otros, que se encontraban cubiertos por una contundente “alfombra de barro”. A pesar de que hay muchísimas personas muy implicadas con lo ocurrido, también era muy necesario el uso de máquinas para facilitar todo el trabajo. Y es que desde el momento en el que fue conocedor de los hechos sabía que tenía que hacer algo al respecto.

En esos momentos, el municipio estaba completamente bañado por un fango que, en algunos puntos, tenía hasta un palmo de altura. Aunque con la ayuda de todo el mundo se reducía el barro, el agua que inundó los garajes y plantas bajas ha salido a las calles, por lo que ha vuelto a reblandecerlo. Durante estos dos días, el aldeano afirmó que trabajó para llevar a cabo la retirada lo más rápido posible.

A su lado contaba con numerosos grupos de personas, algunas de Catarroja y otras de distintos puntos del país, que agilizaban más esta ardua tarea. El municipio, uno de los afectados por la dana, contó con el refuerzo de muchas más personas para limpiar el lodo y, aunque el ambiente continúa repleto de tristeza e impotencia, en cierto

modo ha hecho sentir mejor a la multitud de familias que lo han perdido todo. “Esto es un desastre vayas por donde vayas y te dan ganas de llorar”, aseveró Sánchez.

“Te encuentras todos los coches y muebles de las casas destrozados; a las personas empujando un carro con una caja de leche y un poco de comida que han pillado

de dónde sea, además del barro llegándole por las rodillas”, relató el aldeano. “Te dan ganas de llorar allá por donde vayas porque es algo desolador”, dijo, para agregar

a continuación: “Por las noches no hay luces en las calles”. Por otro lado, Sánchez resaltó que hay muchísima gente ayudando en todo lo posible y, sobre todo, jóvenes de entre dieciséis y veinte años que están dándolo todo por la multitud de damnificados por la dana, además de los bomberos que “están haciendo un buen papel”. “Aquí hace falta no una, sino veinticinco mil máquinas y quinientas mil personas para poder poner esto un poco en orden”, sentenció Sánchez.

El gel hidroalcohólico, a escena: Olga y Laura González donan seis palets de su empresa de Puente de Génave
<i>Un voluntario de Protección Civil de Beas de Segura carga uno de los palets; Laura y Olga González sostienen un cartel de Laiol.</i>

Parece ya lejano cuando era mediados de marzo de 2020 y toda España escuchó, por primera vez, un producto hasta entonces desconocido y que en ese instante se convirtió en algo básico: el gel hidroalcohólico. Olga González y su hermana Laura son gerentes de la empresa Laiol Biocosmetics, una fábrica de productos de cosmética naturales con aceite de oliva en Puente de Génave. Y para la pandemia, fabricaron muchas cantidades de este producto y es algo que siempre tienen. Entonces, tanto Olga como Laura la falta que hacía este producto para los afectados por la dana, dieron un paso adelante: “Como hacía falta gel hidroalcohólico o mascarillas por el riesgo de contagio e infecciones, me puse en contacto con Protección Civil de Beas de Segura y ha sido todo muy rápido. Han venido a mediodía —5 de noviembre de 2024— a cargarlo y en el momento que lo tuvieran cargado el camión, se lo llevaban”. Para Valencia viajeron desde el municipio puenteño un total de seis palets de este producto en diferentes cantidades: 3780 unidades de 100 mililitros natural; otras 1.000 de 250 mililitros natural; 2.180 unidades de 500 militros natural y 1.800 más, de 500 mililitros.

Los productos bajo la etiqueta “natural” están elaborados con extracto de hoja de olivo: “Este es un gel de mayor calidad”. Olga y Laura González pensaron también en esta variedad de cantidades para llegar a la mayor cantidad de población posible: “Hay desde envases para dejarlos en algunos lugares estratégicos y otros para que cada uno pueda llevarlos en el bolsillo”. Los valencianos que sufrieron los devastadores efectos de la dana tienen por delante meses de duro trabajo en unas condiciones terribles, de ahí que la posibilidad de sufrir cortes en manos, brazos o piernas sea muy alta: “Sí. Es una necesidad urgente”. Olga y Laura González, como lo hicieron en aquellos terribles días de confinamiento en los que gel hidroalcohólico escaseaba, ahora su espíritu de generosidad ha vuelto a la palestra para enviar esta enorme cantidad de un producto que será un bien de primera necesidad y recibido con los brazos abiertos para todos aquellos valencianos y voluntarios que se afanan en devolver a la normalidad a todos los municipios destruidos. Sin duda, un esfuerzo muy importante para esta empresa puenteña, pero realizado desde el corazón.

