Una “bomba de relojería” debajo de Almendros Aguilar


Una bomba de relojería es aquel explosivo provisto de un dispositivo que la hace estallar en un momento concreto. Y eso es en lo que se están convirtiendo los trabajos que se ejecutan en el eje que une las plazas de Santiago y de La Magdalena. La primera de las tres fases en las que el Ayuntamiento dividió la intervención, entre la Plaza de Santiago y la calle Alcalá Wenceslada, fue a velocidad de crucero.

04 ago 2014 / 22:00 H.

“Solo hubo que cambiar las acometidas, porque la canalización de agua potable se realizó el año pasado, y esto se hizo muy rápido”, valora la presidenta de la Federación de Vecinos Objetivos Comunes, María Cantos. Pero, desde que los trabajadores de Aqualia comenzaron con la segunda, las obras parecen haberse ralentizado. Al menos, esta es la apreciación de los vecinos del entorno. “En esta parte —entre Alcalá Wenceslada y el inicio de Juanito el Practicante—, se está sustituyendo la canalización, que era un auténtico desastre, y se están haciendo actuaciones que no estaban previstas inicialmente”, cuenta la dirigente vecinal, en contacto diario con los operarios que están al pie del cañón en la exigua zanja que hay excavada al comienzo de la calle Elvín.
“Conforme abren, se dan cuenta de que el problema no es solo la canalización. Se están encontrando con una bomba de relojería”, apunta Cantos, que añade, sin atisbo de sorpresa en sus palabras: “Es que no eran normales las filtraciones que hay en las casas y en la calle”. Por eso, pese a las dificultades que están apareciendo, resalta: “Los vecinos están satisfechos porque, de una vez por todas, se van a solucionar unos problemas muy graves”.
Por su parte, el edil de Hacienda, Miguel Contreras, indicó que los trabajos van a un “ritmo considerable” y adelantó que la tercera y última fase, en la calle Juanito el Practicante, “está pendiente de licitación en el Servicio de Contratación del Ayuntamiento”. Esta zona concentra los problemas de mayor envergadura y, por tanto, es la más costosa de las fases. Arreglarla cuesta 280.000 euros, el 70% del montante global de las obras, y, para acometerlas, ha sido necesario incluirlas en el plan de asfaltado. Pero subrayó Contreras: “Esto garantiza lo que el alcalde prometió, que se terminaría la adecuación integral y se resolverían los problemas de filtraciones”.