29 may 2014 / 22:00 H.
El título arriba reseñado bien podría ser más propio de una nueva y taquillera película basada en alguna de los obras del creador internacional de best seller, Dan Brown, pero no, “el nuevo Vaticano” no es más que una suerte de aproximación —si se me permite— a la actual Iglesia, desde que aquel “Habemus papam” del 13 de marzo de 2013 irrumpiera por megafonía y llegara hasta el último rincón de la Plaza de San Pedro. Jorge Mario Bergoglio —primer pontífice proveniente de la Compañía de Jesús y además sudamericano— ha llegado con renovadores aires hasta el Vaticano, y no sería de extrañar. Una Iglesia obsoleta —desde el punto de vista de quien esto escribe—, con sabor añejo, precisaba de ese aire fresco de alguien como Francisco que, no hay duda ninguna, ha sabido poner en práctica, al menos ante la opinión pública, aquella expresión empleada en la Roma latina Donec aliter provideatur (“Hasta que se disponga lo contrario”). Todavía nada se ha dispuesto en su contra ni respecto a su consecuente actuación hasta el momento a tenor de sus primeras palabras. Al menos mediáticamente hablando y frente a los fieles aún más fidelizados si cabe, papistas, incluso, más que el propio Papa, el pontífice responde a las expectativas que se barajaban; y también en lo tocante al resto, es decir, los que “no saben, no contestan”, miran con sorpresa la “impasible reacción” de la curia romana viendo el “ciclón Franciscus” que arrasa y de qué manera. Aunque me viene al caso confesar, y nunca mejor dicho, que la actual figura del Papa de Roma viene siendo santo de mi devoción, admito al mismo tiempo que entraba dentro de mis previsiones la figura de semejante “redentor” respecto a una iglesia anquilosada en la edad de piedra. Pose conveniente, o no, de lo que no cabe duda ninguna es que Francisco I seguirá dando mucho de que hablar. Por lo pronto hace zozobrar los cimientos, si no del palacio que lo alberga, sí aquéllos de quienes no hará ni un año arremetían contra el milena-rio credo ataviado de tantas controversias como desaciertos.