Sueldos indignos

El domingo, mientras veía el programa de Ana Pastor en la Sexta, no pude sino indignarme por el cinismo y la cara dura que tienen algunos de nuestros dirigentes.

    29 ene 2014 / 21:23 H.

    A la vez que proclaman que debemos apretarnos el cinturón, que los salarios deben bajar en España para que seamos más competitivos y podamos salir antes de la crisis, ellos ganan unos sueldos casi obscenos. Así es fácil predicar, sin el ejemplo. ¿Hasta dónde pretenden que bajen si ya están en el subsuelo? Los mileuristas, antes tan denostados, ahora pueden considerarse unos privilegiados en un país donde desaparecen los contratos indefinidos y proliferan los temporales a tiempo parcial, un tipo de contratación pensada para facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral, pero que ahora viene impuesta por el empresario. Esos políticos y economistas que nos dirigen y asesoran desde las más altas instancias y propugnan que desaparezca el salario mínimo, deberían experimentar lo que significa vivir con seiscientos euros, angustiados cada día por no poder llegar a final de mes en un país donde productos básicos como la electricidad, el gas o la gasolina no paran de subir. ¿Será mucho sueldo los cincuenta euros que vale el jornal de un aceitunero? Probablemente para ellos sí. Claro que ninguno de esos prohombres sabe lo que significa ir al campo en un día de invierno, cuando el suelo cruje bajo tus pies por los efectos de la helada y las manos te duelen de frío. No saben lo que significa arrastrar un lienzo cargado de aceituna, soportar el peso de una vara mecánica o el ruido constante de una sopladora. No son conscientes del cansancio que te arrebata las ganas de vivir, de los pies pesados por el barro que arrastras tras los días de lluvia o del sudor que te empaña la vista cuando hace calor. Ellos habitan en otro mundo, un mundo de moquetas y buenos abrigos, de guantes de piel y chóferes que esperan para abrirles la puerta de un vehículo de alta gama. La diferencia de renta entre la clase privilegiada y el resto de españoles cada vez es más grande. Las veinte personas más ricas de España poseen una fortuna similar a los ingresos de diez millones de personas. La brecha se ensancha, hasta el punto de que amenaza con tragarse a la clase media.
    Felisa Moreno es escritora