Un subidón de 1,7 millones de euros
Antonio Heras / Jaén
El Polígono de El Valle acogió el viernes dos lluvias: la de agua y otra —mucho más rara y apreciada— la de dinero. El Cuponazo de la ONCE repartió más de 1,7 millones de euros a través de 57 cupones. Un auténtico soplo de oxígeno para una de las zonas más castigadas por la crisis y el paro.
Antonio Heras / JaénEl Polígono de El Valle acogió el viernes dos lluvias: la de agua y otra —mucho más rara y apreciada— la de dinero. El Cuponazo de la ONCE repartió más de 1,7 millones de euros a través de 57 cupones. Un auténtico soplo de oxígeno para una de las zonas más castigadas por la crisis y el paro.
Un joven se acerca, acompañado por su mujer y su hija, hasta el kiosko de la ONCE ubicado en la calle Santa María del Valle, como hace cada día. El vendedor, Francisco Palomino, le ve llegar. “Te dejaste 90.000 euros euros ayer, por no llevarte los cupones al final”, comenta el trabajador. “No me digas que ha tocado. Lo sabía, se lo dije a mi mujer”, lamenta el hombre. Aunque ayer no hubo muchas lamentaciones en torno al kiosko de Palomino, sino muchas sonrisas y agradecimientos, y si hubo lágrimas, fueron de alegría. Allí se vendieron, el viernes, 57 cupones premiados con 30.000 euros cada uno. En total, más de 1,7 millones que fueron recibidos con una mezcla de incredulidad y felicidad inmensa, mucho más en un barrio como el Polígono de El Valle, castigado por la crisis incluso antes de que esta acaparara todos los informativos y los titulares.
“Me he emocionado porque es gente muy humilde, que lo está pasando muy mal y que están casi todos en el desempleo”, comenta Palomino desde un puesto al que no dejan de venir compradores atraídos por una noticia que corrió de boca en boca: “Solo me quedan dos cupones para hoy y es todavía la una de la tarde”, dice.
Se trata del premio más grande que ha dado Palomino en los tres años “y pico” que lleva en la organización y, también, uno de los mayores que se recuerdan en el barrio. Nacido hace 50 años en Noalejo, trabajó durante mucho tiempo en la estación de servicio de Quesada, en Torredelcampo, hasta que un desprendimiento de retina le obligó a apartarse de esa ocupación, aunque, por fortuna, encontró otra en la que, visto lo visto, tiene muy buena mano. Palomino conoció la noticia en tiempo real, el viernes por la noche, ya que tiene por costumbre escuchar los sorteos —“Es mi trabajo”, declara con seguridad—, pero algunos de los agraciados no tenían, ayer, ni idea de que eran —como poco— 30.000 euros más ricos que ayer. Fue el caso de una joven que pasó por el puesto de Palomino, pero ni siquiera se detuvo a comprobar el número. “Se paró en un escaparate de enfrente a hablar con una amiga, así que yo me salí y le dije que le había tocado el Cuponazo”, relata el vendedor. “Ella dijo que si habían sido los dos números del final, vamos, que pensaba que le habían tocado unos pocos euros o el reintegro, y le dije que no, que 30.000, y se echó a llorar”, asegura Palomino. “No lo sabían sus padres tampoco, y me comentó que iba a ser una bendición para la familia”, añade. No es un caso aparte. Todos los premiados son clientes habituales del puesto de Palomino, vecinos del barrio y con una situación económica, cuanto menos, precaria, que ahora recibe un buen soplo de oxígeno. En uno de los casos, más que soplo, huracán, ya que uno de los acertantes, con varios cupones premiados, se llevará 300.000 euros.
“Para el extraordinario del 11 del 11 pienso dar el Gordo otra vez, así que aquí os espero”, afirma, sonriente, desde su kiosko, al que siguen acercándose clientes. “A ver si cae más dinero, que eso es lo que hace falta aquí”, desea una vecina con una sonrisa.