Valdepeñas se vuelve a llenar de molineros
Actividades infantiles, recreaciones, exhibiciones y degustaciones culinarias centran el programa de las X Fiestas Realengas de Valdepeñas, muy visitadas. Las exposiciones agrícolas y ganaderas y el campamento de caballeros, con talleres para niños, son algunas de las iniciativas más participativas.
Actividades infantiles, recreaciones, exhibiciones y degustaciones culinarias centran el programa de las X Fiestas Realengas de Valdepeñas, muy visitadas. Las exposiciones agrícolas y ganaderas y el campamento de caballeros, con talleres para niños, son algunas de las iniciativas más participativas. Unos versos cariñosos de Juan Carlos García-Ojeda Lombardo recuerdan “A la última molinera” en el Molino Museo, el tesoro de Valdepeñas. Cada año, desde hace diez, el pueblo vuelve la vista a la época en la que se construyó (el siglo XVI) durante sus Fiestas Realengas, que terminan hoy. El Ayuntamiento dispone cincuenta trajes de época que reparte entre los vecinos, para que el ambiente en torno a la Plaza de la Constitución (Plaza Mayor estos días) se llene de molineros y campesinos, señores, mendigos y tenderos con curiosos “cachivaches”. “Todos están hechos por modistas locales”, apuntó la alcaldesa, María de la Paz del Moral, mientras visitaba los estand de productos locales y comarcales del Mercado de la Villa Realenga acompañada por la diputada de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, María Angustias Velasco. Otros vecinos han ido elaborando sus propios trajes para lucirlos de un año para otro.
“Calculamos que habrá unas doscientas personas que participan en la recreación”, dijo Del Moral. Velasco destacó que la inmensa mayoría de recreaciones y actividades corren a cargo de agrupaciones o voluntarios locales, como el grupo musical Renacentista, que ambientó el mercadillo con partituras elaboradas para la ocasión, o el grupo de teatro Ticana y la Asociación Cultural Molino-Museo Alto de Santa Ana, que recrearon diferentes estampas que pudieron producirse cuando Valdepeñas era una villa renacentista.
Los valdepeñeros han aceptado bien estas jóvenes fiestas, en las que se olvidan del protocolo y la etiqueta y se ciñen a disfrutar del ambiente que se forma en su pueblo en el mes de agosto, con la llegada de emigrantes y forasteros y las actividades suplementarias. Ayer por la tarde, las terrazas lucían llenas, tanto en el centro del pueblo como en los alrededores de “El Chorrillo”, plagado de sombras apetecibles. Muy cerca se celebró la X Exposición Ganadera de la Villa, en la que participaron vecinos de la comarca y donde se pudieron contemplar ejemplares interesantes, como un caballo de pura raza española. Pero la programación crece. Este año, como novedad, hubo una exhibición del ordeño manual de animales de la Finca Carbonerillos. Quienes acudieron a verlo, pudieron llevarse un buen vaso de leche fresca. También se desarrolló la primera degustación de cordero, a cargo de la Asociación Nacional de Criadores de Oveja Montesina. Uno de sus miembros, el valdepeñero José María Rosales, recordó que solo hay unos cuatro mil ejemplares de esta oveja en el mundo, muchos de los cuales se encuentran en el entorno de Valdepeñas, por lo que cuentan con fondos de la Unión Europea para trabajar en la protección de la especie. Defendió las cualidades culinarias de estos corderos y que tienen cabida en el mercado. “Hay que acostumbrar a los comensales”, comentó, y para ello, acuden a ferias como esta y dan a probar el resultado de su esfuerzo. La cola para probar las chuletas, a pleno sol, no se disolvió hasta que se agotaron las existencias. Las fiestas continúan hoy, con espectáculos de animación callejera, danza y bailes de época y un espectáculo acrobático profesional, al borde de la madrugada, para celebrar su décimo aniversario. Nuria Fernández / Valdepeñas de Jaén