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viernes, 19 julio 2019
17:17
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URGENTE
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Llegan los candidatos como los maratonianos en la línea de meta, secos, con la mirada perdida. Desfondados, sin aliento y con la sensación de que estas municipales empezaron mucho antes, que lejos de la medida estándar de los 42 kilómetros y los 195 metros, esta prueba era de resistencia ultra. Como los cien kilómetros de Ronda, aunque aquí el dopaje del equipo está permitido. Cada cual dosificó como pudo y hay quien se preparó solo para cien metros lisos, sin vallas, y a cubierto.

Campaña de baja intensidad la del alcalde, Javier Márquez, por ejemplo, que solo esprintó al final y entró en meta con la suficiencia de Usain Bolt, quien tenía tiempo para sonreír a los sudados compañeros de tarima y al público congregado. Un paseo triunfal de datos (inversión y empleo) por las arenas movedizas del Jaén Plaza y algún codazo recibido por las licencias urbanísticas pendientes. Aquí acaba la comparación con el ya mítico atleta jamaicano, porque, de momento, se desconoce la foto “finish” y todo apunta a que el ganador tendrá que solventarse en los despachos. En este entretiempo político también se implanta el VAR para cerrar los pactos que vendrán.

La campaña de Márquez se diseñó bajo mínimos para no perder pie ante una oposición pertrechada en los cajones para salir a la carrera, cual galgos con el conejo entre ceja y ceja. El peligro de esta estrategia es que se da pábulo a quienes dan por hecho que el alcalde llega exhausto políticamente y nada más pisar la meta cederá el testigo al segundo en cuestión, el abogado Javier Carazo, entre togas anda la previsible sucesión y una entredicha “revolución” de la lista. Sería un remedo de la historia reciente del PP, o si se quiere una segunda parte ya vista, y así se lo recuerdan y afean desde la oposición. Solo en casa (2).

Estuvo el alcalde esquivo con los debates y, parece, que como el gato escaldado, de la agua fría de la política huye. Un día lo descubrimos como un consumado jugador de ajedrez, con Madrid y Génova como tablero, y ahora, sin embargo, es aquel personaje de Stefan Zweig, el doctor B, quien se aferró al manual de ajedrez para sobrevivir durante su confinamiento, e imaginaba cientos de partidas para mantener la mente activa y no caer en la locura. Este llegó a prometer, incluso, que no volvería a jugar al ajedrez...

Julio Millán, por su parte, abrazó la fe de la orden de los predicadores, como Tomás de Aquino, para llevar su palabra a cada rincón de la ciudad. Un evangelio hecho a medida, con un equipo fiel de seguidores, que busca coger la calle buena y dejar atrás unas marcas electorales por debajo de las expectativas en los últimos años. El tartán electoral dictará si Millán tiene perfil de fondista municipal y si los proyectos presentados sirven para atraerse a unos votantes deseosos de escuchar música, aunque sea la del flautista de Hamelim y, claro, que se lleve las ratas, por supuesto.

Con los tacos de salida fijados, por fin, se encuentra una María Cantos que se podría haber desfondado después de tanto esperar la bendición orgánica y que contó con escasos arrumacos de los “popes” Ciudadanos en una campaña que, a simple vista, se le quedó corta. Quizá anden temerosos en la cúpula ciudadana a la espera del día después (el VAR), visto el despropósito reciente. Queda por despejar la incógnita de un Vox local que, siguiendo los preceptos internos de debida obediencia, tiene un ideario “minimal” para la capital, como si Salud Anguita hubiera delegado en Marie Kondo para organizar su cajón ideológico.

Llegado el temido momento de “hablar” quizá sea conveniente tirar de una figura que esta semana captó nuestra atención dispersa, la de “coordinador de intimidad”, para los arrumacos entre Daniel Craig y Ana de Armás en la próxima de James Bond sean todo los castos y falsos que requiera la película o los pactos si de eso hablamos.

Cerremos a la carrera con Murakami, otro que está en forma: “Si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ese no es otro que el tú de ayer”. Palabra de corredor.