Viaje de fin de curso
Resulta ser éste un habitual tema de conversación en las familias que avistan que, en fechas próximas, sus hijos cierran una etapa de su educación y, tal y como manda la tradición, la mejor forma de celebrarlo, y de despedirse, es con unos días de convivencia todos los compañeros juntos. Es la ocasión idónea para hacer esas fotos y vivir esas experiencias, que se sacarán a relucir en la celebración de los veinticinco años transcurridos, desde que saliste del instituto.
Sin embargo, como no podía ser menos, las consecuencias de la menguada realidad económica que padecemos en todos los hogares también produce sus efectos en esta experiencia escolar. Lo cierto es que, últimamente, he tenido ocasión de confirmar que hay padres que, para afrontar esos gastos lúdicos que se les avecinan, prevén solicitar algún tipo de préstamo, ignoro si bancario o familiar, antes que negarle a sus hijos el viaje. Sin embargo, creo conveniente hacer una llamada a la coherencia y a la sensatez de juicio. No son tiempos para realizar viajes de ensueño o paradisíacos, sino acordes a la moderación y a la cordura. De ahí que me alegre comprobar que en nuestra ciudad existen centros escolares que, desde la dirección, imponen a los alumnos ese razonamiento. Aunque sería de desear, por el bien de los padres, que fueran más los que tuvieran en cuenta que el destino no importa para disfrutar de la actividad, sino el compañerismo y la buena predisposición.
Abogada
Manuela Ruiz