“Talismanes” de madera
Un escaparate atrae las miradas de varios transeúntes y arranca más de una sonrisa en la calle Hurtado, en pleno centro de la ciudad. Algunos niños señalan algo más allá del cristal. Se trata de la Marquetería Ébano, y las “culpables” del magnetismo que dirige a la gente hacia la tienda son unas pequeñas figuras de madera, algunas articuladas, que destacan por una curiosa mezcla de sencillez y cuidado por el detalle. Se distingue a un pintor en pleno proceso de creación, con el caballete y el pincel incluidos; un panadero en plena elaboración de las barras; un futbolín, o una mesa de billar en el que, de hecho, se puede “jugar perfectamente”, aunque a escala.
Las manos que, con buen hacer y paciencia, dan forma a estos muñequitos —expuestos en el escaparate para adornarlo— pertenecen a Antonio Luis Martínez González, jiennense de cincuenta y seis años, del barrio de San Ildefonso, jubilado desde hace “año y medio”. La marquetería fue su negocio durante tres décadas; en una primera etapa, en la calle Ramón y Cajal, ahora en Hurtado. La empresa, de carácter familiar, ha pasado a sus hijos, de los que está orgulloso. “La llevan mejor que yo”, asegura con el semblante feliz, aunque Martínez González pasó, recientemente, una etapa dura de la que salió, precisamente, gracias a esas figuras de madera. Sus “talismanes”.
“A raíz de la jubilación me vine un poco abajo”, explica el jiennense. El abismo de tener tanto tiempo libre de repente se unió a una discapacidad visual de más del 85%. “Estaba pasando un bache importante”, describe Martínez González. “La sicóloga de la ONCE, de la que soy asociado, me animó a hacer cosas”, comenta. “A mi hija se le ocurrió que hiciera unas figuras para el escaparate de Navidad, y ahora es el pan mío de cada día”, afirma el hombre. Pasa por la marquetería y escoge trozos de madera que ya no sirven. Los lleva a casa, se pone cómodo y se “arma” con “serruchillo”, una navaja, una lima y mucha pericia. Sus yemas resultan, en este caso, mucho más valiosas que los ojos.
“Ya no veo nada definido, ni de cerca ni de lejos, con o sin lentes. Así que lo principal es el tacto y los trucos que vas aprendiendo. Mides con los dedos, desarrollas otras habilidades con las manos”, declara Martínez González. “En poco tiempo he adquirido algo así como un sentido nuevo. No me lo esperaba”, asegura con asombro. En su pasado laboral siempre estuvo rodeado de madera, pero nunca hizo trabajos de este tipo. Este talento, eso sí, le viene de familia. “Mis tíos eran tallistas y me he criado con ellos”, recuerda el artesano, que también utiliza alambre y metacrilato para los detalles y para articular muñecos y figuras más complejas. Aunque la libertad creativa es su seña de identidad. “No me gusta que me hagan encargos. Hago lo que me da la gana. Cojo un trozo de madera y me digo: ‘De aquí se podría hacer un futbolín’, y me pongo a ello”, expresa el asociado de la ONCE en Jaén. En poco más de un año calcula que habrá elaborado “entre doscientas y trescientas” figuras de madera de pino. “Es complicada de trabajar, porque lleva una veta dura y otra más blanda, pero es la que más se usa en la marquetería”, razona. Su ritmo de producción es constante. “Casi una por día”, asevera. Algunas tallas van para el escaparate, otras son “regalos” para amigos o familiares y muchas se quedan en casa. Una de sus últimas pasiones es hacer reproducciones de motos. “Me encantan. He hecho unas ‘vespillas’ hace poco. La verdad es que disfruto una barbaridad. Me da la vida”, valora Martínez González.