Una despedida muy emotiva

El pasado sábado, en la parroquia de La Inmaculada de Mengíbar, celebramos una eucaristía de acción de gracias por el tiempo que su párroco, José Antonio Sánchez Ortiz, ha estado allí. Fue una celebración muy emotiva, cargada de sentimientos y de mucho agradecimiento por sus cinco años de Ministerio allí vividos. Los creyentes, los que estamos convencidos de que el estilo de vida de Jesús nos conduce a la felicidad, haciendo felices a los demás, amando al prójimo, ayudando a quien nos necesite, sembrando valores humanos y cristianos para hacer un mundo mejor, tenemos que ser agradecidos a quienes dan todo lo mejor de sí para ayudar a caminar a los demás.

    04 sep 2012 / 15:32 H.

    Es el caso de José Antonio, joven sacerdote que durante estos años de trabajo en esta parroquia ha conquistado el corazón de sus feligreses, porque se ha dejado la piel para que los jóvenes crezcan rodeados de buenas referencias que no les hagan fracasar, porque ha consolado a los enfermos, porque ha apostado decididamente por la familia, porque ha hecho todo lo posible para que la comunidad se mantenga unida e ilusionada. Por ello, y por tantas otras razones, su despedida no podía ser de otra forma, de tristeza por su marcha, pero de inmensa alegría por todo lo que nos deja y por todo lo que nos ha transmitido. Era difícil contener las lágrimas. En este mundo, cargado de malas noticias por todos lados, la buena noticia estaba allí, el que a pesar de su marcha nos deja ilusión, nos deja ganas, nos deja valores, amistades, unión, confianza, nuevas metas, nos deja un trozo de su corazón que sin duda nos servirá. A pesar de su modestia, él ha sabido sembrar, ha sabido echar las redes. Mi fe en Dios, mi confianza en las personas, han crecido también gracias a José Antonio. Así lo siento y así se lo dije el último día. Él sigue su camino sacerdotal y los demás seguimos nuestro caminar diario, sin duda marcado por estos cinco años que tanto bien nos han hecho. Mis hijas han disfrutado de su presencia en la parroquia, han vivido momentos inolvidables en los campamentos, han visto cómo la fe se contagia y empiezan a vivir amistades auténticas. Mi hijo, el peque, me decía el sábado: “Papá, no lo podemos despedir”. Hasta él se ha dado cuenta de lo que ha recibido. Pero la vida es así, no podemos ser pesimistas, todo lo contrario, nos tenemos que cargar de optimismo, porque si hemos vivido momentos gratificantes seguro que podremos seguir haciéndolo. Es cuestión de poner empeño y trabajarlo a diario, agradecidos por todo lo vivido e ilusionados por todo lo que nos queda por vivir. José Antonio, te deseo lo mejor en esta nueva etapa, porque te lo mereces. A pocas personas he visto entregarse tanto como tú. Gracias.

    Miguel Lechuga es auxiliar administrativo