Ser o no monárquico

Bien pudiera parecer que para aquéllos que justificaban al rey Juan Carlos de Borbón como pieza clave respecto en la transición democrática de éste, ahora creyeran que no tiene razón de ser el seguir apoyando a Felipe VI como cabeza de una monarquía considerada por muchos obsoleta, anticuada y discordante con la manera de concebir la actual política y mentalidad progre del siglo XXI.

    22 ago 2014 / 17:07 H.

    Sin embargo, cabría preguntarse si nuestra monarquía es esa forma de gobierno tan ineficaz como anacrónica o, precisamente, lo primero como causa de lo segundo, tal y como podría pensar ese sector de nuestra sociedad española al que nos venimos refiriendo. Si el lector o lectora de estas líneas se quedase con lo meramente anecdótico del significado que encierra el concepto de monarquía, relacionándolo casi con los cuentos de hadas que nos relataban de pequeños, muchos llegarían a una conclusión superficial, pero yo invito a ir mucho más allá, sin negarnos a extraer de nuestra sapiencia de pueblo con solera, de sangres derramadas desde antes del Cid, nuestro particular revulsivo como acicate contra aquello que nos resulte inconveniente pero sin perder la perspectiva de la realidad que estamos viviendo en nuestro particular reino de Taifas. Frente a tal situación política que venimos padeciendo, considero con honestidad que la antorcha recogida por Felipe VI, con renovados aires y con proyección de futuro, es la opción más plausible para evitar la división y fragmentación de una nación única que siempre ha sido el territorio español, variopinta y heterogénea en costumbres milenarias aunque de idiosincrasia propia y única. Muchos son los catalane/as, y los vasco/as, y los gallego/as, y los andaluce/as, y los extremeño/as y los riojano/as… que se sienten lo que realmente son: Españoles, regidos todos por una constitución adelantada en su tiempo y que junto a la monarquía, desde mi humilde punto de vista —insisto—, dan unidad a un territorio con forma de piel de toro. Hacer desaparecer a la monarquía sería lo mismo que deshacernos del clavillo de un gallardo abanico, se desmoronaría cada una de las varillas que lo conforman y le otorgan entidad.