25 jun 2014 / 22:00 H.
La noticia más importante de los últimos años respecto a la Jefatura del Estado y la monarquía no ha sido la reciente abdicación de Juan Carlos I, y el relevo de Felipe VI, sino la apertura de la opinión pública para debatir sobre la forma de Estado, la posibilidad de pedir o plantear un referéndum sobre la República. Como bien se sabe, hasta hace pocos años esta cuestión era intratable en los medios de comunicación, y un acuerdo tácito se ceñía sobre cualquier asunto espinoso que salpicara al rey. Muchas razones de peso han propiciado este cambio: Los escándalos de la Casa Real, el caso Urdangarin, los safaris o las obligaciones de transparencia ante un gasto desorbitado, han cuestionado una institución que nunca podrá renovarse, ya que sus raíces la anclan en el feudalismo. Como es sabido, supuestamente la sangre de los reyes desciende directamente de Dios, de generación en generación, y así hasta hoy. Pero no sólo hay problemas internos, sino fallos externos, sobre todo la estructura del Reino de España y su organización territorial, o lo que es lo mismo, la exigencia de un Estado federal que reconozca las identidades nacionales. El pacto de la Transición se halla más que nunca discutido porque no solo existen heridas todavía sin cerrar, desde la Guerra Civil, sino que hay que actualizar (léase reformular, reformar, reconstruir) un sistema que no se corresponde con las necesidades de la mayoría. El PSOE tendrá que dar el paso. Voces desde dentro lo piden, como la corriente Izquierda Socialista, y José Antonio Pérez Tapias propone una renovación que ansiamos vivamente: Girar a la izquierda y construir un modelo —una economía social— sostenible, alejado del neoliberalismo, del entreguismo a estas políticas financieras desastrosas, apostando por una banca pública firme que ampare a los trabajadores y a las clases medias para que fluya el crédito, y un estado plurinacional. Detener el liberalismo, frenar este aire infecto que asola el pensamiento contemporáneo, esta libertad con ira, esta injusticia asoladora que gobierna el mundo, su corazón podrido de gusanos.