Una fiesta con final amargo
Rafael Abolafia / Jaén
Laura, Carmen y José Luis estaban de fiesta aquella noche. Las chicas celebraban en una discoteca de Jaén que habían terminado el curso. Cuando se marchaban para casa, fueron arrolladas por un conductor ebrio que, además, se dio a la fuga. Ahora, ha sido condenado.
Rafael Abolafia / JaénLaura, Carmen y José Luis estaban de fiesta aquella noche. Las chicas celebraban en una discoteca de Jaén que habían terminado el curso. Cuando se marchaban para casa, fueron arrolladas por un conductor ebrio que, además, se dio a la fuga. Ahora, ha sido condenado.
“Gracias a Dios, no pasó nada, pero mi hija podría hoy estar muerta”, dice Carmen Moral, madre de una de las jóvenes que todavía no ha llegado a la mayoría de edad. “Aún tiene secuelas, sobre todo, morales. Cuando va por la calle, nunca está tranquila”, explica esta vecina de Torredelcampo.
La historia comenzó el 29 de mayo. Ese día, Carmen y su compañera de clase Laura, natural de Torredonjimeno, participaron en la fiesta de fin de curso. Ambas son alumnas de un ciclo formativo de Farmacia en el Instituto Santa María de los Apóstoles. Llevaban meses esperando la fiesta, porque representaba el premio a muchas jornadas de esfuerzo y estudio. “Primero estuvieron en el centro, después, se fueron a cenar todos juntos con los profesores y, al final, acabaron en una discoteca”, relata Carmen Moral. Fue allí donde las dos adolescentes coincidieron con José Luis, natural también de Torredelcampo.
Para volver al pueblo, los jóvenes decidieron seguir el consejo que les había dado la madre de Carmen: “No regreséis en coches particulares”, les dijo, temiendo que en la fiesta se consumiera alcohol. “Coged un taxi”. Así lo hicieron. Salieron de la discoteca Bariloche y estaban en la puerta esperando a que los recogieran. Eran las siete de la mañana. Fue entonces cuando se produjo el accidente: “Ni siquiera vieron venir el coche”, relata la madre de una de las tres víctimas.
El vehículo, conducido por A. G. C., los arrolló. A continuación, se dio a la fuga. Al llegar al Paseo de la Estación, colisionó con otro coche que estaba aparcado en el carril derecho de esa vía porque una persona se estaba apeando. Fue ahí donde concluyó la escapada del conductor. Fue detenido poco después. El atestado policial habla de que presentaban síntomas exteriores de intoxicación etílica. Entre otros, describe “temblores, comportamiento enervado, ojos brillantes, aliento a alcohol, habla pastosa y deambulación vacilante”. Pasadas las siete y cuarto de la mañana, es decir, apenas un cuarto de hora después del primer atropello, los agentes le realizaron la prueba de alcoholemia. Dio positivo. 0,81 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Repitió el mismo resultado en el segundo control.
Una tasa que llevó a A. G. C. ante el juez, acusado de un delito contra la seguridad del tráfico. El juicio se celebró la pasada semana. El conductor reconoció los hechos y aceptó su culpabilidad. El titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Jaén, Fernando Moral, le impuso una condena de 360 euros de multa. Además, se le retira el permiso de conducir durante ocho meses y deberá hacer veinte días de trabajos en beneficio de la comunidad: “Es el castigo que ha dictado la Justicia y yo lo respeto”, dice Carmen Moral, la madre de una de las alumnas atropelladas, que agradece el gesto del padre del conductor, que la llamó para interesarse por el estado de su hija.
Las tres víctimas sufrieron lesiones leves. No obstante, todavía están en manos de los médicos y de los forenses para ver cuál es la evolución. De hecho, se han reservado el derecho a emprender acciones civiles, es decir, a reclamar en los tribunales las cantidades que pudieran corresponderles como indemnización por los daños y perjuicios. Fue el final amargo de una jornada de fiesta.