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Acude a Urgencias con molestias en un ojo y le extraen seis gusanos

31-07-2026 / 09:28

“Yo notaba que algo se movía. Al principio estaba en un lado. Me tocaba y rascaba, dejaba de sentirlo durante diez o quince minutos, y volvía a notarlo en el otro lado”

Miguel Ángel Bueno Ortega estaba en una gasolinera, a donde había acudido a la llamada de auxilio de un amigo, que se confundió de combustible a la hora de repostar su moto, cuando empezó a sentir las primeras molestias: “Me vi algo en el ojo, como si fuera un mosquito o una arañilla muy cerca. Acto reflejo, intenté quitármelo con la mano”.

En lugar de eso —relata—, el gesto ayudó a que el insecto, “el bichillo o lo que fuera”, entrara en el ojo: “A raíz de ahí, no hacía otra cosa que tratar de quitármelo: me miraba al espejo, le decía a mi amigo que me observara... pero no había manera”. Ninguno de los dos consiguió ver nada, pero Miguel Ángel asegura que incluso llegó a notar movimiento en el interior del ojo: “Mi amigo me advirtió de que me iba a hacer una herida de tanto tocarme, por lo que paré de hacerlo”. Él seguía con la molestia y, tras varias inspecciones, lo dejaron por imposible.

Cuando llegó a su casa, sintió que el insecto que había invadido su ojo se movía hacia la pupila, por lo que le pidió a su mujer que volviera a observarlo: “Me alumbró con la linterna del teléfono móvil, me dijo que veía algo moverse y me lo quitó con la esquina de una servilleta”. Era un gusano. “¡Me cago en la mar!”, exclamó el joven, algo preocupado por la posibilidad de que el animal, que era “súper diminuto”, hubiera decidido que su ojo derecho era el lugar ideal para poner sus huevos.

La tranquilidad le llegó con esa primera extracción, por lo que al día siguiente acudió a su puesto de trabajo como si nada. “Estuve todo el día con molestias. Cuando llegué a casa, por la noche, le volví a pedir a mi mujer que me mirara en el ojo y extrajo otro gusano chiquitillo, como una larva, por lo que decidimos acudir a Urgencias”, señala.

En la sala de espera del Hospital le quitó otro, eran tres en total y la preocupación iba en aumento. El médico que lo atendió le sacó otros dos después de aplicarle un anestésico doble: “Me iluminó el ojo con una lámpara tan potente que hasta yo pude ver cómo se movía la sombra del gusano”. Tras ello, le revisaron la conjuntiva tarsal —membrana transparente y rosada que cubre la parte de dentro de los ojos— mediante la eversión del párpado, comprobaron que no tenía más gusanos en el interior y le dieron el alta con la recomendación de que, al día siguiente, acudiera a la consulta de Oftalmología para que el médico realizara nuevas comprobaciones.

“La oftalmóloga me extrajo uno más, me mandó unas gotas y me aconsejo que, si volvía a notar lo más mínimo, acudiera al Hospital”, recuerda el joven jiennense, que

algo se movía. Al principio estaba en un lado. Me tocaba y rascaba, dejaba de sentirlo durante diez o quince minutos, y volvía a notarlo en el otro lado. Es muy parecido a como cuando se te mete un pizco en el ojo. Cuando más me molestaba es cuando el bicho pasaba por el centro, por la pupila y el iris. Según me dijeron los médicos, la parte del ojo donde hay color es mucho más sensible”. Entre los insectos que se introducen en el ojo humano con más asiduidad destacan la mosca de la oveja y el trip, en ambos casos en su estado larvario, que es probablemente lo que los médicos le extrajeron del ojo a Miguel Ángel, aunque no hay confirmación médica sobre la especie que provocó las molestias.