Un sueño que se acabó

Fue bonito mientras duró. Empezó al depositar el voto en una urna; con aquella sensación de libertad en las primeras elecciones democráticas, convencidos de que hacíamos algo importante, seguros de que aquel partido era el mejor, el que iba a gobernar para todos decentemente; y nosotros lo íbamos a hacer posible.  Confiábamos entonces en las personas que nos iban a representar y que nos representaron. Pienso que los veíamos honrados, luchadores, decididos; gente que haría lo posible por cumplir lo que estaba prometiendo. Creímos en el sistema.

    04 ago 2012 / 09:13 H.


    Con el paso de los años empezó el desgobierno, pero todavía no se cuestionaba todo aquello que se había construido con mucho esfuerzo. Discutíamos de si seguir votando a estos o a los otros por tales o cuales razones. Un día se conocen casos graves de corrupción que nos hacen dudar, pero la alternancia nos daba un respiro. Además, algunos vivimos como reyes por el auge de la construcción, haciendo un negocio multimillonario la compraventa de inmuebles, y se crearon muchos puestos de trabajo. Ibas al banco a por un préstamo para el piso, y ya de camino te lo daban para los muebles; te llevabas un coche y si querías un viaje, también. Los ayuntamientos hacían obras y obras sin parar y sin pagar; las comunidades autónomas hacían lo mismo a costa de un endeudamiento sin parangón –los costes de tranvías y aeropuertos dan escalofríos–. Pero seguíamos soñando. El reino de los cielos estaba aquí mismo.

    Se compraban pisos y antes de construirlos ya estaban vendidos con ganancias extraordinarias, porque los precios de los inmuebles se multiplicaban cada año. Este castillo que empezamos a construir con fuerza en los años noventa empieza a derrumbarse en 2007, cuando la desconfianza en Estados Unidos por la concesión de hipotecas de alto riesgo (con mayores posibilidades de impago), hace que se reduzcan de pronto los créditos y la financiación. Esto repercute en España y se para el crecimiento basado en la construcción, con lo que el paro se dispara en poco tiempo. El sueño se va convirtiendo en pesadilla. A la vez que van teniendo efecto estas cosas se destapa lo que llaman “la trama Gürtel” –caso de corrupción sin igual, en el que un entramado de empresas van detrayendo fondos públicos para obtener beneficios particulares–, el asunto de los ERE, en el que se investigan prejubilaciones de personas a las que se incluye en empresas sujetas a expedientes de regulación de empleo sin haber trabajado en ellas. “El caso Urdangarín”, referente al desvío de fondos públicos relacionados con el Instituto Nóos, que presidía el duque de Palma. Y otros más en ayuntamientos y comunidades autónomas. Ahora mismo los españoles estamos hartos; tanto que no se discute de política entre los de izquierdas y los de derechas, sino de qué hay que hacer para acabar con el despilfarro y la corrupción. Esto no es el paraíso terrenal. Ya hemos despertado del sueño.

    Juan de Dios Jódar es funcionario