Ya llegaron los pastores
Y mañana, será un día más. Amanecida después de un ligero sueño amortizado a base de pastillaje, y dispuestos a entrar en la órbita del festeo. Por más, mañana 6, al que borraron el santo del día, y por lo tanto, eso que gano y de paso mistificamos el catálogo de las leyes: La Constitución. De algún modo, como agua de mayo, viene a los jornaleros el inicio de la recogida de la aceituna en la mayoría de los tajos.
Un alivio para la ultrajada y maltrecha economía, la del poder llenar la nevera, aunque sea a base de latas de conserva. Y en cercano horizonte. ¡qué horror!, la pesadilla de la Navidad. Particularmente, si no he tenido bastante con los recordatorios funerarios de finales de noviembre, y hablo de uno que solo ve un calvario en el folklore que se monta para cambiar de año, que no de situación. Me pongo en la piel de esos cinco millones de parados, ya que también me toca de cerca, para ver las ganas de sonar los artilugios musicales preparados al efecto. Y luego el gasto, —bastante más moderado que en ocasiones precedentes—, y con la mosca tras la oreja para las no pocas subidas que se avecinan, cosa habitual cuando enero abre el ojo. Y lo que venga. Recortes y un futuro más que incierto. No serán pocos los hogares en los que habrá siempre una excusa para darle unas vacaciones a Papa Noel. Fiel a la tradición que inicié el siglo pasado: ni un mal árbol, ni nada de colgajos alusivos al tema, colocaré en mi casa. Que pase pronto este mal trago, aunque las penas con vino y cava son menos y más si te han regalado dos botellas. Y usted que puede, disfrute, como lo hago yo: a mi manera.
Nicolás Ortiz es maestro industrial