Una batalla que dura seis siglos
“La aurora espera impaciente” una jornada como la de ayer, el momento en el que se recrea la esencia de una “lucha” entre religiones y entre culturas que sucediera hace más de seis siglos. Las Fiestas de Moros y Cristianos “dividen” el “corazón” de Carchelejo en dos coloridos bandos.
“La aurora espera impaciente” una jornada como la de ayer, el momento en el que se recrea la esencia de una “lucha” entre religiones y entre culturas que sucediera hace más de seis siglos. Las Fiestas de Moros y Cristianos “dividen” el “corazón” de Carchelejo en dos coloridos bandos.El día 15 de agosto es fiesta grande en media España, pero en el municipio de Carchelejo se vive de una manera muy especial. Sus Fiestas de Moros y Cristianos, en honor a la patrona, la Virgen del Rosario, son un atractivo de primer orden. No en vano están declaradas como Bien de Interés Turístico y Cultural. Dos jornadas —14 y 15— son necesarias para recrear los continuos enfrentamientos, incursiones y avances y retrocesos que experimentó esta línea fronteriza entre los pueblos castellanos y el último reducto nazarí de Granada.
El 14 estos ataques, denominados “avanzadillas”, se producen por las distintas calles del pueblo hasta que el bando moro consigue arrebatar al cristiano la imagen de la Virgen. Esta es custodiada durante toda la noche en una alcazaba que se alza en la plaza de la Constitución. Ayer, día 15, llegó la segunda parte de esta representación con la “Embajada” entre el rey moro y el embajador del rey cristiano. Se trata de una puesta en escena en tres actos en la que los líderes de ambos batallones: Manuel Joyanes —que encarna al rey moro y es también el presidente de la Hermandad de la Virgen del Rosario— y Francisco González, que adopta el papel de representante del rey de Castilla, se enfrenta verbalmente sobre dilemas de fe y, finalmente, acuden a las armas.
En esta celebración interviene caballería y tropas integradas por vecinos de todas las edades. A este respecto, Manuel Joyanes, destaca la gran participación que se alcanza un año tras otro: “En los últimos años ha sido paulatino el incremento tanto de moros como de cristianos, hasta tal punto que este tenemos treinta parejas y hemos hecho dos batallones y ataques de la primera y la segunda compañía reforzados por los infantes (los niños), que son la sangre nueva que tendrá que tomar”. Subraya: “En líneas generales, creo que los vecinos y los visitantes están muy satisfechos porque lo importante es que todo el mundo que lo desee pueda participar, siempre respetando el protocolo que tiene esta tradición”. Joyanes recuerda que. aunque se repita todos los años desde hace siglos, sigue “latente” el deseo de que todo salga bien y para ello se requiere de la “participación de mucha gente”.
Irene Bueno / Jaén