“Gracias Jaén, sois unos cracks”. Esta es la historia de unos amigos de Los Villares que brindaron su apoyo
<i>Vecinos de Catarroja hacen cola junto a las furgonetas que transportan el grupo de amigos de Los Villares con todo tipo de ayuda.</i>

Reparto de comida y alegría. Esta es una de las frases más repetidas que escucharon un grupo de trece amigos de Los Villares que decidieron aportar cada uno lo que podçia y lanzarse, directamente, a la jungla en la que se convirtió los municipios de alrededor de Valencia tras el paso de la terrible dana que dejó, por el momento, 233 muertos. Como detalló Andrés Moreno a este periódico, a partir de las imágenes que empezaron a ver, decidieron contactar entre unos y otros y aportar lo que cada uno podía: “Yo estaba en el sofá, con los niños, que por suerte estamos bien, pero viendo imágenes por TikTok no me daba cuenta de las fatigas que pasaban muchas familias (...). Entonces iniciamos una recogida de alimentos y productos de primera necesidad y conseguimos llenar tres furgonetas y subimos a Valencia. Todo lo que llevamos lo hemos costeado con nuestro dinero”. Llegaron el lunes por la noche —4 de noviembre de 2024— y estuvieron por Alfafar, Paiporta y Catarroja. “Realmente no te das cuenta del panorama hasta que llegas a la zona. Hay lugares a los que no ha llegado nadie, de hecho en algunos hemos sido nosotros los primeros”. Este grupo de jóvenes amigos estaban viviendo auténticas experiencias de zonas de guerra: “Cuando estuvimos en Paiporta, veíamos que iban a sacando a gente muerta y el olor a difunto era notable”. Ante el caso y la adversidad, todos ellos tienen mucho ímpetu y humildad para ayudar a toda la gente que pueda. Aunque también, como reconocía el propio Andrés, no era fácil entrar en los municipios afectados: “Tengo la voz ronca de discutir con los policías porque te desvían para un lado o para otro”. Esta sensación la vivieron durante el martes —5 de noviembre de 2024— donde, además de en los pueblos mencionados, también llegaron a Algemesí: “Hemos podido hacer mucho, pero en el trayecto se va mucho tiempo también”. Ayer todos ellos descargaron otras tres furgonetas donde pudieron. Al mismo tiempo, en Los Villares continúan acumulando comida, productos de primera necesidad y de higiene, además de palas y rastrillos, para llevarlas en otras cuatro furgonetas.

Todos ellos apostaron por una nueva estrategia: repartir directamente de noche. “Vemos que es lo mejor porque está todo más despejado y nos podemos mover mejor. Además, nosotros que llegamos con las furgonetas pitando y con un altavoz, pues la gente ya sale a la calle en nuestra búsqueda”. Un gesto esperanzador por el que recibieron su agradecimiento, como les sucedió en Catarroja “Muchas gracias Jaén, sois unos cracks”, les dijo un vecino. O también ese abrazo profundo que recibió Iván Pestaña de un niño. “La gente nos dice que repartimos comida y alegría”, apuntó un Andrés Moreno que, al igual que el resto de sus compañeros de grupo, tienen claro que hay mucho trabajo por delante, de ahí que no estimen una fecha de regreso: “No tenemos hora de irnos, quizás cuando agotemos las últimas existencias”. También tenían un coche de campo grande y cadenas para poder apartar los vehículos que aún se encontraban apilados. Sin duda, este grupo de amigos de Los Villares es una muestra de que sí se puede confiar en la juventud.