Un humor inconfundible que no falla
Inmaculada Espinilla /Jaén
Son más de veinte años de carrera, de un humor sin artificios en el que manda la palabra con mayúsculas y, cómo no, la carcajada honesta. Faemino y Cansado llegaron a la capital para demostrar que 'Parecido no es lo mismo'.
Inmaculada Espinilla /JaénSon más de veinte años de carrera, de un humor sin artificios en el que manda la palabra con mayúsculas y, cómo no, la carcajada honesta. Faemino y Cansado llegaron a la capital para demostrar que 'Parecido no es lo mismo'.
Sonaba a lo de siempre, pero no era igual. Sobre el escenario estaban las chaquetas roja y azul, las palabras que se agolpan, las frases que corren y unos gestos que dan fuerza a cada sonido. Todo respondía a lo que se espera de ellos, pero era nuevo.
Si hubiera que valorarlos por su capacidad productiva, no superarían el corte. Su extensa trayectoria solo ha dado seis “hijos”. En cambio, si lo que se mide es la inteligencia sumada a una serie de risas encadenadas, no habría regla ni sistema que lo abarcase.
Faemino y Cansado no necesitan grandes escenarios, ni efectos especiales, ni tan siquiera juegos de luz o de música. El atrezzo lo componen tan solo los micrófonos y unas chaquetas que parecen no haber cambiado con el paso de los años. Solo se valen de su voz, un timbre que se moldea para sumergirse en el absurdo más infinito que, en ciertos momentos, parece cobrar lucidez. Pero, ¿quién marca la diferencia?
Es imposible detallar un hilo narrativo y mucho más complicado aún, un argumento. Son así. Honestos, descarados y sin apegos. Solo precisan de la risa de su público y de su respuesta. Es su esquema, y funciona. “Cualquiera podría hacerlo”, sostenían sobre las tablas. “Ya, pero nosotros lo hemos inventado” y más carcajadas por respuesta.
Aunque Faemino y Cansado cosecharon éxitos en televisión, parece que se sienten más cómodos en un pequeño auditorio, como si estuviesen en el salón de su casa. Así se presentaron en el Infanta Leonor. Sin adornos. Tan solo ellos y su vertiginosa conversación. Parece improvisada. Su raudal de palabras avanza a un ritmo tan rápido que nadie se da cuenta de que todos los tiempos están medidos. Ese es su éxito, un triunfo viejo. ¿Es el mismo? No, es parecido.
Mímica, chistes, entre ellos, el del “tío de la moto”, un mimo “de verdad”, es decir, “un mudo”, cómo viven las mujeres la sexualidad... Un espectáculo en dos tiempos: pantomima verbal y palabras gestualizadas. Da igual de lo que se hable, porque lo importante es el cómo lo dicen. Sería imposible de reproducir, ya que la gracia se perdería en cada letra. Ver “Parecido no es lo mismo” es bucear en la esencia de Faemino y Cansado. Recordar y ver cosas nuevas. Son dos maestros del humor y hoy repiten en el Infanta Leonor, a las nueve.