Vida y muerte
Faltan pocos días para la celebración de las fiestas de Todos los Santos y el día de los Difuntos. Durante estos días todos los cementerios que hay en España en capitales, pueblos y aldeas son visitados, y los lugares donde reposan los restos de familiares, amigos y conocidos, son limpiados y adornados con flores. En muchos de ellos sus visitantes recordarán a sus seres queridos y como muestra de afecto por ellos no faltará alguna lágrima derramada y el rezo de una oración.
Pienso que esas fechas a todos nos producen mucho bien, vuelven a recordarnos una vez más que nuestro paso por esta tierra tiene un final, por el que merece la pena interesarse y prepararse, comprobamos a diario que la muerte puede presentarse en cualquier momento. Por eso es necesario recordar ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? Conocemos que Dios quiere que todos los hombres se salven, así lo ha manifestado no sólo con palabras, por eso quiso venir a la tierra y aceptar una cruenta pasión y muerte, y a los pocos días resucitar. Todas las personas tenemos libertad para creer o no en la resurrección de la carne, porque Dios quiere respetar nuestras decisiones. Los diversos milagros y apariciones de Jesucristo y de la Virgen a tantas personas a lo largo de estos siglos, pueden ayudarnos a entenderlo mejor. Sin embargo, no podemos olvidar lo que dice el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica “comprender cómo tendrá lugar la resurrección sobrepasa la posibilidad de nuestra imaginación y entendimiento. Morir en Cristo Jesús significa morir en gracia de Dios, sin pecado mortal. En el momento de la muerte, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del cielo, inmediatamente o después de una adecuada purificación, o bien de la condenación eterna al infierno”.
Plácido Cabrera Ibáñez