“Todo está parado”
Con esta frase nos solemos quejar de lo mal que está el trabajo y, por mucho que nos quieran “vender” que hemos salido de la recesión y “pronto” se creará empleo, lo cierto es que son muchos los jóvenes que se ven obligados a salir fuera de España para trabajar, que en muchos hogares es muy difícil llegar a fin de mes, y que también son muchas las familias a las que se les están acabando los ahorros porque, por mucho que se haya podido ahorrar, esta crisis tan larga se está encargando de dilapidarlos, de acabar con la ilusión y la esperanza de un futuro mejor, de generar desconfianza y rechazo a los políticos.
Se respira un pesimismo mayúsculo que nada ayuda a salir de esta situación. Saldremos, pero a qué precio. Dicen que esto es cíclico, lo cual me lleva a pensar que no somos capaces de aprender de los errores, que volverán tiempos de crecimiento y bonanza y volveremos a hundirnos en el pozo. Mientras, me fascinan esas personas que son capaces de reinventarse, que la crisis les aprieta pero no les ahoga, que resurgen de sus propias cenizas y vuelan alto gracias a una idea, un proyecto, por el que se esfuerzan, arriesgan y ganan. Sobran los pesimistas, los corruptos y los que viven del cuento. Los políticos que solo saben culparse unos a otros que se vayan lejos. Aquí solo debe haber sitio para las personas honradas, trabajadoras y justas. Necesitamos escuchar a los sabios capaces de predecir y orientar de forma lógica, coherente y equilibrada. Necesitamos sensatez para no volver a caer.
Miguel Lechuga Auxiliar administrativo