15 oct 2015 / 14:17 H.
Resulta cuando menos algo gravoso, sostener respuestas emocionales placenteras, cuando nos rodean y abruman casi todos los días paisajes hirientes y personajes esquinados, aunque algunos prediquemos desde esta apartada orilla donde aún la luna brilla y se supone que se respira mejor. Tan sólo es cuestión de asomarse desnudo, a poro abierto, a esos balcones que dan a las calles del mundo, escuchar a los pregoneros de sólidas mentiras y de verdades solapadas o sencillamente incómodas, oír cantar a juglares y trovadores de pacotilla sus lucrativos amores de bolsillo, sus mezquinos romances de alcahuetas vocacionales y usureros con nóminas gubernamentales, y ver, los dolores ajenos y el horror, que a resguardo de nuestro caparazón creemos tener superados.También es cierto que nunca nos deberíamos anclar en el estéril lamento, en el fatalismo con que nuestra condición de mortales nos adereza, porque estaríamos a merced de los “vivos” de vivero, expuestos a las interesadas indulgencias de todas las religiones, a los injustos purgatorios de los dioses inventados. Recordemos que de la tierra estercolada –que es caca de la vaca– brotan los frutos esenciales y la sustancia que todos los animales reconocemos. Es evidente que la historia de la humanidad no ha sido cieno estancado, podría reconocerse como un barro vital, para formas más justas, más armoniosas, y si cabe más alegres. Quizás a nuestros ojos de tiempos urgentes les parezca una arcilla lenta y con defectos imperecederos, con carencias infranqueables, con insolvencias eternas y definitivas, pero reconozcamos con toda la generosidad de que dispongamos, que después de nuestra mirada íntima, única e irrepetible, vendrán otras miradas y otros tiempos que ya no serán nuestros, pero que sin duda estarán impregnados y esmaltados con los avatares que estamos viviendo, que otros vivieron, o como augura Borges: seremos parte del olvido que es la tenue sustancia de que está hecho el universo. Creo que es suficiente para mantenernos el latido y la esperanza.