Tanto va el cántaro a la fuente
La clase política tiene su índice de popularidad por los suelos; se fue Felipe González, ídolo de masas, saliendo por el sotanillo acompañado de Filesas y Gales. Llegó Aznar, con su gesto serio y su capacidad de convicción internacional, pero sus poderes se esfumaron entre barcos hundidos y trenes sin estación. Después tuvimos al chico del Talante, que con su ceja arqueada pretendía sonreír a gusto de todos y muy a pesar de la mayoría, negando evidencias y exprimiendo las cáscaras cítricas de las maltrechas arcas nacionales.
Y ahora tenemos al señor de los recortes, la más impopular de las acciones políticas que Rajoy y su barba afilada ejecutan. Tiempo al tiempo, quizás sea un movimiento macroeconómico natural, como dicen sus detractores, o tal vez empecemos a salir del abismo. A nivel local, similar pero con menos cacharreo mediático; tuvimos verdes talando árboles, capitalistas negando avances y gente del pueblo que sólo miraba el ombligo de su interés. Ahora estamos gobernados, de momento, por el señor Fernández de Moya. Porque salvo que se demuestre lo contrario, su actitud y manejo de la situación roza lo impecable. Con un índice de popularidad desconocido para el sector, hace encajes de bolillos, junto con su equipo de gobierno, para, como diría cualquier ama de casa, llegar a fin de mes. La oposición, como es su sentida obligación, busca donde hincar el diente, sin poder disparar con la pólvora que gastaron cuando eran artilleros, ni poder apuntar a los blancos que ya acribillaron en el fragor de su liderazgo. Por eso se buscan fuentes, y se encuentran aguas turbulentas. Ya veremos si están saneadas o por el contrario todo lo infectado está por descubrir.
Profesor de Formación Vial
Francisco J. Peinado