Veinte días para el desarrollo territorial
Tan solo, un sexto de la población de la provincia de Jaén reside en la capital. Nuestra provincia es, a nivel nacional, ejemplo de distribución de la población por municipios, y por tanto de desarrollo territorial. Se vive en el pueblo como en la ciudad, y en la ciudad como en el pueblo, en un hermoso equilibrio que nos ha permitido crecer e identificarnos con nuestro lugar de nacimiento.
Nuestro modelo es contrario a otras provincias en las que la principal parte de la población se concentra en capitales, que apenas pueden absorber las necesidades de empleo de la población generando grandes diferencias sociales, que a la larga provocan inseguridad y problemas de convivencia. A esta distribución provincial modélica de Jaén ha contribuido un sector agrícola basado en el monocultivo del olivar, unido a un tejido empresarial distribuido en sectores industriales por municipios. Industria complementando a olivar, y olivar complementando a industria. Como cemento de unión, un plan público de empleo rural, que genera un subsidio de 420 euros durante seis meses a agricultores, a cambio de treinta y cinco peonadas y la cotización en un régimen especial durante todo el año. Esta renta complementaria ha permitido ese asentamiento de la población a los municipios, factor clave de este desarrollo territorial.
Sin embargo el panorama actual amenaza este desarrollo local como nunca, más aún después de conocer los últimos datos de la Encuesta de Población Activa. La EPA del cuarto trimestre de 2012, divulga que en Jaén hay 191.800 personas trabajando y 111.600 en paro. Hay que irse a los años de la “Pepa” para encontrar parangón. La industria jiennense se ahoga como un cascarón de nuez en el tsunami de la globalización, la construcción deja a miles de trabajadores sentados en el andamio, y el remate de la cosecha de aceituna este año, ha llegado a la hora del “Ángelus”. Ante estas, el gobierno ha reaccionado disminuyendo a veinte el número de peonadas necesarias para ser beneficiario del subsidio agrícola, insuficientes en muchas comarcas que tendrán que buscar jornales en otros cultivos, en otras tierras. El verdadero plan de desarrollo territorial ha de venir acompañado por planes de reindustrialización que incentiven la generación de tejido empresarial, buscando un desarrollo endógeno basado en la explotación de la diversidad de los recursos de la provincia, no solo el agrícola.
Lo peor para este desarrollo territorial es que muchos jóvenes piensan, “Veinte días para cobrar el subsidio, veinte días de indemnización por causas económicas, apenas veinte euros en el bolsillo…”, mientras leen el mensaje de un amigo que pone: “Pepe, “veinte” para Alemania”.
Rafael Peralta es economista