Ucrania, en su guerra civil

Las tibias penalizaciones aplicadas hasta el momento a Rusia por prender la llama de las revueltas en Ucrania no merman la capacidad de injerencia de Putin. Por ahora, el rédito de apoyo a su intervención en la zona de influencia rusa le ha granjeado más apoyos y aumentado la percepción positiva de su gestión en Rusia. Todo son parabienes para el líder, aunque la tensión de los últimos días, con una jornada sangrienta como la del viernes, acabará por tener consecuencias internacionales. El presidente estadounidense, Barack Obama, ya tiene el compromiso de la canciller Angela Merkel para penalizar el comercio de armas y las relaciones económicas si no se reconduce la situación en Ucrania. La voluntad expresa de “castigar” a Rusia por sus acciones es evidente, aunque aún queda por concretar dónde estará el punto de inflexión para aumentar las sanciones.
Pero en el tapete de las relaciones diplomáticas no hay que olvidar la dependencia energética del noreste europeo con el gas y los petróleos rusos. Mientras el Gobierno  mantenga sus tropas en la frontera y dé su apoyo material a los separatistas, las relaciones, al margen del tratado puntual, serán tensas y depararán más episodios de violencia. Los fallecidos tras el incendio se suman al goteo de bajas de un conflicto que es ya un incipiente guerra civil y     que puede perturbar las relaciones de las potencias mundiales durante años. La cuerda no puede tensarse más y las milicias rusas deben volver a los cuarteles de invierno una vez conseguida la “anexión” de Crimea y con otras regiones en las que ya prendió la mecha del conflicto. Y en este severo contexto, la voz europea, una vez más, sin discurso propio.

    03 may 2014 / 22:00 H.