Vergüenza ajena
Cuando estalló la crisis financiera todos estuvimos pendientes de las respuestas que daban las autoridades nacionales y mundiales: Obama inyectó inmediatamente el dinero necesario para garantizar la supervivencia del sistema financiero en su país.
En España, los expertos en economía daban definiciones y hacían comentarios vagos, pero nos tranquilizó el entonces presidente del Gobierno cuando en una rueda de prensa dijo que teníamos “una banca muy fuerte, envidia del mundo, de champion”. Estábamos respaldados. Los responsables del Ministerio de Economía sabían y callaban. Los banqueros, igual. Las cajas iban directas al precipicio y los dirigentes ya sabemos lo que hicieron con sus propias indemnizaciones y con las preferentes. Llegó mayo de 2010 y las llamadas al presidente del Gobierno anunciándole que el rescate era inminente. Hubo rescate para los bancos, pero todavía no hay fluidez en el imprescindible crédito. Ha sido una catástrofe para la ciudadanía. El día 5, el presidente del Banco Central Europeo anunció que hay cuarenta mil millones para los bancos españoles, que deben ir a financiar a las familias y a las pequeñas y medianas empresas, y exigen justificaciones después de concedidos estos préstamos. Si no las presentan, los retiran. Es eviden- te que no se fían porque saben que intentarán desviarlos a otros que lo necesitan menos. Como ciudadano siento vergüenza ajena ante el nivel de descrédito al que hemos llegado.
Manuel Campos Carpio / Torredonjimeno