Siempre dura un instante
Las imágenes de la catástrofe de Japón nos sitúan en escenarios apocalípticos solo esbozados en la imaginación. La realidad, no obstante, siempre se empeña en mejorar el guión. El apesadumbrado deambular de los japoneses por las ruinas de sus ciudades, con la amenaza nuclear pisándoles los talones, me recuerda el camino de un padre y un hijo en la estupenda novela
La carretera (The road), del escritor estadounidense Cormac McCarthy.
Las imágenes de la catástrofe de Japón nos sitúan en escenarios apocalípticos solo esbozados en la imaginación. La realidad, no obstante, siempre se empeña en mejorar el guión. El apesadumbrado deambular de los japoneses por las ruinas de sus ciudades, con la amenaza nuclear pisándoles los talones, me recuerda el camino de un padre y un hijo en la estupenda novela
La carretera (The road), del escritor estadounidense Cormac McCarthy.
17 mar 2011 / 16:04 H.
Vivimos de prestado, aunque nos consideremos los elegidos para domeñar todo lo que esté a nuestro alcance. Cada cierto tiempo, no obstante, se nos recuerda nuestra arrogancia e insignificancia. Como en el críptico mensaje del padre a su hijo, en la penitencia errante buscando el sur, lo importante es “mantener el fuego”. Esa llama interior es la que permite levantarse, caminar, en este caso en la obra y en la realidad, sobre un mundo gris que se descompone.
Escribía McCarthy:
"Siempre es mucho tiempo. Pero el chico sabía lo que el sabía. Que siempre es un abrir y un cerrar los ojos".
"... vio la verdad absoluta del mundo. El frío y despiadado girar de la tierra infestada. Oscuridad implacable. Los perros ciegos del sol en su carrera. El aplastante vacío del universo. Y en alguna parte dos animales perseguidos temblando como zorros escondidos en su madriguera. Tiempo prestado, mundo prestado y ojos prestados con que llorarlo”.
Primero el libro, y luego la película que, aunque fiel a la novela, pierde la tensión y la energía que transmite McCarthy en su texto.
Palabra Perdida