Vieja Casa

Eran unos viejos cuadernos de hojas amarillentas y tapas ajadas que encontró Rafael en un viejo cajón de aquella antigua casona, en la cual pasó su irascible infancia. Recordaba aquellos días cuando estaba aprendiendo a leer y a fuerza de collejas aprendió las cosas más elementales para la vida.

    01 jul 2015 / 10:38 H.

     

    Daba una ojeada a todo, ya mancillado con el paso del tiempo, permanecía pensativo mirando las paredes, los cuadros, las fotos pajizas, que todavía cuelgan llenas de polvo. Imágenes de sus antepasados, algunos de ellos con el traje militar que marcó toda una época y las mujeres con sus típicos vestidos, que hoy día tal vez son imposibles de confeccionar. ¡Cómo pasa el tiempo, Dios mío! Pensaba, evocando lo que un día fue esta gran casa, tal vez la mejor de la ciudad. Señores de noble cuna y de gran magnificencia. Rafael se fue caminando, con pasos pausados, examinando sin prisa todo lo que veía; cualquier objeto, por muy pequeño que fuera.

    Con las manos en los bolsillos. Sus ojos cenicientos buscaban recuerdos. Se fue recitando aquellos versos de Antonio Machado que dicen: “Al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca he de volver a pisar”.