Un cumpleaños sin fiesta
Las últimas elecciones autonómicas pintaron de rojo el mapa de Andalucía. La tendencia histórica de voto se hizo añicos y, contra todo pronóstico, el Partido Popular ganó en una comunidad estratégica para el Gobierno de España. Lo que ocurre es que el Partido Socialista e Izquierda Unida unieron sus fuerzas para frenar las pretensiones de los populares con un pacto inédito por el que nadie daba un céntimo. Soplada la primera vela y, ante un escenario duro e inhóspito como telón de fondo, la Junta puede presumir de gestión en el obligado balance al que se apuntan todos.
Las últimas elecciones autonómicas pintaron de rojo el mapa de Andalucía. La tendencia histórica de voto se hizo añicos y, contra todo pronóstico, el Partido Popular ganó en una comunidad estratégica para el Gobierno de España. Lo que ocurre es que el Partido Socialista e Izquierda Unida unieron sus fuerzas para frenar las pretensiones de los populares con un pacto inédito por el que nadie daba un céntimo. Soplada la primera vela y, ante un escenario duro e inhóspito como telón de fondo, la Junta puede presumir de gestión en el obligado balance al que se apuntan todos. A nadie se le escapa que el gobierno de coalición, coronado de espinas, nada a contracorriente para evitar que el barco de la corrupción, de los escándalos y de los recortes se vaya a la deriva. Tantas ocupaciones conlleva esa mareante lucha que las provincias se ven aisladas de la estrategia política de la Junta de Andalucía. Las evidencias hablan por sí solas y basta con ver la agenda de los dirigentes andaluces para comprobar que esto ya no es lo que era. Al menos en Jaén.
Hay quienes dicen que el presidente, José Antonio Griñán, tiene interiorizado el mensaje “distorsionado” de que los socialistas jiennenses, con liderazgo en la calle Hurtado, no son de la cuerda de la directiva regional, lo que desemboca en un mayor distanciamiento entre Sevilla y Jaén. Lo cierto es que el bloque más crítico percibió una estratégica decisión de poner tierra de por medio en el mismo momento en que se redujo la presencia jiennense en el equipo de Gobierno de Andalucía. Acostumbrados a estar señalados con el dedo porque los números discriminaban positivamente a la provincia, Griñán impuso un criterio basado en el equilibrio territorial que abrió una herida incurable entre los socialistas acérrimos de Gaspar Zarrías.
Dos consejeros con “carné” jiennense —una en un peldaño político más abajo que en la legislatura anterior— representan a su tierra, hoy en día, en la composición de un gobierno que muchos ven más alejado que los antecesores. Son los mismos que opinan que Mar Moreno y Antonio Ávila visitan poco su tierra, lo hacen de paso y sin arrimar el hombro más allá de las carteras que representan. Convencidos de que, en épocas de vacas flacas, es necesario agudizar el ingenio, echan de menos esa política en mayúsculas capaz de iluminar la más absoluta oscuridad. Política que, en estos tiempos convulsos para un partido fisurado internamente, dicen que queda relegada a la Diputación que preside Francisco Reyes. Y, en esa crítica a la pasividad del Gobierno andaluz, hay quienes ven más en Jaén a IU que al propio PSOE, lo que obliga a concluir que los de Diego Valderas saben hacerse valer, aunque sea más por demérito de sus socios que por mérito propio.
Reconocida la gestión de la Junta de Andalucía por sobrevivir y combatir las medidas dictadas desde Madrid que son imposibles de sortear, la reducida presencia de los delegados jiennenses en los medios de comunicación suena cada vez con más bríos. Ahora bien, quienes conocen desde dentro la “estructura” justifican esa bajada de la actividad mediática: son menos y abarcan más áreas. En el otro extremo, el de la oposición, se alza un Partido Popular más fortalecido en las provincias que en el conjunto de Andalucía. El discurso político, centrado en el enfrentamiento entre los gobiernos autonómico y central, es constante en todos los partidos en un cumpleaños en el que no hay lugar para la fiesta.
En corto
Está convencido de que las inventivas con las que gana protagonismo en los titulares de los medios no solo lo sitúan en el mapa como uno de los mejores políticos que ha dado esta tierra, sino que contribuirán a cambiar el rumbo social y económico de Torredonjimeno. Para él, la Ciudad del Placer o el referéndum para consultar a los españoles si quieren monarquía o república son ideas que, más allá de atraer la atención, beneficiarán al municipio que aspira a dirigir. Checa quiere colocar las urnas en los bares, el 15 de septiembre, y ha convocado a todos los periodistas del mundo con una carta escrita en español, alemán, francés e inglés. Llama a su iniciativa “democracia participativa”.
Bloc de notas
-Eran otros tiempos cuando los alcaldes de los pueblos acostumbraban a utilizar los ayuntamientos como si fueran sus propios cortijos. Hoy en día, los dirigentes municipales tienen asumido que están obligados a cumplir unas normas y hacerlas cumplir a los demás. Sin embargo, cuando se pierde el sentido común ocurren casos como el protagonizado por el alcalde de Castellar, el popular Gabriel González. El PSOE lo acusa de haber gastado 2.349 euros en gasolina en un año, con cargo al erario, sin justificación. Y él, ni corto ni perezoso, declara que ni hace cuentas ni justifica sus gastos. Habrá que ver si esa salida de tono le cuesta un tirón de orejas “político”.
-Si por algo se caracteriza el alcalde de Jaén, José Enrique Fernández de Moya, es por su británica puntualidad. Nunca hace esperar más allá de los cinco minutos de cortesía. Se ve que hasta lo pasa mal cuando alguien protagoniza retrasos en los que él se ve involucrado. Basta con verlo en la inauguración de Expoliva, donde no dejaba de mirarse el reloj ante la tardanza del consejero Luis Planas.