Tumbas y cárceles
Para transgredir los derechos de otros tienes que pisar las libertades de unos, parece cantar el tribunal de Estrasburgo. Para destronar de su altar compensatorio la doctrina Parrot. Que alegría tendrán los familiares de recibirlos en sus casas. Tanto tiempo, teniendo que viajar para compartir un par de horas, que crueldad. Por fin se ha hecho justicia.
La lucha política a través de la violencia termina con su consecuencia más democrática y finaliza el periodo de privación de libertad. El objetivo de la reinserción se ha cumplido, y el terrorista se ha rehabilitado, pudiendo aportar unos valores incalculables a la sociedad (a cambio del coste que todos hemos pagado, vía impuestos). O quizás ese tiempo solo le ha enrabietado contra una sociedad injusta y dictatorial y le ha hecho reafirmarse en sus valores y creencias. O se ha dado cuenta de que se dejó influenciar, y eligió esa forma de vida, como podía haber sido panadero, oficinista o Guardia Civil. Vaya usted a saber, señoría. El único pero de esta bonita historia es esa madre, esa viuda, ese hermano con la vista eternamente perdida, gente cuyo corazón pedía venganza y entre todos logramos convencer de que la justicia es la mejor compensación que un alma perdida puede recibir. Esos paseos por el parque se cambiaron por largas horas llorando tumbas, con el eterno ¿por qué? Del día de los enamorados al día de los difuntos. Del cumpleaños feliz al solitario aniversario del atentado. Pero como creemos en la justicia, el liberado consolará a su víctima, y juntos creerán en el proceso de paz…o tal vez no, tal vez se dedique a contar batallitas a los jóvenes luchadores que lo consideran héroe y mártir, y a la madre, a la viuda, al hermano, que le vayan dando. Justicia.
Profesor de Formación Vial
Francisco J. Peinado