San Lucas cuelga el cartel de 'no hay billetes'

Javier Esturillo /Jaén
Impresionante. Ni los más viejos del lugar recuerdan un fin de semana con tanta afluencia de público en la Feria de San Lucas. En el recinto no cabía ni un alfiler. Familias enteras y grupos de amigos abarrotaron las casetas en una jornada en la que el buen tiempo fue otra vez la nota más destacada.  'El mejor arranque de feria del último lustro'.

    17 oct 2011 / 10:22 H.

     Esta afirmación del hermano mayor de la Santa Cena, Francisco García, resume el espectacular ambiente que se vivió ayer en el “Alfonso Sánchez Herrera”. Un domingo propicio para que las familias y los amigos aprovecharan para disfrutar del aperitivo, la comida, el café y la copa. El día transcurrió, como es tradicional, cerca de los fogones. Desde el mediodía, y a pesar del calor reinante, la portada del ferial fue testigo de las idas y venidas de jiennenses y visitantes, que intentaban localizar la caseta elegida para almorzar. Una vez allí, llegó el turno de elegir las viandas para degustar. Como platos estrella, la paella, las papas a lo pobre, los pinchos, los calamares y el jamón.
    El olor a sofrito y a carne asada hacían la boca agua. Para acompañar la comida o simplemente para calmar la sed, nada mejor que la cerveza o el refresco de cualquier tipo, aunque lo ideal era mezclarlo con manzanilla para disfrutar del rebujito, una bebida que a más de treinta y cinco grados al sol “sienta de maravilla”.
    Y es que el calor fue sofocante, más propio de agosto que de mediados de octubre. “Llevo puesta la ropa de verano. Me sobra todo. Mi amiga me había dicho que por San Lucas hace fresco y suele llover, pero nada de eso. Menudas temperaturas”, decía Rosa María Pulido, una joven de Granada que daba el último sorbo a la copa antes de coger el autobús que la llevaría de regreso a la ciudad de la Alhambra.
    Ayer, a determinadas horas, sobre todo de la tarde, las calles del ferial estaban intransitables. Las más llenas, como es lógico, aquellas donde se ubican las casetas de marcha. Al ritmo de rumba, sevillanas y música disco, los jiennenses movían el esqueleto sin pudor ni descanso. “Un día es un día. Ya pensaré mañana en la hipoteca y en buscar trabajo”, exclama Roberto Díaz llegado a la capital desde tierras manchegas. Será por las ganas de olvidar la crisis y porque, simplemente, solo se vive una vez, pero lo cierto es que las cajas de las casetas echaron humo este fin de semana. “La verdad es que no nos podemos quejar. Ya quisiéramos que toda la semana fuera igual”, apunta Antonio Carrillo, hermano mayor de la Borriquilla. Bien es cierto, que ahora no es como antes. Ya no se llena el ojo antes que la tripa. “La gente suele pedir un par de raciones. Si están satisfechos no piden más. La verdad es que ya no es como antes que pedían platos y platos de jamón, queso y otros productos”, añade Antonio Carrillo.