Villacarrillo.- Fotografías pintadas de Las Villas
La fragancia de una rosa, el esplendor de una iglesia renacentista y la inmensidad del Universo se fusionan, en perfecta armonía, en el Centro de Ocio Joven de Villacarrillo. Juntos conforman la alegoría que sintetiza los valores de la comarca de Las Villas.
La fragancia de una rosa, el esplendor de una iglesia renacentista y la inmensidad del Universo se fusionan, en perfecta armonía, en el Centro de Ocio Joven de Villacarrillo. Juntos conforman la alegoría que sintetiza los valores de la comarca de Las Villas.
Día séptimo. El “rap cantado” del estadounidense Kanye West y el olor a la pintura comprimida de los aerosoles Montana Colors 94 con los que trabaja el artista linarense Miguel Ángel Belinchón invaden la sala recreativa del Centro de Ocio Juvenil de Villacarrillo. Acelerado por bases musicales en las que se adivinan influencias que van desde el Rithm&Blues de la década de los setenta hasta el folk, la electrónica o el trip hop, el grafitero de Linares trabaja a un ritmo acompasado y trepidante. “Como a mí me gusta”, dice. Una mascarilla lo protege de los vapores tóxicos que exhalan los botes de pintura en cada disparo, resecando fosas nasales y apestando la atmósfera cerrada del primer espacio interior —aunque no el único— que un Ayuntamiento ha habilitado para la realización del décimo reto de Diario JAEN, “Pintamos diez ciudades”.
La expectación que ha generado el anuncio radiofónico, en Cadena Dial, de la llegada de Belin y del reto con el que la principal cabecera de prensa de la provincia celebra su septuagésimo aniversario es tal que los curiosos se congregan alrededor del artista antes, incluso, de que este haya repartido por el suelo los espráis que le servirán para “colorear” la comarca de Las Villas. Algunos es la primera vez que pisan el inmenso centro de ocio que se extiende, desde hace un año, sobre la Estación de Autobuses del municipio. Es el caso de Ignacio Rodríguez Tortosa, que ha “abandonado” momentáneamente el puesto de carnicero que regenta en la Plaza de Abastos villacarrillense para asistir, en directo, al germen pictórico que dará como resultado “tres fotografías” hechas con pintura de espray.
Para ello, en primer lugar, Belin pinta las cajas y, luego, comenzando como siempre por el motivo central, traza un triángulo y cuatro verticales en las que, pronto, Juan Ballesteros, otro vecino de Villacarrillo, intuye la torre del principal emblema de la ciudad, la parroquia de la Asunción. Una obra de Andrés de Vandelvira que se ha convertido en el buque insignia del municipio y en su principal “seña de identidad”, coinciden el alcalde, Francisco Montañez, y la concejal de Juventud, María Espinar.
Su campanario está construido sobre el torreón de la antigua antigua fortaleza medieval que fue el edificio y, además de ser fuente de historia y de arte arquitectónico, es un maná de recuerdos y de historias que jalonan el imaginario popular como la de aquel niño o monaguillo que, “echando las campanas al vuelo”, se precipitó desde los “cincuenta metros de altura” de su campanario. Pero, milagrosamente, no murió, cuenta Juan Ballesteros, como un libro abierto de secretos de la historia villacarrillense. “Llevaba un blusón de esos que se utilizaban antes y —añade con un toque de misterio— le sirvió como paracaídas”. Ocurrió a principios del siglo pasado y sea verdad o no, el relato caló en la memoria colectiva de la ciudad y elevó el respeto de la ciudadanía por esta parroquia, cuya puerta de la Umbría se perfila en la pared del espacio recreativo del centro de ocio de la ciudad despertando la ovación de sus usuarios y de los alumnos de los cursos de Informática y de Catering que, en estos momentos, se imparten. “Es una maravilla” es la frase más repetida entre los “mirones” que se agolpan en el umbral de entrada. Durante toda la mañana, el goteo de personas interesadas en ver el grafiti y conocer la técnica del linarense será incesante. Así llegan hasta el centro de ocio los artistas Ángel Peñuela Navarrete y Juana Carrillo Aranda, que dejó los olivos que estaba pintando por encargo para ver “in situ” y en directo el trabajo creativo de Miguel Ángel Belinchón. Ambos son, actualmente, dos de los iconos españones del mundo de la pintura rápida y de estudio y comenta Carrillo Aranda en alusión al mural que está dibujando Belin: “Todo lo que sea expresión en la calle nos gusta mucho”. Y, después, admirando las veladuras del segundo elemento del grafiti, la rosa, se apresta a analizar las semejanzas y disimilitudes que existen entre la pintura de spray y el acrílico o el óleo.
Por último, frente al campanario de la parroquia de la Asunción y a la rosa, que simboliza la fiesta del Corpus por la que tan famosa es Villacarrillo, el linarense contrapone la grandiosidad del sistema solar, utilizando, en el primer plano de la tercera “fotografía” pictórica que constituye el octavo mural del décimo reto de Diario JAEN, un planeta que tiene nombre de dios romano, Júpiter. Recrea de esta forma la imagen que los amantes del Universo pueden admirar desde el telescopio de La Fresnedilla. Un observatorio astronómico que —destaca el alcalde de Villacarrillo— “no tiene parangón”. Los tres dibujos conforman una sucesión de postales que “parecen pegadas”, dice una de las usuarias del centro joven. Pero —corrige Belin— “aquí no hay trucos”. Ni trampa ni cartón.